#2) STEVE McQUEEN: THE KING OF COOL

2) La consagración: de “La gran evasión” a la popularidad absoluta

Steve McQueen estaba en la cresta de la ola. Sólo le quedaba cosechar otro gran éxito para empezar a forjarse un nombre a nivel mundial. Entre 1960 y 1963 rodó tres films más: “Zafarrancho en el casino”, “Comando” y “El amante de la muerte”. El primer film es una comedia ligera en la que Steve planea hacer saltar la banca del casino de Venecia con un súper ordenador de la Marina americana, mientras que las otras dos cintas son dos películas bélicas que pasaron sin pena ni gloria por las pantallas estadounidenses.

McQueen visto por William Claxton

El éxito que McQueen esperaba se llamaba “La gran evasión”, posiblemente su film más popular. Sturges le confió el papel de Virgil Hilts, un prisionero americano que intentará escapar por todos los medios del campo de concentración nazi en el que le han internado. ¿El problema? El personaje de Steve carecía del peso suficiente dentro de la historia. Tras la escena inicial, por poner un ejemplo, Hilts desaparecía de la pantalla durante media hora. McQueen, consciente de su situación, llegó a abandonar el rodaje durante dos semanas, y eso que se encontraban filmando en plena Baviera, Alemania. Steve llegó a llamar a su representante, Stan Kamen, diciéndole que “James Garner controlaba la película. Esta cinta le va a lanzar a él al estrellato, no a mí”. Se llegó a contrata a un guionista más, James Clavell, para que retocara la historia. El rodaje se alargó de los 85 días previstos a doscientos. Sin duda alguna, el momento culmen del film es la carrera en motocicleta en la que McQueen es perseguido por las tropas alemanas en su camino a la Suiza libre. La secuencia, rodada por y a mayor gloria de Steve, no figuraba en el guión inicial. Una nueva concesión a la estrella de la película. Sin embargo, cabe recordar que el memorable salto que Hilts realiza con la moto no fue realizado por McQueen, si no por un especialista en escenas de acción y amigo de Steve, Bud Elkins, que viajó desde California a Múnich exclusivamente para rodar la citada toma. Bud declaró años después que aquel trabajo le “hizo famoso, no rico. Era la primera película que hacía y para mí significó el principio de una carrera. El día en que rodamos el salto estábamos McQueen, el de los efectos especiales, un piloto de motocross australiano y yo”.

“Esos rumores de que McQueen intentó hacer el salto él mismo son falsos. Él hizo de peón, se pasó el día cavando en la ladera de la montaña para hacerme una rampa. La escena de la moto fue enteramente idea de Steve, era una escena totalmente inventada. Pero provocó muchísimas discusiones entre él y el director y los guionistas. La cosa llegó a un punto tal que pensaron en despedirle” añadió. El film recaudó 16 millones de dólares, convirtiendo a Steve en todo un referente mundial. Llegó a ser premiado en el festival de Moscú, en una época en la que el mundo se encontraba totalmente polarizado entre los capitalistas y los comunistas. Para más información sobre “La gran evasión” podéis acceder a este artículo de “Érase una vez el cine” en el que se analiza pormenorizadamente el film.

McQueen y su “acosadora” compañera de reparto, Natalie Wood, en “Amores con un extraño”

Sin embargo, las siguientes cintas de Steve no estuvieron a la altura de las expectativas creadas: “Compañeros de armas y puñetazos”, comedia protagonizada junto a Jackie Gleason, resultó ser una cinta confusa, mientras que “Amores con un extraño” y “La última tentativa”, aunque interesantes, no llegaron a calar entre los espectadores. De todas formas, Neile, la mujer de Steve, llegó a afirmar que el mejor papel de su marido fue el del músico bohemio que deja embarazada a una joven de origen italiano en la citada “Amores con un extraño”. Según ella, mostraba al Steve “vulnerable”. Eso sí, McQueen permaneció impertérrito ante el acoso de su compañera de reparto, Natalie Woods, quien no tenía otra idea en mente que la de llevárselo a la cama. Lo único que detuvo a Steve no fue el hecho de que estuviera casado (eso nunca era un problema para él), sino la amistad que le unía con Robert Wagner, ex marido de Natalie y compañero de reparto de Steve en “El abrazo de la muerte”.

