#4) STEVE McQUEEN: THE KING OF COOL

McQueen en “Junior Bonner”

El fin de un mito

La carrera y la vida de McQueen se encontraban estancadas por completo. La taquilla y la crítica le daban la espalda en lo cinematográfico mientras su matrimonio se hundía. En ese punto sin aparente retorno aparecieron Barbra Streisand, Sidney Poitier y Paul Newman, quienes le ofrecieron formar una nueva productora, First Artist Productions, una compañía formada por actores al estilo de la United Artist de Chaplin, Griffith y compañía. Además, Steve se embarcó, en calidad de productor ejecutivo, en la financiación de un documental sobre motociclismo, “On any Sunday”, que funcionó bastante bien en las carteleras. Este “éxito”, que llegó a ser nominado al Óscar, compensó en parte a McQueen por el sonado fracaso de “Las 24 horas de Le Mans”, el film del que más esperaba Steve y uno de los que peor acogida tuvo.

Steve, MacGraw y Peckinpah, los artífices de “La huida”, obra maestra de “encargo”

Sin embargo, aún faltaba un buen tramo por recorrer para volver a llegar a la cima de nuevo. El siguiente paso que dio Steve fue embarcarse en un proyecto sobre un “rey del rodeo” fracasado que iba a dirigir Sam Peckinpah. El siempre polémico director, que a punto estuvo de dirigirle en “El rey del juego”, le brindó una gran oportunidad de lucirse interpretativamente en dicho film, que a la postre se titularía “Junior Bonner”. De hecho, críticos como Carlos Boyero consideran esta cinta como la mejor de Steve, gracias sobre todo a la gran habilidad de Peckinpah a la hora de construir personajes masculinos. Eso sí, el público volvió a darle la espalda a McQueen. Sin desanimarse, Steve volvió a colaborar con Peckinpah en “La huida”, una película cien por cien Peckinpah: tiros, sangre y una mujer de por medio.

Steve daría vida a un ex convicto que tiene que atracar un banco junto a su esposa para devolverle el favor al mafioso local que le sacó de prisión. Eso sí, todo se complicará irremediablemente. La actriz encargada de dar vida a la mujer de Steve fue Ali MacGraw, una estrella en alza gracias al film “Love story”. Además era la mujer de Robert Evans, mandamás de la Paramount. Tiempo le faltó a Steve para conquistarla, sobre todo sabiendo que estaba casada. Motivación añadida. Frases como “Ali tiene el mejor culo que he visto nunca” muestran el interés que Steve tuvo en la actriz. MacGraw contaba que “quedó impresionada la primera vez que vio a McQueen en Bullitt”. El romance saltó en seguida a los tabloides y el resto es historia. Ali se divorció el 7 de junio de 1973, casándose con Steve, libre y sin compromiso tras haber dejado a Neile, el 12 de julio. El resto del rodaje tampoco resultó fácil, con botellas volando por doquier y amenazas de la Mafia. “La huida”, una obra maestra en toda regla, se benefició de los chismorreos de la prensa rosa y acabó convirtiéndose en un éxito rotundo, de los mayores taquillazos de Steve. Volvía  a estar en la cresta de la ola.

McQueen como Henri Charriere “Papillon”, quizá la mejor interpretación de su carrera

El siguiente paso de McQueen no pudo ser más acertado, aceptando la propuesta de interpretar a Henri Charriere, un convicto francés encerrado en la Guayana, en la cinta “Papillon”, basada en la obra autobiográfica del mismo nombre. Steve era el actor mejor pagado del mundo, pero aún así se sentía inseguro. No iba a dejarse pisar por nadie. Dustin Hoffman, su compañero de reparto, le provocaba desconfianza. Steve no entendía cómo un tipo tan enclenque como Hoffman podía haberse convertido en una estrella internacional gracias a “El graduado”. No tardaron en saltar chispas en el rodaje, sobre todo cuando McQueen expulsó a unos amigos de Dustin del set. A modo de curiosidad, cabe destacar que las primeras escenas están rodadas en Hondarribia, Euskadi.

“Papillon” resultó un éxito rotundo, recaudando 53 millones sólo en Estados Unidos, siendo nominada a un Óscar (Jerry Goldsmith por la banda sonora) y aupando a sus protagonistas a la cumbre absoluta. El único pero es que Charriere, quien visitó el rodaje, no pudo contemplar la adaptación cinematográfica de su vida al morir poco antes de estrenarse el film. Steve no fue considerado para el Óscar (las malas lenguas dicen que por el escándalo MacGraw), pero sin duda alguna nos encontramos ante la mejor interpretación de su carrera. Lo reconoció hasta Hoffman.

A pesar de que el éxito le sonreía a Steve, su vida privada volvía a ser un desastre. Las peleas (físicas incluidas) con Ali eran frecuentes, con algunos días en los que ni siquiera se hablaban. McQueen había caído en el alcohol y en las drogas, empezando a engordar de forma increíble. Steve era un chico tosco, de la calle, mientras que Ali era una mujer culta y refinada. No había por donde coger a la pareja. Además, Steve obligó a MacGraw a dejar su carrera por él, obligándole a relacionarse sólo con sus amigos. Podríamos decir que Steve mató a Ali. Por el contrario, McQueen era un padre de matrícula, por lo que solían decir sus hijos y amigos. No trataba nada bien a las mujeres (se negó pagarle un aborto a su novia de los 50’s), pero sus hijos, Chad y Terry, eran lo máximo para él. Eso sí, su relación con ellos siempre resultó muy peculiar. Por poner un ejemplo, Chad compartía el jacuzzi con su padre y un grupo de modelos cuando tenía 17 años, mientras bebían cerveza y fumaban marihuana.

McQueen y Newman, máximos rivales, compartiendo cartel en “El coloso en llamas”

En 1974, el estrellato de McQueen llegó a su cénit. Ese mismo año protagonizó junto a Paul Newman, su rival de toda la vida, “El coloso en llamas”, cinta del popular “género de catástrofes”. El film recaudó 116 millones de dólares en todo el mundo, convirtiéndose en la cinta más taquillera de Steve, quien consiguió aparecer primero en los títulos de crédito. Lo había conseguido, había superado a Newman, por lo menos en lo que a popularidad se refiere. Toda una carrera, que había comenzado como extra a la sombra de Paul en “Marcado por el odio”, daba sus frutos. A partir de este momento, Steve se relajó, se dejó llevar. Ya no le quedaba nada más por hacer en la vida. Se centró en su familia, los coches y los vicios.

