LUCES Y SOMBRAS DEL “MÉTODO STANISLAVSKI”

Konstantin Stanislavski, el origen de todo

Konstantin Stanislavski, nacido Konstantin Serguéievich Alekséyev en el Moscú de 1863, es una figura capital para las escuelas de interpretación de medio mundo. No en vano, actores de la talla de Marlon Brando o Robert De Niro le deben una gran parte del éxito de sus carreras. Stanislavski, dramaturgo a las órdenes del Teatro de Arte de Moscú, desarrolló una pedagogía de actuación (“el sistema Stanislavski”) a finales del siglo XIX-principios del XX que acabaría difundiéndose a escala planetaria. La verdad es que, en origen,  se trataba de un método contradictorio y poco sistemático, aplicándose en numerosas ocasiones según la interpretación del dramaturgo que lo ejecutase en su obra. Pero, ¿en qué consiste realmente este sistema?

Para empezar, Stanislavski pensaba que los actores no tenían que interpretar simplemente un papel, sino que debían meterse completamente en el personaje. Para ello, la “memoria sensorial o afectiva” jugaba un papel capital. Es decir, si un actor debía de interpretar una escena en la que, por ejemplo, su personaje sufre gran dolor, era conveniente que el propio artista recordara un momento de su vida real en el que pudiera haber experimentado una sensación similar con el objetivo de hacer más creíble su papel. Otros aspectos, como la improvisación o el respeto a los silencios también estaban a la orden del día.

Lee Strasberg, el discípulo

Sin embargo, la llegada de este sistema al mundo del cine se produjo fundamentalmente gracias a la labor de Lee Strasberg, un inmigrante austro-húngaro en Estados Unidos que tomó contacto con el sistema del pedagogo ruso en el American Laboratory Theatre en 1923. De hecho, Strasberg tuvo la oportunidad de ver en directo al propio Stanislavski. A partir de las enseñanzas adquiridas, Lee comenzó a desarrollar su particular “Método”, el cual ya tenía muy en cuenta la relajación, la concentración y la memoria afectiva como elementos claves. Tras ensayar lo aprendido en el Group Thetare, una asociación que Strasberg fundó junto a Harold Clurman y Cheryl Crawford (con la participación de Elia Kazan o Robert Lewis), el “Método” alcanzó su punto más alto en 1951 con la fundación del Actor’s Studio por parte de los citados Kazan, Lewis y Crawford. Esta escuela de interpretación intentó inculcarles a sus alumnos las doctrinas de Strasberg (y por ende las de Stanislavski) y, a la luz de la camada de actores que surgieron, su éxito fue rotundo. Marlon Brando, James Dean, Montgomery Clift, Steve McQueen, Jack Nicholson, Robert De Niro, Dustin Hoffman, Paul Newman, Al Pacino, Harvey Keitel,… la lista es casi interminable. Strasberg, que pasó de ser un invitado en algunos clases al único profesor del Actor’s Studio, veía como su sistema de interpretación estaba en la boca de todo el mundo, tanto por su aplicación en las obras de Broadway como sobre todo en el cine de Hollywood.

Paul Newman, alumno aventajado del Actor’s Studio

Aunque este método parece funcionar en pantalla (a nadie le vamos a descubrir ahora las maravillas de Brando en, por ejemplo, “Un tranvía llamado deseo”) también ha recibido ciertas críticas. El propio Stanislavski, según las malas lenguas, llegó a sorprenderse de que su sistema se hubiera implantado en USA. Sin embargo, el ejemplo más claro es el de famosa frase de Laurence Olivier a Dustin Hoffman, compañeros en el film “Marathon man”, de “¿Por qué no pruebas simplemente a actuar?”. Hoffman, actor del “Método”, se había pasado varias noches sin dormir con el fin de parecer cansado en pantalla, algo que Olivier, actor de formación clásica, no entendía. Sin duda alguna son dos formas de ver ese oficio que es el de actuar, pero… ¿dónde está el límite? ¿A la hora de recrear un personaje con verosimilitud está todo permitido?

Hablar del “Método” es hablar de Marlon Brando

Poniendo un símil con la vida del estudiante, Olivier se hubiera contentado con aprenderse estrictamente el contenido del examen y luego sacar un 10, mientras que Hoffman hubiera preferido estudiar lo necesario y además buscar información complementaria (para sacar un sobresaliente igual). Desde mi punto de vista ambas formas son correctas, pero en la segunda se tiene un riesgo mayor de caer en la pedantería. Hay que recordar que el actor actúa, es sólo un trabajo, no la vida real. Es importante remarcar esto último porque hay ciertos actores que cayeron en depresiones por “meterse tanto en su papel”, por “vivirlo”. Es decir, el intérprete, después de hacer su rol, vuelve a su casa con sus problemas, no es su personaje. Vamos, faltaría más que Christopher Walken, un trastornado jugador de la ruleta rusa en Vietnam para la película “El cazador” se pusiera a recrear su papel en la intimidad, y ya no hablemos de los personajes de Nicholson. Eso sí, Marilyn Monroe, por ejemplo, sufrió una neurosis por culpa del método de Strasberg, quien, por otra parte, fue acusado de tirano.

