MIS ESCENAS: Pelea en el baño turco (Promesas del este, 2007)

“Promesas del este” supuso la segunda colaboración, tras la cinta “Una historia de violencia”, del director canadiense David Cronenberg (“La mosca”, “Crash”) con su actor fetiche Viggo Mortensen, quien venía de triunfar en medio mundo con la trilogía de “El señor de los anillos”. Cronenberg, una realizador enfermizo a la par que provocador, retomó el tono “comercial” de su anterior film con Mortensen, aunque el hecho de que esté dirigido a un público más amplio que el de, por ejemplo, su film “El almuerzo desnudo”, no quita para que el cineasta siga plasmando sus más morbosas inquietudes, como bien queda reflejado en la escena entre Viggo y la prostituta.

Viggo Mortensen y la mafia rusia

“Promesas del este”, película que se estrenó en Europa con motivo del 55 Festival de Cine de San Sebastián, narra la historia de un matrona que intenta encontrar la relación entre una recién nacida cuya madre fallece en el parto y la poderosa mafia rusa que controla los suburbios londinenses. Mortensen, quien interpreta a Nikolai, chófer y encargado de la “limpieza” dentro de los Vory V Zakone (así se llama el grupo  mafioso) se preparó el papel a conciencia: viajó a Rusia y se empapó de la cultura del país, viendo la TV a todas horas y asistiendo al cine con frecuencia para reforzar la lengua.

Los miembros del grupo Vory V Zakone se caracterizan por “tener su vida tatuada en el cuerpo”. Para ello, Mortensen se tuvo que someter a largas sesiones de maquillaje (4 horas diarias) con el fin de que le aplicaran los 43 tatuajes que se pueden observar en la secuencia que nos ocupa. En la misma, Nikolai-Viggo se enfrenta totalmente desnudo a dos mafiosos rivales que intentan acabar con su vida. A pesar de que estén armados hasta los dientes, Mortensen se las ingenia para salir airoso, aunque para saber cómo tendrán que ver la secuencia.  Un día de rodaje, Viggo Mortensen acudió a un pub ruso de Londres sin haberse quitado su vestuario con el fin de comprobar cuál era la reacción que provocaba su aspecto. La broma casi acabó en desgracia, ya que todos los presentes le confundieron con un mafioso real.

Desde Rusia con amor

Personalmente, me acuerdo perfectamente del día en el que vi “Promesas del este” en cines. Mi padre no me dejaba verla en pantalla grande debido a su violencia, pero a falta de 20 minutos para que comenzara la última sesión cambió repentinamente de opinión. Al final fui con mi madre, quien no se podía creer el detalle del “ojo y el cuchillo” que aparece en la escena.

La cinta tuvo tanto éxito que el propio Cronenberg expresó su intención de rodar una secuela de la misma, la cual contaría de nuevo con Mortensen en el papel principal, Steven Knight como guionista y Paul Webster en la producción. Además, Viggo, entre otros galardones, cosechó una nominacióna mejor actor protagonista en los Óscar 2008. De lo único de lo que podemos estar seguros es que el tándem Mortensen-Cronenberg funciona a la perfección (colaboraron por tercera vez en la cinta del año pasado “El método peligroso”, en la que narraban los enfrentaminetos entre Carl Jung y Sigmund Freud). Esperaremos nuevs colaboraciones, pero por ahora podemos disfrutar de sus películas y de escenas como la siguiente:

(Sólo he podido encontrar la escena en italiano, aunque lo verdaderamente importante de la misma no son precisamente los diálogos).

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MIS ESCENAS: Experiencia psicodélica (Dumbo, 1941)

La psicodelia en Dumbo

Tras haber analizado diversas escenas de películas de acción real ya iba siendo hora de abordar un film de animación, para lo que he escogido  una secuencia muy curiosa tratándose de la factoría Disney: la experiencia psicodélica de Dumbo. El film en cuestión, basado en el libro homónimo de Helen Aberson, cuenta la historia de Jumbo Jr., un elefante al que todos conocen despectivamente como “Dumbo” debido a sus grandes orejas (en inglés “dumb” significa “sordo”, pero en determinados contextos también puede entenderse como “tonto”).