Un irreconocible McQueen en “Un enemigo del pueblo”

Sin embargo, la First Artist le reclamaba dos películas más. La primera de ellas, “Un enemigo del pueblo”, era una versión muy arriesgada de la obra de Henrik Ibsen del siglo XIX. El film era únicamente diálogo, en un intento de Steve por demostrarles a todos que no sólo era bueno en cintas de acción. Su actuación fue muy loable, siendo admirada por varios críticos. Sin embargo, el film desapareció de las carteleras en una sola semana. Hoy en día sigue sin estar editada en DVD. Un fracaso rotundo, pero a Steve le daba igual. Había demostrado lo que quería. La siguiente película que le debía al estudio fue “Tom Horn”, un western crepuscular en el que hizo de todo: actuar, producir, elegir las localizaciones,..  A punto estuvo de dirigirla, pero la Directors Guild se lo impidió. Aunque no fue un gran éxito, su amigo James Coburn reconoció que “Tom Horn fue su mejor película”. “Si Steve crece algún día será un buen actor. Y al final lo afrontó. Comprendió algo sobre sí mismo, y también sobre la muerte, porque creo que él sabía que se estaba muriendo” añadió Coburn. Y era verdad.

Un tocado Steve McQueen en su última intervención cinematográfica: “Cazador a sueldo”

En 1979 le diagnosticaron un cáncer de pulmón a Steve. El amianto de la Marina, de los coches, el tabaco, la marihuana,… todo sumaba. Durante el rodaje de “La huida” tuvieron que parar la producción porque Steve tenía pólipos en la garganta. En “El coloso en llamas” también se le ve cansado. Llegó a caminar con bastón, dejarse el pelo largo y dejar de hacer deporte. Sus días estaban contados. Tras dejar a Ali, McQueen pasó sus últimos meses junto a una modelo, Barbara Minty, que vio en la “Vogue”. Se casaron poco después de conocerse. “Ella realmente le amaba”, llegó a decir Chad. Puede que Steve también. McQueen le dijo a Barbara que “si quería pasar un mes genial y luego morir o intentar curarse”. Su mujer eligió lo segundo. Steve, asustado, acudió al ortodoncista William D. Kelley, repudiado médico afincado en México. Durante sus últimos días llegó a pesar poco más de cuarenta kilos, acompañado por un dolor inaguantable. Su último film, rodado antes de que se complicara su delicada salud, “Cazador a sueldo”, fue su último suspiro en el cine. McQueen se encontraba desubicado, se sentía parte del pasado. La película pasó sin pena ni gloria por las pantallas, pero Steve tenía otras preocupaciones. En sus últimos meses de vida abrazó la religión. Su luz se apagó definitivamente el 7 de noviembre de 1980 en Ciudad Juárez, México, a la temprana edad de 50 años. Dicen que sus últimas palabras fueron en castellano. Puras conjeturas.

Steve con el último amor de su vida, Barbara Minty

 Lo importante es su legado, su leyenda. Aún no ha nacido un actor como McQueen. El hombre que se alegró por la muerte de James Dean (un competidor menos) fue único. Vivió de forma intensa, deprisa, y dejó huella. Más allá de su desastrosa vida privada o sus censurables vicios, Steve terminó siendo el icono de toda una generación. El salto en moto en “La gran evasión”, la persecución de “Bullitt”, la partida final de “El rey del juego”, su porte en “La huida”, su esfuerzo interpretativo en “Papillon”,…  Siempre nos quedará el McQueen del celuloide, y no lo digo porque sea mi actor favorito, pero ver a Steve en pantalla siempre es un privilegio.

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#3) STEVE McQUEEN: THE KING OF COOL

El rey de los 60’s: del éxito fulgurante al fracaso de “Las 24 horas de Le Mans”

El siguiente trabajo de McQueen tras el éxito de “El rey del juego” fue el eficaz western “Nevada Smith”, cinta dirigida por el especialista en el género Henry Hathaway. La película, sin llegar a ser una obra redonda, tuvo una buena acogida por parte del público. El film cuenta la historia de Max Sand, un pobre muchacho que recorrerá un largo camino en busca de los asesinos de sus padres (Karl Malden, Martin Landau y Arthur Kennedy). La cinta, narrada en clave de road-movie, se ve lastrada en ciertos momentos por un problema de raíz: McQueen, con 36 años, no da el pego como el joven Max. Sin embargo, el porte y la mirada de Steve contribuyen y mucho a solucionar dicha cuestión.

McQueen fotografiado en la intimidad

En 1966 McQueen ya era considerado una gran estrella, pero le faltaba una cosa: el respeto de los críticos. Todos estaban de acuerdo en que era un intérprete solvente, especialmente en cintas de acción o de vaqueros, pero que carecía de la profundidad dramática de actores como Paul Newman. En realidad el reconocimiento académico no le quitaba el sueño a Steve. Él estaba más preocupado en mejorar cada día como piloto de coches, motos o todo vehículo que funcionase. Su verdadera pasión era la velocidad. De hecho, son numerosas las veces en las que las productoras de cine para las que trabajaba le hacían firmar contratos prohibiéndole correr durante los rodajes, porque lo de Steve no era conducir, si no vivir al límite constantemente. Amigos suyos como el actor Robert Vaughn llegaron a reconocer que el ir en un coche con McQueen era un peligro. “En una ocasión habíamos estado en una carrera en California, en la que la compañía de seguros le había prohibido correr. Después de que sus hormonas hubiesen sido estimuladas, volvimos a casa en un Jaguar descapotable. Estaba lloviendo, pero íbamos tan rápido que ni siquiera nos mojamos. Tuve que sentarme en la mesa de la cocina de su mujer y beberme media botella de whisky en tres segundos para volver a la normalidad” comentó Vaughn. Las carreras de McQueen por el desierto de Mojave eran muy frecuentes, acompañadas por el posterior consumo de marihuana, eso sí. De hecho, Steve acabó inscribiendo a sus dos hijos en carreras de motos, además de atesorar una colección envidiable de automóviles antiguos en su casa. Genio y figura.

“El Yang-Tsé en llamas”, el único film por el que Steve fue nominado al Óscar

A la hora de embarcarse en un nuevo proyecto, Steve se puso serio y aceptó la propuesta de Robert Wise, director de clásicos como “West Side Story” o “Sonrisas y lágrimas”, de irse a rodar a Taiwán una historia ambientada en la convulsa China de comienzos del siglo XX. A fin de cuentas, Wise fue el director que le dio su primera oportunidad en “Marcado por el odio”, aunque fuera en calidad de extra. Esa película acabó llamándose “El Yang-Tsé en llamas”, y el resto es historia. El film, de 182 minutos de duración, terminó siendo una gran epopeya nominada a 9 Óscars, uno de ellos para Steve. No se llevó el gato al agua (en esa edición la estatuilla fue para Paul Scofield por interpretar a Thomas Moro en la cinta “Un hombre para la eternidad”, a la postre la gran vencedora del año) pero por lo menos le dio a Steve el respaldo crítico que le faltaba. Además, en ella interpreta a un mecánico naval de la Armada americana, el ingeniero Jake Holman, gran amante de las máquinas, lo que le venía a Steve como anillo al dedo. Los meses que duró el rodaje en Taiwán se los pasó corriendo en moto y trabando amistad con los especialistas, con lo que no se podía quejar de nada.