Cabe decir que personalmente no tengo ninguna queja del trabajo en pantalla de los actores del “Método” (ya me gustaría que todas las interpretaciones fuesen como las de De Niro en “Toro salvaje” o Brando en “El padrino”, faltaría más), sino que en ocasiones cuestiono  la propia eficacia del sistema sobre la psicología de los actores. Maquiavelo decía que “el fin justifica los medios”, frase que Strasberg debía de compartir completamente. Que cada uno saque sus conclusiones. Philippe Gaulier, clown francés y fundador de una escuela de actuación en Londres y París, ya sacó las suyas: “¿Cómo se llamaba ese idiota? Stanislavski, un tipo que ha aburrido a los rusos durante tanto tiempo… Ha convertido a los directores de escena en curas, que dicen: tú ahora debes sufrir, llorar como llorabas en el entierro de tu madre, acuérdate de tu madre. ¡Esto es terrorismo y es lo que gusta a muchos profesores de teatro! Es una mierda, pero una mierda así de grande”. Claro y conciso.

Dustin Hoffman y Laurence Olivier… “¿Por qué no prueba a actuar?”

De todas formas, estas doctrinas siguen teniendo una importancia capital en el mundo del teatro y del cine. No sabemos de quién se acordaría Strasberg, pero el “gurú de la actuación moderna” también probó suerte delante de las cámaras en “El padrino II” entre otras. Coppola le convenció, y Lee se llevó una nominación al Óscar, ahí es nada. En la actualidad, el Actor’s Studio está dirigido por Ellen Burstyn, Harvey Keitel  y Al Pacino tras la aportaciones de Lee Strasberg (murió en 1982) y su hija Susan (fallecida en 1999). Sean Penn o Kevin Spacey despuntan en la actualidad como algunos de sus alumnos más aventajados (la escuela tiene 900 miembros vitalicios hoy en día, los cuales no tiene que pagar ni un dólar).

Con este artículo lo que he pretendido es descubrir un poco más el “Método” para aquellos que no tenían una idea clara sobre el mismo. Recordar que es un sistema que puede suscitar polémica en cuanto a su forma de operar con los actores, pero que ofrece unos resultados muy “naturales”, muy “reales”. Y todo ello “desde Rusia con amor”.

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¿QUÉ HACE UNA ESTRELLA COMO YO EN UNA PELÍCULA COMO ÉSTA?

Actores como Marlon Brando, Katharine Hepburn o John Wayne han ido acumulando a lo largo de su carrera un buen puñado de obras maestras y clásicos cinematográficos instantáneos. Sin embargo, también han ofrecido ciertas interpretaciones un tanto extravagantes y fuera de lugar. ¿Brando haciendo de japonés? ¿Angelina Jolie y Colin Farrell madre e hijo? A lo largo de este artículo voy a intentar reseñar algunos de los errores de cast más sonados de varios de los intérpretes más famosos del mundo del cine:

MARLON BRANDO

Marlon Brando en “Candy”

Un Marlon Brando muy alejado de sus grandes interpretaciones

La película, considerada como uno de los peores films de la historia, trataba el sexo de forma satírica a través de su protagonista, la bella Candy (interpretada por una Miss Suecia adolescente), una chica sexy y dudosamente ingenua. En “Candy”, Brando interpreta al maestro Grindi, un gurú que no deja de hablar del “yo interior” y de “la búsqueda mística de lo inmutable”. La cinta se haya plagada de diálogos sin sentido como “Debemos encontrar ahora el lugar donde reside lo inmutable”, a lo que Candy replica “¿Te refieres a mis pulmones?”.  Sin embargo, no sólo Brando se expone al más absoluto ridículo con esta cinta, ya que actores de la talla de Richard Burton, Walter Matthau, James Coburn o el director John Huston se prestaron a participar en esta disparata producción. Las malas lenguas dicen que el rodaje de la cinta quedó marcado por la abundante droga que empezaba a extenderse durante los 60’s. Viendo el resultado final pudo haber ocurrido cualquier cosa.

Aquí os dejo el (extravagante) trailer. Atentos a Brando:

Marlon Brando en “La casa de té de la luna de agosto”

¿Marlon Brando haciendo de japonés?

En ciertas ocasiones, Hollywood, desoyendo al resto del mundo, ha intentado levantar producciones ambientadas en países extranjeros con un reparto enteramente norteamericano. La obra de teatro de John Patrick “La casa de té de la luna de agosto” fue un éxito espectacular en el año 1953. Ganó el Pulitzer, el Tony o el Premio de los Críticos Teatrales de Nueva York, además de mantenerse en cartel durante dos años y medio. Su argumento planteaba, en clave cómica, la ocupación estadounidense en la ciudad de Okinawa durante la posguerra. En su trasvase a la gran pantalla, la Metro-Goldwyn-Mayer quería a una estrella japonesa para el papel protagonista, el de un traductor local al servicio de un capitán americano que ha sido asignado a un pueblecito de Okinawa para instruir a los aldeanos en la democracia mientras sus hombres construyen una nueva escuela. Como la MGM interpretó que ningún actor nipón era lo suficientemente conocido (¿y Toshiro Mifune?) contrataron a Marlon Brando para darle la réplica a Glenn Ford. Brando, en su desmesurado afán por convertirse en el “mejor actor de todos los tiempos”, ya había expresado su intención de hacer de un oriental, por lo que aceptó rápidamente. Para dar el pego, el actor de Nebraska aprendió el idioma fonéticamente (sin saber lo que decía), se pasaba el día encorvado y se alargó la cara. Aunque no todas las críticas fueron negativas (¡fue nominado al Globo de Oro!), el propio Brando reconoció años después que “Mi esperpéntica presencia en esta película no fue más que una pobre decisión de casting”.