Con únicamente 64 minutos de duración (una de las películas Disney más cortas), el film recibió luz verde por parte del estudio con el fin de recuperar las pérdidas que había generado “Fantasía”. En la escena destacada podemos observar a Dumbo y a su amigo Timoteo, el ratón que le acompaña a todas partes, bebiendo de un barreño en el que creen que sólo hay agua. Sin embargo, el champán de una botella que cayó accidentalmente en el recipiente les hace ver todo tipo de alucinaciones, elefantes rosas incluidos. Cuando eres pequeño y ves la escena eres tan inocente que no reflexionas acerca de su verdadero significado. Sin embargo, mi sorpresa fue mayúscula cuando hace poco tiempo volví a ver la secuencia y me di cuenta de las numerosas lecturas a las que se podía prestar la experiencia psicodélica de Dumbo y Timoteo. Dejando de lado “Fantasía” (más que un relato son varias secuencias musicales unidas) , esta escena supuso la primera incursión del surrealismo en una estructura de relato tradicional de Disney. Obviando las posibles interpretaciones que pueda suscitar (que cada uno opine lo que crea conveniente), no se puede negar que resulta chocante el hecho de que esta escena viera la luz a principios de los años 40 (en plena Segunda Guerra Mundial) y en una sociedad tan conservadora como la americana.

El film ganó el premio Óscar a la mejor banda sonora, además de optar al de mejor canción original. También se hizo con el galardón al mejor film de animación en Cannes (1947). Sin más dilación, aquí tenéis la escena, la cual estoy seguro que a partir de ahora veréis con otros ojos:

MIS ESCENAS: El veredicto final de los cuatro de Guilford (En el nombre del padre, 1993)

Day-Lewis, genio y figura

Aunque los premios del año 1993 estuvieran reservados para esa obra maestra de Spielberg llamada “La lista de Schindler”, “En el nombre del padre”, film en el que volvían a formar equipo los irlandeses Daniel Day- Lewis (aunque inglés de nacimiento, eso sí) y el director Jim Sheridan, pasaba asimismo a la historia. La película, basada en hechos reales, cuenta la detención de cuatro presuntos militantes del IRA en 1975 a manos de fuerzas británicas. Los llamados “cuatro de Guilford” (lugar donde se encontraba el pub en el que estalló la bomba colocada por los terroristas irlandeses), todos ellos inocentes, son condenados injustamente (la policía tenía conocimiento de ello) a más de quince años de prisión únicamente por su nacionalidad.

A lo largo del film podemos observar la hipocresía británica y las heridas de una “guerra” por la independencia que comienzan a cerrarse hoy en día. Para mí, Day-Lewis es sin ninguna duda uno de los cinco mejores actores vivos y el mejor de su generación. A pesar de que el Óscar a mejor intérprete principal lo ganó Tom Hanks por “Philadelphia”, Daniel, quien ya poseía una estatuilla por “Mi pie izquierdo” (primera de sus colaboraciones con Sheridan) borda a la perfección su papel interpretando a un “parásito social” que acaba en la cárcel junto a su padre (Pete Postlethwaite), con quien no guarda una gran relación. Por si no fuera suficiente calvario el estar encerrado, padre e hijo deberán lidiar con el hecho de que “son” terroristas del IRA en una cárcel de Londres, algo no muy bien visto entre el resto de reclusos. Sin embargo, varios años después, la intervención de la abogada Gareth Pierce en su causa hará que cambien las tornas y se vuelva a celebrar un juicio sobre lo ocurrido en Guilford.

Aunque Daniel Day-Lewis y Jim Sheridan volvieron a trabajar en “The boxer”, film en el que se volvía a incidir en el conflicto británico-irlandés, “En el nombre del padre” se ha erigido como la PELÍCULA sobre el IRA.