McQueen con Lee Remick en “La última tentativa”

La recuperación de McQueen llegó con “El rey del juego”, cinta ambientada en Nueva Orleans y en la que Steve da vida a “Cincinnati Kid”, un maestro en el arte de jugar al póker que deberá enfrentarse al mejor jugador del mundo, Lancey Howard (Edward G. Robinson). La película iba a ser dirigida en un primer momento por el siempre polémico y violento Sam Peckinpah, pero la productora acabó parándole los pies vistas sus intenciones de darle un “tono más oscuro” a la historia (Peckinpah tenía pensado incluir varis escenas de sexo, además de contratar a Sharon Tate para el film y rodarla en blanco y negro). Finalmente, “El rey del juego” fue dirigido por el siempre eficiente Norman Jewison (“El violinista en el tejado”, “Jesucristo Superstar”,…), Tate fue sustituida por la bella pero psicológicamente inestable Tuesday Weld y Edward G. Robinson entró en el proyecto ante el abandono de Spencer Tracy. McQueen, que recibió veinticinco mil dólares en metálico de la productora para que no abandonase la producción visto el caos dominante en el rodaje, se sentía toda una estrella. El propio Jewison le tuvo recordar varias veces que “a parte de ti hay muchas otras grandes estrellas en el reparto”. Tras normalizarse la situación, McQueen volvió de su momentáneo retiro en Las Vegas (ciudad donde se gastó todo el dinero recibido de la productora en marihuana y mujeres) con el fin de rodar, de una vez por todas, “El rey del juego”. Jewison le prometió que el público le alabaría por este film. Para Steve eso no era suficiente, por lo que la productora tuvo que darle un bonus por haber sido tan paciente y una enorme mesa de billar.

McQueen y Robinson, grandes rivales dentro y fuera del plató

Tras diez meses de parón, se volvió a escuchar “acción” en el plató de “El rey del juego”. Norman Jewison declaró que “Edward G. Robinson tenía la mejor colección de arte de todo Hollywood y hablaba cuatro idiomas”, mientras que “Steve disfrutaba desmontando el motor de su coche”. Eran dos personalidades contrarias, lo cual le iba muy bien al film, ya que eran rivales. “McQueen no era lo que podríamos llamar un hombre generoso. Francamente, era un tacaño. Cuando Steve se iba del set por la noche siempre pedía a alguien cinco pavos para gasolina que nunca volvíamos a ver… Era igual de tacaño como persona que como actor. Tenía ese hábito de mirar al suelo entre tomas. Entonces, a la voz de acción, levantaba los hombros, con esa expresión animal, listo para atacarte. Fascinante” apuntilló Jewison.

McQueen es “El rey del juego”

La cinta resultó todo un éxito. Recaudó más de diez millones de dólares, inaugurando una racha triunfal en la carrera de Steve que le haría figurar como una de las 10 estrellas más taquilleras durante diez años seguidos. Era el primero de cinco éxitos internacionales seguidos. La nota negativa la puso el fallecimiento de su madre por una hemorragia cerebral el día del estreno de “El rey del juego”. McQueen llegó al hospital a la mañana siguiente pero su madre no recuperaría ya la conciencia.

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#1) STEVE McQUEEN: THE KING OF COOL

1) Los inicios: de una infancia dura al éxito de “Los siete magníficos”

“Nunca he sabido si McQueen era un gran actor, pero tengo claro que llenaba la pantalla y que yo pagaba por verle”. Esta frase, pronunciada por el crítico de cine Carlos Boyero, se ajusta perfectamente a lo que fue Steve McQueen para el mundo el cine. Un mito, un icono. “The King of Cool”.

Steve McQueen, “The King of Cool”

Nacido Terence Stephen McQueen el 24 de marzo de 1930 en un suburbio de Mineápolis, concretamente en Beech Grove (Indiana, USA), el futuro actor tuvo una infancia marcada por la dureza y el abandono. Huérfano de padre, persona a quien jamás conoció, se crió junto a su alcohólica e inmadura madre. Con tres años se trasladó momentáneamente a Missouri junto a su tío mientras su madre probaba fortuna en Los Angeles. Disléxico y sordo de un oído, McQueen pronto se dio a la delincuencia juvenil. Vista su conducta, a los 14 años fue enviado a un colegio para chicos difíciles, el Junior Boy’s Republic de la localidad de Chino. Se fugó y volvió al reformatorio dos veces. En 1946, con 16 años, volvió a vivir junto a su madre, quien se había comprado un piso con su nuevo novio en Nueva York. La experiencia resultó fallida y Steve acabó por encontrar trabajo como grumete, fugándose finalmente del carguero donde trabajaba cuando atracó en la República Dominicana. Se pasó dos meses ejerciendo de chico de las toallas en un hotel-burdel. Tras conseguir el dinero suficiente para poder pagarse el viaje de vuelta a los Estados Unidos, Steve se pegó todo un año de trabajo en trabajo: obrero en los campos de petróleo de Texas, leñador en Canadá, empleado de una feria ambulante… Finalmente ingresó en el cuerpo de Marines del ejército americano. Su carrera militar duró tres años, tiempo suficiente para cometer todo tipo de tropelías y escándalos. A modo de curiosidad, cabe destacar que la temprana muerte de McQueen (a los 50 años) se debió principalmente al amianto inhalado durante su estancia en el cuerpo.