McQueen y Dunaway, los dos grandes atractivos de “El caso de Thomas Crown”

Su siguiente trabajo, sin embargo, supuso un cambio radical en su carrera. McQueen era un chico de la calle, abandonado y rebelde, como todos sus personajes. Con el fin de cambiar de registro decidió presentarse ante Norman Jewison, director suyo en “El rey del juego” y pedirle interpretar el personaje principal de la nueva película que tenía entre manos: “El caso de Thomas Crown”. Jewison le llamó loco, al igual que su mujer Neile, ya que el personaje al que aspiraba interpretar Steve, Thomas Crown, era un multimillonario refinado y con estudios. Como dijo Norman, un “Sean Conney”. Steve no tenía ni idea de hablar en público ni de modales, pero su insistencia fue tal que se hizo con el papel.

El multimillonario Thomas Crown, todo lo contrario a Steve

La cinta cuenta la historia del citado multimillonario, quien roba uno de sus propios bancos para estafar al seguro. Los problemas llegarán cuando la agencia de seguros decida enviar a una detective, Faye Dunaway, a investigar lo ocurrido. Los juegos de seducción fuera de la pantalla entre la pareja protagonista son ya conocidos por todos, al igual que en toda producción en la que figurara Steve. Lo peor es que Neile lo sabía, pero soportaba la situación por sus hijos. Como marido, tal y como reconoció la mujer de McQueen, “fue un desastre, pero como padre no había otro mejor que él”. Steve siempre fue un hombre difícil, inseguro de sí mismo, violento y misógino. Sus iras y peleas han pasado ya a la historia, incentivadas quizá por su oscuro pasado.

“El caso de Thomas Crown”, con sus innovadores títulos de crédito iniciales en los que se hace uso de la multipantalla (Jewison los observó por primera vez en un festival en Canadá), escenas como la sensual partida de ajedrez o la memorable canción “The windmills of your mind” se convirtió en una nuevo éxito rotundo. De hecho, Steve llegó a ser el actor más popular en un mercado tan complicado como el asiático. Este taquillazo le permitió formar su propia productora, Solar Productions. El primer proyecto de la misma, respaldado por la Warner, fue “Bullitt”, magistral cinta policíaca que inauguró una moda por el género con miles de imitaciones baratas y obras tan loables como “French Connection” o “Harry el sucio” (películas que McQueen rechazó para no quedar encasillado en el género).

McQueen y Bisset, compañeros de reparto en “Bullitt”

El film es un ejercicio de estilo increíble, que atrapa al espectador de principio a fin. Ciertos críticos tratan de desprestigiar la cinta argumentando que posee una trama muy confusa y que lo único potable del film es la archiconocida carrera de coches por las calles de San Francisco, algo que no puede estar más lejos de la realidad. “Bullitt” fue un punto de inflexión en el cine policíaco y en la forma de rodar escenas de acción. Si a eso le sumamos un reparto de lujo con caras como las de Jacqueline Bisset, Robert Vaughn o Don Gordon ya no se puede pedir más.

Mítica imagen de McQueen en “Bullitt”

A modo de curiosidad, cabe recordad que la escena de la persecución no fue rodada por McQueen, si no por Bud Elkins, el famoso especialista de “La gran evasión”. McQueen se enfadó con la productora al enterarse de que se la habían jugado: habían citado a Steve una hora después de que comenzara el rodaje del día para que no tuviera la tentación de montarse en el Mustang y rodar la escena. Elkins ya había bordado su trabajo para cuando McQueen llegó al set. Steve, cuando se percató de la popularidad de la secuencia tras el estreno del film, telefoneó a Elkins diciéndole “ya me lo has vuelto a hacer. Primero en La gran evasión y ahora en Bullitt. Lo peor es que la gente piensa que yo grabé las escenas”.

Eso sí, Steve, fiel a su estilo, no paró de volver locos a todos durante la filmación. Era el actor mejor pagado del momento pero sus exigencias rozaban lo excéntrico: facturas de cuarenta pares de Levi’s, trescientos jerseys, carreras ilegales, consumo abusivo de drogas (peyote, marihuana, cocaína, ácido,…), sexo constante con cualquier mujer,… Más tarde se descubrió que la ropa iba destinada al colegio en el que estuvo internado cuando era un joven problemático, el Boys Republic, pero la forma de jugarse la vida no tenía nada de infundado. Hasta Neile se tuvo que acercar por San Francisco ante los rumores de que su marido volvía a hacer de las suyas con los coches.

“Las 24 horas de Le Mans”, un fracaso que dejó muy tocado a Steve

La carrera de McQueen comenzó a estancarse tras el gran éxito de “Bullitt”. Steve empezó a volverse paranoico tras el asesinato de Sharon Tate, mujer de Polanski, a manos del grupo satánico de Charles Manson. ¿La razón? Steve había sido invitado esa noche a casa de Tate, rechazando la oferta en el último segundo. Empezó a salir por la calle con arma. Para complicar más las cosas, acabó por mandar a la quiebra a Solar Productions tras obsesionarse en rodar la “película definitiva” sobre carreras de coches. “Las 24 horas de Le Mans”, el proyecto que Steve tenía entre manos, debía de rodarse en Francia bajo la dirección de Sturges. Sin embargo, acabó siendo realizada por el desconocido Lee H. Katzin. Sturges se marchó del plató gritando “¡Soy demasiado viejo y demasiado rico para esta mierda!”. La cinta fue un fracaso estrepitoso, lo cual le dolió en el alma a McQueen, gran apasionado del motor. “Los rateros”, película que el actor rodó con anterioridad, también resultó un fiasco a pesar del respaldo crítico.

Además, su relación con Neile se fue a pique. Aunque llevaba años acostándose con muchas mujeres, Steve reventó cuando Neile le confesó (a punta de pistola y tras una paliza, eso sí) que le había engañado con Maximilian Schell. Meses más tarde, Steve la obligó a abortar argumentando que el hijo no era suyo. Su consejera matrimonial le dijo a Neile que pidiese el divorcio o acabaría muerta. La vida y la carrera de McQueen estaban en la cuerda floja.

#2) STEVE McQUEEN: THE KING OF COOL

2) La consagración: de “La gran evasión” a la popularidad absoluta

Steve McQueen estaba en la cresta de la ola. Sólo le quedaba cosechar otro gran éxito para empezar a forjarse un nombre a nivel mundial. Entre 1960 y 1963 rodó tres films más: “Zafarrancho en el casino”, “Comando” y “El amante de la muerte”. El primer film es una comedia ligera en la que Steve planea hacer saltar la banca del casino de Venecia con un súper ordenador de la Marina americana, mientras que las otras dos cintas son dos películas bélicas que pasaron sin pena ni gloria por las pantallas estadounidenses.