SPOILER

A pesar de que se trata de una historia real, es mejor que aquellas personas que no han visto el film y no conozcan el desenlace no reproduzcan la escena. En ella se observa a Gerry Conlon y al resto de condenados por el atentado de Guilford siendo declarados libres tras numerosos años de ignominia en prisión. Tras salir del juzgado (“soy un hombre libre y saldré por la puerta principal”), momento que me sigue pareciendo increíble por su intensidad, Conlon denuncia el hecho de que su padre, condenado injustamente al igual que él y el resto de irlandeses, haya perecido en la cárcel cuando la policía  poseía pruebas de que efectivamente eran inocentes (las cuales ocultaron para no quedar en evidencia). “En el nombre de mi padre, y de la verdad”.

MIS ESCENAS: Humillación (La cinta blanca, 2009)

“La cinta blanca”, un clásico moderno

La historia del cine está plagada de escenas violentas: asesinatos, peleas,… Sin embargo, la secuencia de la humillación en “La cinta blanca” es una de las más duras de los últimos años sin hacer uso del maltrato físico. La película, ambientada en la Alemania de principios del siglo XX, es narrada por un antiguo maestro, quien cuenta a los espectadores los extraños acontecimientos que tienen lugar en un pueblo protestante germano desde julio de 1913 hasta agosto de 1914. A través de este film, su director, el siempre polémico Michael Haneke, intenta explicar el origen del terrorismo, ya sea “político o religioso”. De hecho, no hace falta reflexionar mucho para darse cuenta de que los niños que protagonizan la película se convertirán en los nazis que dirigirán Alemania dos décadas después. Puede que la razón se encuentre en la estricta moral protestante y las rudas costumbres del lugar. Sea cual sea la causa, la siguiente escena es una muestra inequívoca del machismo, la violencia y el ambiente malsano de una sociedad decadente. En ella se ve al médico de aldea rompiendo la relación sentimental que mantenía con su asistenta. Eso sí, todo ello con un tono de tranquilidad que asusta y acompañado de una brillante fotografía en blanco y negro.

MIS ESCENAS: La boda de Tasio y Paulina (Tasio, 1984)

Tasio, una joya del cine vasco

La ópera prima del director Montxo Armendáriz sorprendió a propios y extraños. En Tasio, el director navarro cuenta la historia de un pobre carbonero de la sierra de Urbasa, cuyo nombre es el que da título al film. A lo largo de la película observamos el desarrollo vital de Tasio, desde su adolescencia hasta su vejez, pasando por su juventud y, cómo no, la escena de su boda. Justamente es ésta la que he elegido de entra las numerosas secuencias que me gustan de la película (el baile de los niños,…). La canción que entonan los invitados he pasado, asimismo, a identificarse con el film.

MIS ESCENAS: Boda griega (Los cañones de Navarone, 1961)

El comando de Navarone

Con el apartado “Mis escenas de cine” pretendo ir recopilando aquellas secuencias cinematográficas que tengo guardadas en mi retina por una razón u otra (ya sea por el contexto en el que las vi, por la importancia de la escena en si,…). La primera de ellas es la boda griega del film “Los cañones de Navarone”, todo un clásico del cine bélico. Me acuerdo que las dos primeras películas que mi padre compró, cuando comenzaba a formar lo que ahora se ha convertido en una extensa filmoteca, fueron “El puente sobre el río Kwai” y la la cinta que nos ocupa. Él tuvo la suerte de poder ver “Los cañones de Navarone” en  cines durante su juventud, de ahí que la recuerde con tanto cariño. De hecho, nunca olvidaré cuando mi padre me contaba que volvía a casa silbando el tema principal del film.

La película, ambientada en la Segunda Guerra Mundial, trata sobre un comando aliado al cual se le encarga inutilizar los cañones nazis de la isla de Navarone, Grecia. Dichos cañones impiden todo intento británico de ayudar a las tropas aliadas allí atrapadas, por lo que su destrucción es esencial.

En la escena propiamente dicha, la cual tiene lugar en el pueblo heleno de Mandrakos, podemos observar al comando protagonista de la película escondiéndose de las tropas alemanes haciéndose pasar por los invitados de una boda local. A pesar de que “son muy buena gente”, como bien recalca Gregory Peck, jefe del citado comando, el intento de los civiles griegos es inútil ante la perspicacia de los nazis.  Todo ello acompañado de la canción folclórica “Yalo Yalo”.