No voy a hacer más sangre, pero Brando, que por otra parte me parece uno de los mejores actores de la historia, también tiene otros “puntos negros” en su carrera como “La isla del doctor Moreau” o “Cristóbal Colón: el descubrimiento”.

JOHN WAYNE

John Wayne en “El conquistador de Mongolia”

¿De verdad John Wayne se veía en el papel de Ghenghis Khan?

En esta cinta producida por Howard Hughes, John Wayne, encasillado para siempre en el género western, cambió sorprendentemente de registro e interpretó, con más pena que gloria, a Gengis Khan. Dick Powell, el director, confiaba en que la Fox le prestase a Brando para actuar en el film, pero Marlon estaba ocupado haciendo de Napoleón en “Desiree”. Así las cosas, Wayne se hizo con el papel. El film se rodó en localizaciones cercanas a St. George en el desierto de Utah, no muy lejos del lugar donde el ejército USA realizaba pruebas nucleares durante los 50’s. Si bien el equipo era consciente de estas prácticas (hay fotos de Wayne sosteniendo un Contador Geiger durante el rodaje), la relación entre la exposición al polvo radiactivo y el cáncer no estaba bien estudiada por aquel entonces. ¿El resultado? Muchos actores murieron de cáncer (Hayward, Wayne y Moorehead a mediados de los 70’s) y el director Powell poco después de haber terminado la película.

En cuanto al recorrido comercial del film, la cinta resultó ser tan fallida que el propio Howard Hughes compró todas las copias del film a un precio de 12 millones para que nadie pudiese ver semejante esperpento. De hecho, no fue hasta 1974 cuando fue transmitida por televisión.

John Wayne en “La historia más grande jamás contada”

John Wayne haciendo de centurión romano

“La historia más grande jamás contada” es el ejemplo perfecto de película que intenta contratar al mayor número de estrellas posibles (aunque no tengan nada que ver con sus personajes) con el fin de llenar las salas de cine. John Wayne, como estrella que era,  no podía quedarse sin salir esta cinta, la cual pretendía ser el film definitivo sobre los últimos días de Cristo. Aunque la película en sí no es mala, revistas como “Los Angeles Magazine” le echaron en cara que fuese una sucesión constante de caras conocidas. El propio Wayne interpretó a uno de los  centuriones romanos que acompaña a Cristo durante el calvario. Sin embargo, el “héroe americano” no podía salir en pantalla fustigando al Señor, por lo que se limita a acompañarlo pacíficamente. Por supuesto, Wayne se queda al margen una vez llega el momento de la crucifixión, faltaría más. Cuando Jesús muere, el actor de Iowa suelta una frase lapidaria: “No cabe duda, este hombre era el hijo de Dios”. Nada que ver con “La Pasión de Cristo” de Mel Gibson.

KATHARINE HEPBURN

Katharine Hepburn en “Estirpe de dragón”

Otra gran estrella de Hollywood haciéndose pasar por oriental

La ganadora de cuatro Óscars Katharine Hepburn (todo un récord) decidió demostrar su calidad interpretativa en esta cinta sobre la invasión japonesa de China durante 1937 y su desastroso impacto en una familia agraria. Lo que no sabía es que acabaría convirtiéndose en uno de los puntos negros de su carrera. Hepburn se llegó a estirar los ojos con escamas de pescado para parecer una oriental, aunque, eso sí, no se molestó en ocultar su acento de Connecticut. Aunque la cinta posee momentos de gran fuerza, especialmente en lo referido a la descripción visceral de las atrocidades cometidas durante la guerra (se muestra una de las primeras violaciones en pantalla, además de imágenes de gente peleándose por el cadáver de un perro) el reparto es, cuanto menos, desacertado. Hepburn se rodea de intérpretes como Walter Huston (¿hay alguien más americano que él?), Turnham Bey (un austriaco de ascendencia turco-checoslovaca) y Henry Travers para dar vida a una familia china. Increíble. Además, los hijos de las varias parejas que aparecen en pantalla sí que son auténticos niños asiáticos pero, como no se parecen a sus padres, dan la sensación de ser adoptados. De chiste.