McQueen visto por William Claxton

El éxito que McQueen esperaba se llamaba “La gran evasión”, posiblemente su film más popular. Sturges le confió el papel de Virgil Hilts, un prisionero americano que intentará escapar por todos los medios del campo de concentración nazi en el que le han internado. ¿El problema? El personaje de Steve carecía del peso suficiente dentro de la historia. Tras la escena inicial, por poner un ejemplo, Hilts desaparecía de la pantalla durante media hora. McQueen, consciente de su situación, llegó a abandonar el rodaje durante dos semanas, y eso que se encontraban filmando en plena Baviera, Alemania. Steve llegó a llamar a su representante, Stan Kamen, diciéndole que “James Garner controlaba la película. Esta cinta le va a lanzar a él al estrellato, no a mí”. Se llegó a contrata a un guionista más, James Clavell, para que retocara la historia. El rodaje se alargó de los 85 días previstos a doscientos. Sin duda alguna, el momento culmen del film es la carrera en motocicleta en la que McQueen es perseguido por las tropas alemanas en su camino a la Suiza libre. La secuencia, rodada por y a mayor gloria de Steve, no figuraba en el guión inicial. Una nueva concesión a la estrella de la película. Sin embargo, cabe recordar que el memorable salto que Hilts realiza con la moto no fue realizado por McQueen, si no por un especialista en escenas de acción y amigo de Steve, Bud Elkins, que viajó desde California a Múnich exclusivamente para rodar la citada toma. Bud declaró años después que aquel trabajo le “hizo famoso, no rico. Era la primera película que hacía y para mí significó el principio de una carrera. El día en que rodamos el salto estábamos McQueen, el de los efectos especiales, un piloto de motocross australiano y yo”.

“Esos rumores de que McQueen intentó hacer el salto él mismo son falsos. Él hizo de peón, se pasó el día cavando en la ladera de la montaña para hacerme una rampa. La escena de la moto fue enteramente idea de Steve, era una escena totalmente inventada. Pero provocó muchísimas discusiones entre él y el director y los guionistas. La cosa llegó a un punto tal que pensaron en despedirle” añadió. El film recaudó 16 millones de dólares, convirtiendo a Steve en todo un referente mundial. Llegó a ser premiado en el festival de Moscú, en una época en la que el mundo se encontraba totalmente polarizado entre los capitalistas y los comunistas. Para más información sobre “La gran evasión” podéis acceder a este artículo de “Érase una vez el cine” en el que se analiza pormenorizadamente el film.

McQueen y su “acosadora” compañera de reparto, Natalie Wood, en “Amores con un extraño”

Sin embargo, las siguientes cintas de Steve no estuvieron a la altura de las expectativas creadas: “Compañeros de armas y puñetazos”, comedia protagonizada junto a Jackie Gleason, resultó ser una cinta confusa, mientras que “Amores con un extraño” y “La última tentativa”, aunque interesantes, no llegaron a calar entre los espectadores. De todas formas, Neile, la mujer de Steve, llegó a afirmar que el mejor papel de su marido fue el del músico bohemio que deja embarazada a una joven de origen italiano en la citada “Amores con un extraño”. Según ella, mostraba al Steve “vulnerable”. Eso sí, McQueen permaneció impertérrito ante el acoso de su compañera de reparto, Natalie Woods, quien no tenía otra idea en mente que la de llevárselo a la cama. Lo único que detuvo a Steve no fue el hecho de que estuviera casado (eso nunca era un problema para él), sino la amistad que le unía con Robert Wagner, ex marido de Natalie y compañero de reparto de Steve en “El abrazo de la muerte”.

McQueen con Lee Remick en “La última tentativa”

La recuperación de McQueen llegó con “El rey del juego”, cinta ambientada en Nueva Orleans y en la que Steve da vida a “Cincinnati Kid”, un maestro en el arte de jugar al póker que deberá enfrentarse al mejor jugador del mundo, Lancey Howard (Edward G. Robinson). La película iba a ser dirigida en un primer momento por el siempre polémico y violento Sam Peckinpah, pero la productora acabó parándole los pies vistas sus intenciones de darle un “tono más oscuro” a la historia (Peckinpah tenía pensado incluir varis escenas de sexo, además de contratar a Sharon Tate para el film y rodarla en blanco y negro). Finalmente, “El rey del juego” fue dirigido por el siempre eficiente Norman Jewison (“El violinista en el tejado”, “Jesucristo Superstar”,…), Tate fue sustituida por la bella pero psicológicamente inestable Tuesday Weld y Edward G. Robinson entró en el proyecto ante el abandono de Spencer Tracy. McQueen, que recibió veinticinco mil dólares en metálico de la productora para que no abandonase la producción visto el caos dominante en el rodaje, se sentía toda una estrella. El propio Jewison le tuvo recordar varias veces que “a parte de ti hay muchas otras grandes estrellas en el reparto”. Tras normalizarse la situación, McQueen volvió de su momentáneo retiro en Las Vegas (ciudad donde se gastó todo el dinero recibido de la productora en marihuana y mujeres) con el fin de rodar, de una vez por todas, “El rey del juego”. Jewison le prometió que el público le alabaría por este film. Para Steve eso no era suficiente, por lo que la productora tuvo que darle un bonus por haber sido tan paciente y una enorme mesa de billar.

McQueen y Robinson, grandes rivales dentro y fuera del plató

Tras diez meses de parón, se volvió a escuchar “acción” en el plató de “El rey del juego”. Norman Jewison declaró que “Edward G. Robinson tenía la mejor colección de arte de todo Hollywood y hablaba cuatro idiomas”, mientras que “Steve disfrutaba desmontando el motor de su coche”. Eran dos personalidades contrarias, lo cual le iba muy bien al film, ya que eran rivales. “McQueen no era lo que podríamos llamar un hombre generoso. Francamente, era un tacaño. Cuando Steve se iba del set por la noche siempre pedía a alguien cinco pavos para gasolina que nunca volvíamos a ver… Era igual de tacaño como persona que como actor. Tenía ese hábito de mirar al suelo entre tomas. Entonces, a la voz de acción, levantaba los hombros, con esa expresión animal, listo para atacarte. Fascinante” apuntilló Jewison.

McQueen es “El rey del juego”

La cinta resultó todo un éxito. Recaudó más de diez millones de dólares, inaugurando una racha triunfal en la carrera de Steve que le haría figurar como una de las 10 estrellas más taquilleras durante diez años seguidos. Era el primero de cinco éxitos internacionales seguidos. La nota negativa la puso el fallecimiento de su madre por una hemorragia cerebral el día del estreno de “El rey del juego”. McQueen llegó al hospital a la mañana siguiente pero su madre no recuperaría ya la conciencia.

#1) STEVE McQUEEN: THE KING OF COOL

1) Los inicios: de una infancia dura al éxito de “Los siete magníficos”

“Nunca he sabido si McQueen era un gran actor, pero tengo claro que llenaba la pantalla y que yo pagaba por verle”. Esta frase, pronunciada por el crítico de cine Carlos Boyero, se ajusta perfectamente a lo que fue Steve McQueen para el mundo el cine. Un mito, un icono. “The King of Cool”.