PAUL NEWMAN

Paul Newman en “El cáliz de plata”

Paul Newman en la, según él, “peor película de los 50’s”

Seguramente el propio actor estaría de acuerdo en incluirse en esta desafortunada lista, ya que como declaró años después del estreno del film, “El cáliz de plata fue la peor película de la década de los 50’s”. De hecho, Newman estuvo a punto de dejar la profesión de actor sólo por su actuación en esta cinta, la cual cuenta la historia de Basil, un joven escultor griego que se libera de la esclavitud y que confecciona el cáliz del que Cristo va a beber en la Última Cena. Los compañeros de reparto tampoco parecen elevar el nivel de la película: Jack Palance hace de un mago enloquecido que acaba tirándose desde lo alto del Coliseo romano para probar sus poderes, mientras que Lorne Greene interpreta a un San Pedro que, viendo su forma de actuar, bien podría ser Dios. Lo más gracioso es que la productora lanzó el film con el siguiente eslogan: “La más espectacular historia de verdad y tentaciones jamás producida”.

YUL BRYNNER y TONY CURTIS

Yul Brynner y Tony Curtis en “Taras Bulba”

¿De verdad dan el pego Yul Brynner y Tony Curtis como padre e hijo en “Taras Bulba”?

“Taras Bulba”, adaptación hollywoodiense de una célebre novela del escritor ruso Nikolai Gogol, tuvo en los papeles protagonista a Yul Brynner y Tony Curtis…. ¡como padre e hijo! El film, que eliminó casi todos los pasajes del libro en los que se mostraban los conflictos internos de los personajes en pos de una mayor espectacularidad, trata sobre las disputas entre polacos y cosacos en las estepas ucranianas durante el siglo XVI. Yul Brynner (nacido Yuli Borisovich Bryner), daba el pego como bárbaro cosaco al haber nacido en Vladivostok, ¿pero Curtis? Su acento  del Bronx neoyorkino, el cual no intentó ni ocultar, es uno de los grandes fallos del film, además de que sólo tenía 10 años menos que Brynner, un margen muy escaso para dar el pego en sus roles de hijo y padre. Por último, cabe recordar que Yul Brynner padecía de alopecia, mientras que Curtis era considerado uno de los actores más atractivos de Hollywood  gracias a, entre otras cosas, un frondoso cabello y unos rasgos típicamente americanos. No hay más que decir.

COLIN FARRELL y ANGELINA JOLIE

Colin Farrell y Angelina Jolie en “Alejandro Magno”

¿Madre e hijo?

Dejando de lado otros aspectos fallidos del film, como la forma en la que el director Oliver Stone trató la homosexualidad de un personaje histórico como es Alejandro Magno (las relaciones entre hombres no eran extrañas en la antigua Grecia, pero el film las convierte en el principal tema de conversación) Colin Farrel y Angelina Jolie en sus roles de hijo y madre no resultan nada creíbles. La principal razón es que Jolie sólo tiene un año más que Farrell en la vida real (29 y 28 años respectivamente cuando rodaron el film), además de que no hace ningún esfuerzo por aparentar una mayor edad. De hecho, parecen hasta amantes al juntarse en pantalla, de ahí que frases como “¿A quién voy a acunar ahora por las noches?” que le dice Jolie a Farrell suene cuanto menos ridícula.

RICHARD BURTON

Richard Burton en “El asesinato de Trotsky”

Richard Burton fue un imposible Trotsky

Leon Trotsky, sucesor natural al frente de la URSS tras Lenin, fue apartado del poder por Stalin. Tras ser expulsado del Partido Comunista en 1927 y desterrado del país en 1929, fue finalmente asesinado en 1940 por el español Ramón Mercador en México. Este material tan jugoso no se le podía escapar a Hollywood, aunque el proyecto fue mal desde el principio. Para empezar, el encargado del guión fue Nicholas Mosley, hijo del célebre fascista Sir Oswald Mosley. Una elección un poco extraña teniendo en cuenta que se trataba de contar la vida de un comunista. Aunque Dick Bogarde fue el primer candidato para hacerse con el papel, éste fue finalmente a parar a manos de Richard Burton. El actor galés adelgazó más de 15 kilos (aún así necesitó corsés) para preparar el personaje, además de ponerse una barba de dudosa credibilidad. La carrera comercial del film fue fatal, siendo abucheada en multitud de cines alrededor del mundo.

Aunque hay muchos otros ejemplos de intérpretes que se pusieron en evidencia con sus incomprensibles participaciones en películas en las que para nada encajaban, creo que con esta lista bastará para haceros una idea de que incluso los más grandes siempre tienen un mal día.

Fuente: “¿Qué hace una estrella como yo en una película como ésta?” de Luis Miguel Carmona, T&B EDITORIAL

NO TODOS LOS “REMAKES” FUERON TAN MALOS

Se conoce como “remake” a las nuevas versiones cinematográficas que se realizan de películas ya existentes (para el presente artículo voy a obviar las adaptaciones realizadas de series de TV, tele-films o similares). El primero del que se tiene noticia data de 1904 y es “The great train robbery”, producido por la compañía Lubin, una nueva versión (prácticamente idéntica) del gran éxito rodado sólo seis meses antes por Edwin S. Porter, “Asalto y robo de un tren”.

Personalmente no estoy a favor de que se realicen este tipo de “adaptaciones” o “nuevas versiones” (eufemísticamente hablando), ya que se tiende a caer en una espiral de mediocridad y copia que puede llegar a acabar con la originalidad. Más o menos es lo que está ocurriendo en el Hollywood actual, donde la alarmante falta de ideas lleva a adaptar todo tipo de éxitos extranjeros, como es el caso de “Millenium”, “La cena de los idiotas” o infinidad de productos asiáticos, amén de los propios clásicos norteamericanos (la copia plano por plano que Gus Van Sant realizó del film de Hitchcock “Psicosis” en 1998 da buena fe de este tipo de prácticas). Sin embargo, cada cierto tiempo aparecen “remakes” que responden a las expectativas generadas y que, en determinados casos, pueden llegar a superar el material original. ¿Sabían que Al Pacino no fue el primer Tony Montana del séptimo arte? ¿Y que “Ben-Hur”, ganadora de la friolera de 11 Óscars, es un “remake”? Veamos cuáles son aquellas adaptaciones o nuevas versiones que sorprendieron a propios y extraños:

La carrera de cuadrigas en la versión de 1925 y en la de 1959

Ya que he citado el film de William Wyler “Ben-Hur”, me decido a comenzar hablando de esta mastodóntica producción de 1959 que, a pesar del paso de los años, sigue manteniendo el récord de premios Óscar recibidos (honor compartido con “Titanic” y “El señor de los anillos III”, todas ellas con 11 estatuillas). Este péplum, que narra la vida de Judá Ben-Hur, hijo de una familia noble de Jerusalén durante los reinados de los emperadores romanos Augusto y Tiberio, se basa a su vez en un film homónimo de 1926. En aquella cinta el protagonismo recaía en Ramón Navarro en vez de en Charlton Heston, mientras que Messala, amigo y posterior rival de Ben-Hur, era interpretado por Francis X. Bushman (en la versión de 1959 es Stephen Boyd quien interpreta dicho papel). El film de los años 20, considerada la película en blanco y negro (y muda) más espectacular de cuantas se han rodado, fue dirigida por Fred Niblo y se basó en la novela del General Lew Wallace “Ben-Hur”. A modo de curiosidad, cabe decir que también tiene su particular escena de cuadrigas. Por último, es preciso señalar que aún existe un “Ben-Hur” anterior producido por Kalem Pictures, el cual data de 1907, aunque Wyler tuvo en cuenta el film de 1926 para desarrollar su versión de la historia y no esta película desconocida de principios de siglo.

“Los diez mandamientos”: tanto la versión en blanco y negro y muda como la de 1956 están dirigidas por Cecil B. DeMille

Siguiendo con la filmografía de Charlton Heston, observamos que otro de sus films más famosos, “Los diez mandamientos” (1956), también es un “remake”. Lo más curioso de esta película bíblica es que su director Cecil B. DeMille también dirigió la versión anterior en blanco y negro, la cual data de 1923 (y por tanto muda). Las siete nominaciones al Óscar y el premio a los mejores efectos especiales (amén de un reparto formado, además de por Heston,  por estrellas de la talla de Yul Brynner, Edward G. Robinson o Yvonne De Carlo) confirman el mayor éxito de la versión de 1956, un clásico instantáneo.

Claudette Colbert hizo de Cleopatra, pero los espectadores siempre recordarán a Elizabeth Taylor

Sin dejar atrás el género histórico, cabe hablar de “Cleopatra” (1963), una de las películas más conocidas del cine a la par que accidentada.  Si la versión de los 60’s la dirigió Joseph L. Mankiewicz, el film original (de igual nombre), de 1934, contó con la dirección de Cecil B. DeMille, anteriormente citado y maestro en producciones de estas características. En la versión muda, la Reina de Egipto contó con los rasgos de Claudette Colbert, pero quién puede olvidar a la Elizabeth Taylor del film de Mankiewicz. Sin embargo, estas actrices no son las únicas que han dado vida a Cleopatra, si no que la lista es bastante amplia: Florence Lawrence (1908), Helen Gardner (1912), Giovanna Terribili Gonzales (Italia, 1913), Lydia Borelli (Italia, 1913) o Theda Bara (1917) en la época del cine silente, o intérpretes de la talla de Vivien Leigh (“César y Cleopatra”) o Sofia Loren (“Las noches de Cleopatra”) con la llegada del sonido hicieron lo propio.

Paul Muni o Al Pacino: ambos son “Scarface”

Dejando de lado las películas “de romanos”, cabe decir que el “remake” es una práctica que afecta prácticamente a todos los géneros cinematográficos. Dentro del cine “de mafiosos”, el ejemplo más famoso es sin duda alguna “Scarface” o “El precio del poder” (dirigido por Brian De Palma), película de 1983 que adapta el film de Howard Hawks “Scarface, el terror del hampa” (1932). Sin embargo, las comparaciones no son tan odiosas entre estos films debido a los cambios que introduce el film de De Palma: traslada la vida del gángster italoamericano Tony Camonte de la “Gran Depresión” a los años 80’s, al tiempo que le cambian la nacionalidad a cubano. Eso sí, la violencia que destila el personaje de Pacino choca con el carácter infantil de la actuación de Paul Muni (también eran otros tiempos) en la versión de principios de los 30’s, todo un clásico por otra parte.