Steve McQueen, “The King of Cool”

Nacido Terence Stephen McQueen el 24 de marzo de 1930 en un suburbio de Mineápolis, concretamente en Beech Grove (Indiana, USA), el futuro actor tuvo una infancia marcada por la dureza y el abandono. Huérfano de padre, persona a quien jamás conoció, se crió junto a su alcohólica e inmadura madre. Con tres años se trasladó momentáneamente a Missouri junto a su tío mientras su madre probaba fortuna en Los Angeles. Disléxico y sordo de un oído, McQueen pronto se dio a la delincuencia juvenil. Vista su conducta, a los 14 años fue enviado a un colegio para chicos difíciles, el Junior Boy’s Republic de la localidad de Chino. Se fugó y volvió al reformatorio dos veces. En 1946, con 16 años, volvió a vivir junto a su madre, quien se había comprado un piso con su nuevo novio en Nueva York. La experiencia resultó fallida y Steve acabó por encontrar trabajo como grumete, fugándose finalmente del carguero donde trabajaba cuando atracó en la República Dominicana. Se pasó dos meses ejerciendo de chico de las toallas en un hotel-burdel. Tras conseguir el dinero suficiente para poder pagarse el viaje de vuelta a los Estados Unidos, Steve se pegó todo un año de trabajo en trabajo: obrero en los campos de petróleo de Texas, leñador en Canadá, empleado de una feria ambulante… Finalmente ingresó en el cuerpo de Marines del ejército americano. Su carrera militar duró tres años, tiempo suficiente para cometer todo tipo de tropelías y escándalos. A modo de curiosidad, cabe destacar que la temprana muerte de McQueen (a los 50 años) se debió principalmente al amianto inhalado durante su estancia en el cuerpo.

Steve McQueen, visto por el fotógrafo William Claxton

Tras licenciarse como Marine, Steve se dio unas buenas vacaciones en Myrtle Beach rodeado de mujeres, alcohol y fiesta. Cuando se le acabó el dinero no tuvo otro remedio que volver a Nueva York. McQueen consiguió comprarse un piso en Greenwich Village, pagando el alquiler a base de pequeños trabajos. La futura superestrella no tenía ni agua corriente en casa.  Tras meditar seriamente qué hacer con su vida, Steve, aconsejado por una de sus novias de aquella época, se metió a aprender interpretación en la Neighborhood Playhouse. McQueen se tomó muy en serio el mundillo de la interpretación. Era lo primero que le había importado en su vida. De allí pasó a conseguir una plaza en el Uta Hagen-Herbert Berghof Dramatic School de Manhattan, y finalmente, dio el salto al mítico Actor’s studio. Steve consiguió su primer papel en Broadway en 1956, sustituyendo a Ben Gazzara en la obra a “A Hatful of Rain”. Sin embargo, lo mejor que le pasó a McQueen en aquella época fue conocer a la que sería su primera mujer, Neile Adams, cantante y bailarina en alza. Con ella tendría dos hijos, Chad y Terry. Gracias a Neile Steve conseguiría además a su primer manager, Hillard Elkins, con quien no congenió en un principio.

Steve McQueen en su primer film, “Marcado por el odio”

Tras trasladarse a California y casarse en 1956, Steve consiguió su primer “papel” en el cine: una aparición de apenas unos segundos en la cinta “Marcado por el odio”, protagonizada por la estrella emergente Paul Newman. Desde entonces, la relación entre McQueen y Newman se caracterizó por la competitividad y la envidia. En su primera película, Paul era el protagonista indiscutible y él un mero extra. Se juró a sí mismo que lo acabaría superando. Lo conseguiría dos décadas después en “El coloso en llamas”.

Tras aparecer en la serie “Trackdown” (1958), Steve fue contratado para protagonizar su continuación: “Wanted: Dead or Alive”. Dicho papel le auparía a la popularidad, pero lo que de verdad deseaba McQueen era triunfar en el cine. Tras protagonizar varias cintas de serie B, como “Never love a stranger”, “The Blob” o “Asalto al banco de St. Louis”, el director John Sturges le cambió la vida. Primero le contrató para que interpretase un papel secundario en la película “Cuando hierve la sangre”, film rodado a mayor gloria de Frank Sinatra. La segunda cinta que protagonizó Steve a las órdenes de Sturges fue “Los siete magníficos”, clave en su camino hacia el éxito. Su tercera, “La gran evasión”, lo convertiría ya en una estrella en toda regla.

El western “Los siete magníficos”, remake de la magnífica cinta de Akira Kurosawa “Los siete samuráis”, puede que se trate de una de las películas en las que mejor puede observarse cómo un secundario le roba el protagonismo a la estrella del film. Yul Brynner, actor totalmente consagrado y con un Óscar en el bolsillo, nunca vio con buenos ojos la habilidad que Steve tenía para atraer la atención de la cámara. Era un “roba planos” de libro. Lo mejor es que el resto de actores del reparto se dieron cuenta de las artimañas de Steve y no se les ocurrió mejor idea que imitarle. McQueen sabía que su papel en la película era la gran oportunidad que había esperado todos esos años y no la iba a desaprovechar. De hecho, llegó a fingir un accidente de coche para que la productora Four Stars, quien financiaba la serie “Wanted”,  le diera vía libre.

“Los siete magníficos” con McQueen y Brynner en en centro

Rodada en Cuernavaca, un pueblecito mexicano, el rodaje  de “Los siete magníficos” pronto se convertiría en un campo de batalla. En la escena en la que los siete vaqueros del título tienen que atravesar un riachuelo, con Brynner a la cabeza, Steve se agachó a recoger un poco de agua con el sombrero mientras la cámara le grababa. Charles Bronson, otro intérprete del film, siguió el ejemplo de McQueen y comenzó a desabrocharse la camisa. Brynner se quedó de piedra. Según el director, McQueen se pasó todo el rodaje “cazando moscas”, “moviendo el sombrero” y haciendo todo tipo de trucos con el fin de llamar la atención del espectador. De hecho, se llegó a aislar del resto del reparto. Nada de hacer amigos, había que superarles. Steve se entretuvo durante el rodaje fumando marihuana mexicana, corrigiendo sus diálogos del guión y recibiendo visitas de su mujer.

Steve y Neile

Brynner, al ver que McQueen le comía terreno, intentó atraer la atención sobre su persona quitándose el sombrero en una escena. Su calva consiguió que Steve no le robara ese plano. Sin embargo, McQueen se la devolvió poco después: como Yul era más bajo que Steve, se hizo un montoncito de tierra en una secuencia para elevar su altura. McQueen tenía que dar vueltas a su alrededor mientras decía sus frases. Cada vez que pasaba al lado de Brynner le daba “accidentalmente” una patada al montón de tierra hasta que finalmente consiguió convertirlo en un agujero. Yul llegó a enfadarse tanto por lo ocurrido que ordenó a sus guardaespaldas que vigilaran a Steve. Ya daba igual. McQueen, un chico curtido en la calle y habituado a montar a caballo y utilizar armas de fuego tenía todas las de ganar en una cinta de vaqueros, mientras que Brynner, hombre de ciudad, no se encontraba en su entorno habitual.