Scorsese tuvo que “remakear” una película de Hong Kong para ganar su primer Óscar

Los “remakes” nombrados demuestran que hasta los grandes directores se prestan a adaptar obras anteriores, y si no que se lo digan a Scorsese: el director de Little Italy ganó su primer (y único por ahora) Óscar por el film “Infiltrados” (2006), una nueva versión de la película de Hong Kong “Infernal Affairs” (2002).

Robert Mitchum hizo un Max Cady excelente, pero la interpretción de De Niro ha pasado a los anales del cine

Tampoco hay que olvidarse de De Niro y su escena del “abogado” en “El cabo del miedo” (1991), historia rodada anteriormente en 1961 por J. Lee Thompson con Gregory Peck en el papel de Nick Nolte y Robert Mitchum haciendo de Max Cady (curiosamente, Scorsese los consiguió fichar para su particular versión de la historia, aunque cambiando los papeles: el que hacía de malo ayuda al bueno y viceversa). Para acabar con Scorsese, cabe decir que “La edad de la inocencia” (1993) también es una adaptación de los films homónimos de 1924 y 1934, aunque sin duda alguna es la versión de Martin la que más se recuerda.

El cine musical también ha sido producto de “remakes” (algunos de ellos desconocidos por el gran público). “Sonrisas y lágrimas” (1965), mítica película sobre la familia Trapp ganadora de 5 Óscar tuvo dos precedentes alemanes, “Die Trapp Familie” (1956) y “Die Trapp familia in Amerika” (1958). Lógicamente la versión USA se basa en el film del 56, ya que el siguiente narra el periplo de los Trapp por Estados Unidos. Otros films como “My fair lady” o “Gigi” adaptan versiones musicales, pero no constituyen “remakes” de films ya existentes.

La obra maestra de Murnau y la versión de Herzog, dos exponentes del cine alemán. Todo queda en casa.

Las películas de terror también son muy dadas al “remake” aunque, a diferencia de otros géneros, pocas veces suele salir bien la jugada. El film de Werner Herzog “Nosferatu” (1978), con Klaus Kinski e Isabelle Adjani es una digna versión de la obra maestra homónima de Murnau, con Max Schreck en el papel protagonista y filmada en 1922. Dejando de lado el terror puro y duro, los “thrillers” y cintas de suspense también han sido muy “remakeadas”, y si no que se lo digan a Hitchcock, quien rodó la versión USA de sus éxitos “british” “El hombre que sabía demasiado” (película de 1956 que añadió a la versión de 1934 el Technicolor y la canción de Doris Day “Qué será, será”) y “39 escalones” (de 1959, basada en la cinta homónima de 1935).

El “Rat Pack” de Sinatra y la “cuadrilla” de amigos de Clooney: ambos son los “Ocean’s eleven”

El género de aventuras también hace uso de estas prácticas, con films como “Rebelión a bordo”(1961), con Marlon Brando a la cabeza y que “remakea” la versión de 1935 con Clark Gable, la cual ganó el Óscar a mejor película, o “The italian job” (2003), que versiona el film de 1969 “Un trabajo en Italia”, con carrera de “minis” incluida. Tampoco me podía dejar en el tintero “Ocean’s eleven”, film que George Clooney, Brad Pitt y compañía llevaron a cabo en el 2001… copiando a Frank Sinatra y el “Rat Pack”, el “grupo de colegas” por excelencia durante los años 60’s, quienes hicieron “La cuadrilla de los once” (1960).

Por último, cabe decir que también existen determinados “remakes” rodeados de polémica. “El cartero siempre llama dos veces” (1981) versiona el clásico de Tay Garnett de 1946. Sin embargo, mientras que la versión de los 40’s es casta y pura, Jack Nicholson y Jessica Lange, quienes protagonizan la nueva versión, debieron de hacer el amor realmente para rodar ciertas escenas, conque figúrense. Por unas cosas o por otras, la versión de los 80’s será más recordada. Lo mismo cabe decir de “Las amistades peligrosas” (1988), film mucho más libertino que la original cinta francesa, “Relaciones peligrosas”, de 1959.

“El cartero siempre llama dos veces”: una versión más puritana y la otra más desenfrenada

En definitiva, no siempre los “remakes” son sinónimo de “copia barata” o “productos de serie B” visto lo visto, aunque la proporción de cintas de calidad o que superen las versiones originales, pese a quien le pese, no es tan abundante. La falta de ideas, la necesidad de actualizar historias que se han quedado anticuadas, el ganar dinero vendiendo un material ya conocido por el público,… son razones que influyen en el rodaje de los “remakes”, aunque, personalmente, prefiero las historias originales y diferentes. Eso sí, si las nuevas versiones alcanzan el nivel de los films aquí reseñados por mi perfecto, aunque es más complicado de lo que parece.

FAMOSOS POR UN DÍA: Malcolm McDowell, el Alex DeLarge de “La naranja mecánica”

Con esta entrada pretendo iniciar un ciclo en el que hablar de actores/actrices que rozaron el estrellato gracias a una sola película (o un número reducido de films), volviendo rápidamente a rodar producciones de serie B o cayendo directamente en el olvido. El primero de esta retrospectiva, por ser el ejemplo más claro, es Malcolm McDowell, el Alex DeLarge de “La naranja mecánica”.