McQueen con sus hijos

Para añadir más leña al fuego, la productora United Artists ideó una estrategia para mantener la película en los titulares. Apareció en la prensa un artículo sobre supuestas “diferencias creativas” entre Brynner y McQueen. Eli Wallach, el villano de la película, llegó a afirmar que el rodaje era “una total paranoia mutua”. Yul se enfadó tanto por el artículo que, agarrando a Steve por el hombro, le dijo que “era una estrella consagrada y que no tenía peleas con actores secundarios”. Steve le respondió: “¡Quítame tus asquerosas manos de encima o acabarás en el suelo!”. Como más tarde reconoció Steve, “Yul era un tipo nervioso. Creo que yo representaba una amenaza para él. No monta bien a caballo, y no sabe nada sobre desenfundar y todo eso. Yo sé de caballos. Sé de armas. Yo estaba en mi elemento y él no”. Según el actor James Coburn, “McQueen estaba en su naturaleza. Un niño abandonado siempre lo desafía todo. Y él estaba poniendo a prueba a Yul”.

¿El resultado de todo esto? “Los siete magníficos” pronto se convirtió en un clásico del cine americano, al tiempo que Steve McQueen comenzaba a ser conocido por todo el mundo, y eso que interpretaba un papel secundario. Años después, ciertos compañeros de reparto (Coburn, Bronson y Vaughn) afirmaron que “Steve fue el chico listo de la película. El resto estábamos ocupados odiándole mientras él nos robaba el protagonismo”. “Esa película le convirtió en una estrella porque McQueen le besaba el culo a Sturges, hablaba con él, hacía las cosas a su modo”, llegó a confesar Phil Parslow, publicista de United Artists. “Steve se hizo más grande que todos los integrantes del cast. Más grande incluso que Brynner, porque Yul solo podía hacer una cosa. Steve podía hacer de todo y salir airoso. Estaba en el camino de convertirse en una mega estrella” añadió.

 Steve McQueen estaba en la brecha: había conseguido su primer gran éxito, y todavía quedaba por llegar “La gran evasión”.

Películas que hay que ver antes de morir: “LA GRAN EVASIÓN”

Con este film pretendo iniciar una nueva sección en la que analizar diversos films bajo el título de “Películas que hay que ver antes de morir”. La cinta que he escogido para abrir la lista no podía ser otra que “La gran evasión”, película que me marcó en su tiempo y gracias a la cual me apasiona el cine actualmente. Dicho film, rodado en 1963, cuenta la historia, basada en hechos reales, del intento de fuga de 250 prisioneros aliados del campo de concentración nazi Stalag Luft III durante la II Segunda Mundial. Para ello, “La gran evasión” se basa en la novela homónima del australiano Paul Brickhill, quien fue partícipe de los hechos que en ella se cuentan.

“La gran evasión”
Título original The great escape
Año 1963
Nacionalidad USA
Director John Sturges
Guión James Clavell, W. R. Burnett (Libro: Paul Brickhill)
Música Elmer Bernstein
Fotografía Daniel L. Fapp
Reparto Steve McQueen, James Garner, Richard Attenborough, James Coburn, Donald Pleasence, Charles Bronson, Hannes Messemer, Gordon Jackson, Angus Lennie
Duración 168 min.
Productora MGM/UA
Premios Nominada al Óscar al Mejor MontajePremio al Mejor Actor en el Festival de Cine de Moscú: Steve McQueen

TRAILER

TRAMA

En plena II Guerra Mundial, los nazis deciden construir un campo de concentración en el que agrupar a aquellos prisioneros aliados con un mayor número de tentativas de fuga a sus espaldas. Como dice el coronel von Luger, encargado del campo, se trata de “juntar a todas las manzanas podridas en un mismo cesto”. Sin embargo, lo que no se imaginan los alemanes es que entre los presos están la mayoría de los miembros de la “organización X”, un grupo de reclusos expertos en el arte de fugarse dirigidos por Roger Bartlett (Richard Attenborough). Dicha organización decide planear la evasión perfecta: intentar la huida de 250 prisioneros, todos ellos perfectamente documentados y vestidos para pasar desapercibidos en tierras germanas. Para ello se pone en marcha la construcción de tres túneles, los llamados Tom, Dick y Harry (con el fin de jugar sobre seguro en caso de que los guardias descubran alguno), al tiempo que se las ingenian de la manera más sorprendente para lograr sus objetivos: sacan la tierra del subsuelo del campo en bolsas ocultas bajo los pantalones, entiban con maderos de las camas, le roban la cartera a un guardia con el fin de falsificar diversos documentos oficiales, toman clases de alemán,…. Para ello, “la organización X” recibe la ayuda, entre otros, de los tres americanos del campo, entre los que se encuentran Hendley (James Garner), el “proveedor oficial” de material, y Virgil Hilts, maestro de la huida y rebelde por naturaleza. También colaborarán en la fuga el australiano Sedgwick (James Coburn), “el rey del túnel” Velinski (Charles Bronson) o el falsificador Colin Blythe (Donald Pleasence). Si queréis saber cómo se desarrolla “la gran evasión”, os invito a verla.

COMENTARIO DEL FILM

La “estrella” McQueen y los cambios en el guión

El gran Steve McQueen

La película, a pesar de tratarse de uno de los mejores ejemplos de protagonismo colectivo (todos los grandes actores gozan de un tiempo similar en pantalla), será recordada por la interpretación de Steve McQueen y su espectacular huida en moto por Alemania, justamente una de las pocas cosas del film que no se basa en los hechos reales narrados por Paul Brickhill en su novela. Brickhill, australiano de nacimiento, se encontraba en Túnez pilotando un Spitfire británico cuando fue abatido por los nazis. Estos le internaron en un campo de concentración, el Stalag Luft III, en el que asistió a los primeros preparativos para la espectacular fuga que narra en su novela. Sin embargo, McQueen, a sabiendas de que “La gran evasión” podía ser el título que le catapultase definitivamente al estrellato, exigió que se realizaran diversos cambios en la historia con el fin de lograr un mayor protagonismo. De hecho, el guionista Riley Burnett, afamado escritor de novela negra adaptada al cine (“El pequeño César”, “El último refugio” o “La jungla de asfalto”) tuvo que ser despedido por exigencias del propio McQueen, quien siempre se preguntaba “¿Por qué este tipo de películas, como La gran evasión, no pueden tratar sobre un solo tipo y por qué ese tipo no puedo ser yo?”. Entre los detalles del guión con los que no comulgaba McQueen, quien ya había exigido diversos cambios en su película anterior (“El amante de la muerte”), eran la vestimenta de su personaje (que a la postre se convertiría en elemento característico del mismo) y su escaso peso en la trama. Burnett, resentido, llegó a afirmar que “McQueen era un bastardo. Un tercio de la película descansaba sobre su personaje y cuando llegó quería cambiarlo caso todo. Una locura”. Es más, el personaje de Steve se basa en un prisionero británico, George Harsh, que ni siquiera consiguió escapar. Entre las aportaciones de Burnett que finalmente permanecieron en la historia destacan diversos toques para atraer la atención del público americano: aunque en la realidad la mayoría de los prisioneros del campo fueron británicos o canadienses, Burnett decidió crear los personajes de McQueen (con su inconfundible guante y pelote de béisbol) y James Garner de cara al mercado estadounidense. De hecho, hasta se rodó una escena en la que los prisioneros del campo celebran el 4 de julio sólo por este motivo. Algunos compañeros, como Coburn, consideraron estas “distorsiones históricas” un tanto cómicas. De hecho, el que el sello de identidad de McQueen en el film fuese un guante de béisbol se prestaba a broma teniendo en cuenta que Steve no tenía mucha idea de practicar dicho deporte. El propio Coburn afirmó que “Steve era el tío menos atlético del mundo. Si le lanzabas una pelota lo más probable es que no la cogiera y le tocara ir corriendo a cogerla”. Una vez Burnett se vio fuera del proyecto, el encargado de limar el libreto fue James Clavell.

Un descanso en el rodaje

A pesar de que las exigencias de McQueen puedan parecer propias de un divo (las cuales, en parte, lo son), la repercusión que el film tuvo para su carrera ha acabado dándole la razón: tras darse a conocer al gran público gracias a su papel en “Los siete magníficos” de John Sturges, McQueen no había logrado encontrar un rol que confirmase su estrellato hasta que, en 1963, el guión de “La gran evasión” (también de Sturges) llegó a sus manos. De hecho, se embolsó 400.000 dólares por participar en el proyecto (la mayor retribución de su carrera hasta entonces), sueldo que incluía una bonificación de casi 100.000 dólares por rodar en Europa. Para participar en el proyecto, McQueen rechazó dos proyectos casi cerrados: una adaptación de “La bella y la bestia” para televisión y el papel principal del film “Reajuste matrimonial” de George Roy Hill, rol que acabaría interpretando Tony Franciosa.

McQueen y sus símbolos característicos en el film: jersey azul, pantalones blancos y guante de béisbol

Además de las exigencias de Steve McQueen, las cuales obligaron a variar ligeramente la historia real narrada por Brickhill en su libro, se realizaron otros cambios en pos de una mayor espectacularidad: la fuga tuvo lugar en un campo cercano a Zagan, en Polonia, y no en plena Baviera, además de que las ejecuciones de los presos recapturados no se desarrollaron como se muestran en el film. Sin embargo, son pequeños detalles que para nada hacen desmerecer el nivel del film, si no que lo hacen todavía más grande. De hecho, Louis B. Mayer, mandamás de la MGM, rechazó un primer proyecto del film ya en 1950 al considerar que no tenía nada de grande una evasión en la que el número final de individuos que consiguieron huir era tan bajo, cambiando de opinión más de una década después al ver el nuevo tono que se le había dado a la historia.

La escena de la motocicleta

El salto que hizo famoso a McQueen lo realizó en realidad Bud Elkins

La escena de la huida en moto de McQueen por Alemania, la cual constituye uno de los cambios más evidentes y conocidos de la película respecto a la novela de Brickhill, también tiene su “historia”: aunque McQueen no utilizó dobles para llevar a cabo esta secuencia (bien conocida es su afición a los deportes del motor), sí que es verdad que a la hora de rodar la toma del salto (la más famosa del film) los productores, temerosos de los posibles percances (tanto físicos como legales) en los que podía incurrir McQueen al rodarla, decidieron utilizar un especialista. El elegido fue Bud Elkins, encargado de una tienda de motocicletas en Los Ángeles y gran amigo de Steve. De hecho, se convirtió en su “doble oficial” a lo largo de su carrera, siendo la persecución en coche de “Bullitt” el ejemplo más notable. En compensación por la participación de Elkins en el film, McQueen exigió interpretar al sodado alemán que persigue a su personaje en moto, por lo que Steve acabó persiguiéndose a sí mismo en pantalla. Si no hubiese sido por esta escenas, posiblemente McQueen hubiera rechazado participar en el film.

Escena del salto con la motocicleta (SPOILER para quien no haya visto el film):

El rodaje en Europa

James Garner como el americano Hendley

Con el fin de dotar de una mayor credibilidad a la historia, el rodaje se desarrolló íntegramente en Europa: en Baviera se construyó una copia a tamaño natural del campo Stalag Luft III, mientras que los exteriores se rodaron en los Estudios Bavaria de Munich (Alemania), primero, y en una reserva natural de los alrededores posteriormente. De hecho, una vez finalizada la filmación, la productora de la película pagó la operación de replante de 2.000 pinos que habían resultado dañados durante el rodaje. Las escenas de la motocicleta, por su parte, se grabaron en la frontera entre Austria y los Alpes, mientras que las escenas del tren se filmaron en la línea que une Munich y Hamburgo. Ésta última contó con la presencia en el rodaje de un representante de ferrocarriles que avisaba con antelación a los miembros del equipo técnico del paso de otro tren para evitar errores y rupturas de continuidad en el desarrollo de las escenas.

Otras curiosidades del rodaje

Como dato curioso, cabe destacar que la mayoría de los miembros veteranos del reparto contaban con experiencia real como prisioneros de guerra en la II Guerra Mundial: Donald Pleasance estuvo interno en un campo alemán, Hannes Messemer fue recluido en un campo ruso y Til Kiwe y Hans Reiner fueron hechos prisioneros por los americanos. Por su parte, Charles Bronson, quien da vida al “Rey de los túneles” en el film no tuvo muchos problemas para adaptarse a su papel, ya que había sido minero en su juventud. De hecho, C. Wally Floody, el verdadero “Rey de los túneles”, estuvo presente en el rodaje como consejero, de ahí que no hubiese ningún tipo de duda a la hora de dotar de credibilidad a este personaje. El propio Floody afirmó además que “los exteriores donde se rodó la película eran muy parecidos a los de la zona de Zagan (actual Polonia), lugar donde se desarrollo la verdadera evasión”.

La banda sonora

No me puedo olvidar de la grandísmima banda sonora compuesta por el maestro Elmer Bernstein (y ya comentada en este blog), quien ya había trabajado con John Sturges en el film “Los siete magníficos”. Junto con la escena de la motocicleta puede que se trate de lo más recordado de “La gran evasión”. Aquí os dejo el tema principal del film:

Repercusión de la película y homenajes recibidos

Una vez estrenada la película se convirtió en un éxito inmediato. Todos los miembros del rodaje se aprovecharon del éxito del film de alguna forma u otra, pero, sin duda alguna, fue Steve McQueen quien supo sacar un mayor partido del éxito del film. De hecho, en plena Guerra Fría, los soviéticos le entregaron a McQueen el premio al Mejor Actor en el Festival de Moscú por su interpretación en este film, a pesar de que en el mismo ejercía como un auténtico icono de los típicamente americano. Para ello, McQueen realizó el viaje más largo de su vida en 1965 con el fin de recoger el premio, acompañado de toda su familia, rumbo a la URSS.