Malcolm McDowell

Este actor de Yorkshire, nacido Malcolm John Taylor, comenzó su carrera sirviendo copas en el pub de sus padres para pasar posteriormente a vender café. Tras realizar diversos trabajos como actor en series televisivas, debutó finalmente en la gran pantalla con la película “If…” en 1968 (sus escenas en el film “Poor Cow”, del 67, fueron finalmente eliminadas). La cinta se alzó con la Palma de Oro en el festival de Cannes, además de convertirse en uno de los films-referencia del cine británico de los 60-70 (lo que se conoce como el Free Cinema). Eso sí, fue criticado por su “violencia inusitada para la época”, aunque nadie imaginaba el revuelo que se iba a armar con sus siguientes films.

Alex y la “ultraviolencia”

Este debut hacia presagiar una brillante carrera del joven McDowell, sobre todo cuando tres años después Stanley Kubrick le llamó para protagonizar su particular adaptación de la novela de Anthony Burguess “La naranja mecánica” (habiendo protagonizado sólo dos films más, “Caza humana” y “The raging Moon”, totalmente intrascendentes). Su actuación en la película fue tan impresionante (sólo hace falta ver la cultura popular que se ha formado en torno a “La naranja mecánica”), que McDowell nunca pudo sobreponerse a tal éxito. Durante mucho tiempo el público no fue capaz de separar el personaje de Alex de su persona, de ahí que no encajara en los diversos papeles que interpretó. En otras palabras, hablamos del típico ejemplo de actor excesivamente encasillado por una actuación (como casi le ocurre a Sean Connery con su James Bond). Eso sí, tampoco le faltó nunca trabajo. De hecho, volvió a trabajar con Lindsay Anderson, realizador de “If…”, en la película “Un hombre de suerte”. También apareció en “Calígula”, film que muchos consideran su hecatombe artística definitiva debido al revuelo que generaron sus escenas de sexo explícito. Fue tan criticado por ellas que llegó a calificarse de película pornográfica, tema todavía tabú en 1979.

McDowell como Calígula

Esta cinta sobre el César más impopular de Roma puede que sea su otra “gran polémica” dejando de lado el film de Kubrick, aunque sin alcanzar el nivel de “La naranja mecánica” en lo que a calidad cinematográfica se refiere. De hecho, ni siquiera se acercó. Dicho esto, ¿merece la pena sacrificar toda una carrera artística (en el buen sentido de la palabra) por conseguir un papel tan jugoso como el de Alex en “La naranja mecánica”? Las respuestas serían muy variadas sin duda, pero como reconocía Malcolm en una entrevista que le realizó el diario “El País”, crearon un mito, algo que solo está al alcance de unos pocos. “Cuando rodábamos teníamos conciencia de que hacíamos algo bueno, pero nunca imaginé que marcaría un hito”, en palabras del propio actor. También tiene comentarios para Kubrick, cuyo carácter meticuloso ha criticado en varias ocasiones. Según McDowell, era un excelente director (no cabe duda), pero, aunque resulte paradójico, no sabía dirigir a los actores. Cuando le preguntaba algo a Kubrick, éste siempre le respondía “yo no soy de la escuela de arte dramático”, a lo que McDowell replicaba “¿ves lo que pone aquí?, director S. Kubrick”.

Kubrick y McDowell en el set de “La naranja mecánica”

Dejando de lado los “rifirrafes” entre actor-realizador (el ingenuo Malcolm creía que después de “La naranja mecánica” le uniría con Kubrick una relación como la que mantenía con Lindsay Anderson, hecho que hubiese cambiado seguramente su carrera), McDowell tuvo que seguir adelante con su vida. “Star Trek VII”, “El juego de Hollywood” (film de Robert Altman en el que se interpreta a sí mismo), “The passage”, “Asesinato en Beverly Hills” o la recientemente oscarizada “The Artist” (tampoco hay que engañarse, ya que los minutos durante los que sale en pantalla pueden contarse con los dedos de la mano) jalonan su currículum. Viendo su filmografía, su inclusión dentro de esta retrospectiva de “estrellas por un día” queda claramente justificada. De hecho, su carrera reciente está básicamente marcado por los productos de serie B o directamente estrenados en videoclub.

En lo que se refiere a su vida privada, Malcolm estuvo casado con Margot Bennett desde 1975 a 1980, contrayendo matrimonio posteriormente con Mary Steenburgen, con quien rodó “Los pasajeros del tiempo” (ganadora de un Óscar por “Mevin y Howard” y mítica mujer de Doc en “Regreso al futuro III”). Tras divorciarse en 1990, Malcolm volvió a casarse (por tercera y última vez) con Kelley Kuhr, con quien tiene tres hijos en común (a los que hay que sumarle los dos que tuvo con Steenburger).

Alex DeLarge, el personaje que siempre ha marcado a McDowell

En definitiva, y dejando de lado éxitos/polémicas como “If…” o “Calígula”, la figura de Malcolm McDowell dentro del cine se puede reducir a su Alex de “La naranja mecánica”. Sin embargo, ser conocido por una de las mejores películas de la historia, que llegó a ser prohibida en el reino Unido por “violenta y subversiva” (sobre todo después de que bandas de jóvenes recrearan las escenas del film en la vida real), que ha sido homenajeada-parodiada por personalidades tan dispares como Madonna, David Bowie o Matt Groening en “Los Simpsons” y que se adelantó probablemente treinta años a su estreno (si no más),…. no está nada mal, ¿no?

CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA: Los cines Renoir echan el cierre en Zaragoza y en Palma de Mallorca

¿Lo rentable es lo único que vale la pena?

Tal y como explicaron en su comunicado de prensa del día 26 de abril de 2012, los cines Renoir cierran tanto en Zaragoza como en Palma de Mallorca debido a diversos factores, entre los que se encuentran “el descenso de los espectadores, la competencia del cine comercial y una estrategia comercial deficitaria”. Los cines Renoir Audiorama de Zaragoza presentaron un ERE de extinción para toda la plantilla, formada por un total de 7 personas. Los Renoir Palma han tenido que seguir el mismo camino. Según comunicaron los propietarios de esta cadena de salas a través de diversos medios, entre los que se encuentra Twitter, “lamentan que aquellos amantes del buen cine que acudían semana tras semana a las proyecciones se hayan visto privados de estas propuestas cinematográficas más alternativas”. Sin embargo, han querido despedirse de una forma digna y conservando el respeto ganado con los años, “sin deber dinero a la seguridad social, a los trabajadores y a los proveedores”. Ocho años de pérdidas son insostenibles, le pese a quien le pese. A modo de apunte, sabed que las últimas proyecciones se llevarán a cabo el 10 de mayo.

Cines Renoir Audiorama, Zaragoza

Personalmente, es una noticia que me afecta de forma más o menos directa, ya que los Renoir Audiorama de Zaragoza eran unos cines que solía frecuentar con asiduidad, la mayor parte de las ocasiones junto a mi padre. Es una pena que en la quinta ciudad de España no se puedan mantener este tipo de actividades artísticas y más alternativas. Aquí vuelve a entrar el debate de si vale la pena subvencionar eventos que generan un gran valor añadido cultural, como es el caso, a sabiendas de que van a tener pérdidas.

Indiganción vía Twitter

Si no fuera por estas salas (hablo del caso de Zaragoza ya que es el que conozco de primera mano) no habría tenido acceso a ciertos productos fílmicos de gran calidad y que con el tiempo me han marcado como aficionado al cine. En los Renoir he visto cintas como “La vida de los otros”, “Babel”, “Pozos de ambición”, “Into the wild”, “The visitor” o “El secreto de sus ojos”. He disfrutado con Polanski, Aronofsky, Woody Allen o los hermanos Coen. He pagado por ver cine argentino, alemán, español o italiano. Como ya ocurriera con los cines Buñuel, primero, y los Goya, después, (y otros muchos que conocí poco, como el Mola, o a los que directamente no tuve la oportunidad de ir, como el Fleta), los films de arte y ensayo ven peligrar su sitio en la capital aragonesa. Ya se están tomando  ciertas medidas con el fin de evitar que este tipo de hechos sigan ocurriendo: UGT Aragón plantea crear una Plataforma en Defensa de la Cultura para proteger a los trabajadores de este tipo de actividades culturales.

Un paso atrás para la cultura

La cadena de cines Renoir España, gestionada por Alta Films, tenía salas en seis puntos del territorio nacional: Madrid, Barcelona, Palma, Zaragoza, Guadalajara y Tenerife. Ofrecían (y seguirán ofreciendo en aquellos puntos en los que sigue habiendo demanda) un cine diferente alejado de los cánones comerciales: películas asiáticas, latinoamericanas, europeas,… y en V.O.S.E. Parece que en los tiempos que corren se prima lo práctico y lo productivo frente a actividades minoritarias. Soy consciente del gran coste que supone pagar una entrada de cine hoy en día, pero no puedo hacer otra cosa que lamentarme.

Lamentación en las redes sociales

Eso sí, siempre recordaré esas estupendas tardes con mi padre, socio desde hace poco del Renoir, en las que, durante una hora y media, nos olvidábamos de todo lo que pasaba en el mundo para disfrutar de lo que yo llamo “verdadero cine”. Aún nos quedan las salas Elíseos o el Aragonia, de gustos más mayoritarios pero con proyecciones en versión original. Sin embargo, perdemos los que considero los mejores cines de la ciudad.

He escrito esta entrada a modo de crónica pero ha terminado por ser una especie de elegía. Gracias por todo. Como diría George Clooney, buenas noches y buena suerte (cinta que curiosamente también vi en los Renoir). Chapó.

Alea iacta est

Una nueva aventura

Llevaba tiempo queriendo hacer un blog donde ir publicando noticias, críticas, reportajes y todo tipo de información relacionada con el cine, mi gran pasión. Aunque me he creado varios blogs a lo largo de mi vida, éste espero que sea el definitivo y en el que escriba, con la regularidad que me sea posible, acerca de todos aquellos temas relacionados con el séptimo arte que me interesen en cada momento. Puede que este post de presentación suene a una declaración de intenciones pero es que, en definitiva, pretende serlo. Sin más dilación, me embarco en esta aventura. A ver que sale de todo esto.