En la cultura popular “La gran evasión” ha tenido un gran protagonismo: se han escrito libros sobre el film, creado videojuegos,… De hecho, las referencias abundan por doquier: el film “Chicken Run: Evasión en la granja” es un homenaje continuo, con esas alusiones a McQueen y la pelota de béisbol o las escenas de los túneles.

“Chicken Run”: un homenaje a “La gran evasión”

Los hermanos Zucker y Jim Abrahams aludieron asimismo a “La gran evasión”, recuperando la escena de la motocicleta en su sátira bélica “Top Secret”, y qué decir de “Los Simpson” y el capítulo titulado “Un tranvía llamado Marge”, con Maggie ejerciendo de Steve.

¿POR QUÉ VER “LA GRAN EVASIÓN”?

Teniendo en cuenta que se trata de mi película favorita, me resulta muy complicado abordar este apartado desde un punto de vista no demasiado subjetivo. Sin embargo, el tratarse de uno de los grandes clásicos del cine y uno de los films de aventuras (más que bélico, a pesar de ambientarse en plena II Guerra Mundial) más conocidos y homenajeados de la historia deberían bastar como razones de peso. El excelente plantel de actores, con un soberbio McQueen a la cabeza de un reparto formado por algunos de los mejores intérpretes del momento (Attenborough, Coburn o Garner), junto con la trepidante dirección de Sturges y la pegadiza e inolvidable banda sonora de Bernstein dan lugar a un cóctel perfecto. Las escenas de la persecución en moto, las tentativas de fuga, los días de reclusión en la “nevera”,… y otras muchas secuencias que no tardaron en pasar a integrar el ideario colectivo jalonan el metraje. Si se quiere pasar un buen rato delante de la pantalla, “La gran evasión” es una muy buena opción. Lo dicho, todo un clásico por el que no pasan los años.  Un film que indudablemente hay que ver antes de morir.

SINGIN’ IN THE RAIN: Tema principal de “Los siete magníficos” (1960, Elmer Bernstein)

Los siete magníficos

Aunque muchos no sepan a qué película pertenece este tema musical, la gran mayoría seguro que lo ha escuchado alguna vez y lo relaciona instintivamente con el “western” (sobre todo a partir de que la marca Marlboro lo utilizara en sus anuncios de cigarrillos). Sin embargo, la partitura de “Los siete magníficos” supuso toda una revolución en el cine de “vaqueros”, ya que una composición para gran orquesta no era habitual en este género.

La cinta, dirigida por John Sturges, es un remake americano de la película japonesa de Akira Kurosawa “Los siete samuráis”: si en el film original eran un grupo de samuráis los que tenían la misión de proteger a los humildes habitantes de un poblado de una banda de forajidos, en la versión estadounidense los guerreros nipones son sustituidos por expertos pistoleros y los pueblerinos por campesinos mexicanos. Eso sí, ya que se rodaba el remake de una cinta que ha pasado a los anales del cine se tenía que hacer a los grande. A la hora de contratar al reparto americano la MGM no escatimó en gastos: como figura principal se escogió a Yul Brynner, quien ya había ganado un Óscar por “El rey y yo”. Sin embargo, el protagonismo se lo acabó robando una estrella emergente, Steve McQueen. Según relata Eli Wallach, quien dio vida al jefe de los forajidos, era “muy divertido observar a los dos actores en el set, ya que utilizaban todo tipo de trucos para robarse la escena”. Las pillerías de McQueen eran tan grandes que Brynner acabó quitándose el sombrero en una secuencia con el fin de mostrar su calva, algo que no acostumbraba, y evitar que los espectadores se fijaran en Steve. Intérpretes como James Coburn, Charles Bronson o un debutante Horst Bucholz completan el plantel actoral.

Volviendo a la banda sonora del film, es obligatorio citar al gran artífice de la misma, Elmer Bernstein, quien tres años después compondría el tema musical de “La gran evasión” (de nuevo para el director John Sturges), del que ya he hablado en esta sección. A pesar de su trascendencia, la banda sonora no fue publicada con el estreno del film, sino que tuvieron que pasar más de 30 años hasta que la orquesta sinfónica de Phoenix, con James Sedares a la cabeza, la grabara y comercializara en formato de disco compacto. Bernstein utilizó ritmo mexicanos en su partitura (muy de su gusto según diversas entrevistas), algo totalmente acertado teniendo en cuenta la ambientación de la película.

“Los siete magníficos” fue nominada a la mejor banda sonora en los premios Óscar de 1961, aunque finalmente se fue de vacío. Sin embargo, y a pesar de que la cinta original de Kurosawa podía haber llegado a hacerle demasiada sombra, la cinta de Sturges se ha consagrado como uno de los grandes títulos del western. Eso sí, de sus secuelas, en las que sólo aparece Yul Brynner del reparto original (los demás fueron más listos y vieron que no se podía exprimir de esa forma a la “gallina de los huevos de oro”) mejor ni hablamos.

SINGIN’ IN THE RAIN: Tema principal de “La gran evasión” (1963, Elmer Bernstein)

McQueen, “The King of Cool”

Compuesta por Elmer Bernstein, la banda sonora de la “La gran evasión” ha pasado a la historia y muy especialmente su tema principal. Gracias a él, esta cinta, basada en hechos reales y que narra los planes de fuga de 250 presos aliados de un campo de concentración  nazi en plena Segunda Guerra Mundial, se ha convertido en un referente del cine carcelario y “de fugas”. El papel que desempeña la banda sonora a lo largo de la película es tan destacado (imprime intriga, sensación de aventura, peligro,… a las escenas) que sin duda el film perdería una de sus grandes bazas si no contara con Bernstein en el apartado musical (quien ya trabajó a las órdenes del director John Sturges en “Los siete magníficos”, cinta con otro tema muy destacado y conocido).

Vi esta película por primera vez a los 9 ó 10 años y me encantó al instante (de hecho, es mi preferida). Recuerdo preguntarle a mi padre que si aún faltaba mucho tiempo para que se acabara, no porque me aburriese, si no porque me estaba gustando tanto que no deseaba que terminara. Mcqueen saltando en moto, “la nevera”, los túneles Tom, Dick y Harry… se me vienen tan buenos recuerdos a la cabeza (de hecho sea posiblemente el film que más veces haya visto) que no me puedo quedar con ninguno. Seguramente vuelva  a hablar de la película en múltiples ocasiones a lo largo de este blog, por lo que no me voy a detener excesivamente en este apartado. Sólo decir que la música, tan ligada a la película, ha pasado a la historia del séptimo arte, siendo utilizada hasta en una parodia de los Simpsons. A disfrutarla.