Steve McQueen, visto por el fotógrafo William Claxton

Tras licenciarse como Marine, Steve se dio unas buenas vacaciones en Myrtle Beach rodeado de mujeres, alcohol y fiesta. Cuando se le acabó el dinero no tuvo otro remedio que volver a Nueva York. McQueen consiguió comprarse un piso en Greenwich Village, pagando el alquiler a base de pequeños trabajos. La futura superestrella no tenía ni agua corriente en casa.  Tras meditar seriamente qué hacer con su vida, Steve, aconsejado por una de sus novias de aquella época, se metió a aprender interpretación en la Neighborhood Playhouse. McQueen se tomó muy en serio el mundillo de la interpretación. Era lo primero que le había importado en su vida. De allí pasó a conseguir una plaza en el Uta Hagen-Herbert Berghof Dramatic School de Manhattan, y finalmente, dio el salto al mítico Actor’s studio. Steve consiguió su primer papel en Broadway en 1956, sustituyendo a Ben Gazzara en la obra a “A Hatful of Rain”. Sin embargo, lo mejor que le pasó a McQueen en aquella época fue conocer a la que sería su primera mujer, Neile Adams, cantante y bailarina en alza. Con ella tendría dos hijos, Chad y Terry. Gracias a Neile Steve conseguiría además a su primer manager, Hillard Elkins, con quien no congenió en un principio.

Steve McQueen en su primer film, “Marcado por el odio”

Tras trasladarse a California y casarse en 1956, Steve consiguió su primer “papel” en el cine: una aparición de apenas unos segundos en la cinta “Marcado por el odio”, protagonizada por la estrella emergente Paul Newman. Desde entonces, la relación entre McQueen y Newman se caracterizó por la competitividad y la envidia. En su primera película, Paul era el protagonista indiscutible y él un mero extra. Se juró a sí mismo que lo acabaría superando. Lo conseguiría dos décadas después en “El coloso en llamas”.

Tras aparecer en la serie “Trackdown” (1958), Steve fue contratado para protagonizar su continuación: “Wanted: Dead or Alive”. Dicho papel le auparía a la popularidad, pero lo que de verdad deseaba McQueen era triunfar en el cine. Tras protagonizar varias cintas de serie B, como “Never love a stranger”, “The Blob” o “Asalto al banco de St. Louis”, el director John Sturges le cambió la vida. Primero le contrató para que interpretase un papel secundario en la película “Cuando hierve la sangre”, film rodado a mayor gloria de Frank Sinatra. La segunda cinta que protagonizó Steve a las órdenes de Sturges fue “Los siete magníficos”, clave en su camino hacia el éxito. Su tercera, “La gran evasión”, lo convertiría ya en una estrella en toda regla.

El western “Los siete magníficos”, remake de la magnífica cinta de Akira Kurosawa “Los siete samuráis”, puede que se trate de una de las películas en las que mejor puede observarse cómo un secundario le roba el protagonismo a la estrella del film. Yul Brynner, actor totalmente consagrado y con un Óscar en el bolsillo, nunca vio con buenos ojos la habilidad que Steve tenía para atraer la atención de la cámara. Era un “roba planos” de libro. Lo mejor es que el resto de actores del reparto se dieron cuenta de las artimañas de Steve y no se les ocurrió mejor idea que imitarle. McQueen sabía que su papel en la película era la gran oportunidad que había esperado todos esos años y no la iba a desaprovechar. De hecho, llegó a fingir un accidente de coche para que la productora Four Stars, quien financiaba la serie “Wanted”,  le diera vía libre.

“Los siete magníficos” con McQueen y Brynner en en centro

Rodada en Cuernavaca, un pueblecito mexicano, el rodaje  de “Los siete magníficos” pronto se convertiría en un campo de batalla. En la escena en la que los siete vaqueros del título tienen que atravesar un riachuelo, con Brynner a la cabeza, Steve se agachó a recoger un poco de agua con el sombrero mientras la cámara le grababa. Charles Bronson, otro intérprete del film, siguió el ejemplo de McQueen y comenzó a desabrocharse la camisa. Brynner se quedó de piedra. Según el director, McQueen se pasó todo el rodaje “cazando moscas”, “moviendo el sombrero” y haciendo todo tipo de trucos con el fin de llamar la atención del espectador. De hecho, se llegó a aislar del resto del reparto. Nada de hacer amigos, había que superarles. Steve se entretuvo durante el rodaje fumando marihuana mexicana, corrigiendo sus diálogos del guión y recibiendo visitas de su mujer.

Steve y Neile

Brynner, al ver que McQueen le comía terreno, intentó atraer la atención sobre su persona quitándose el sombrero en una escena. Su calva consiguió que Steve no le robara ese plano. Sin embargo, McQueen se la devolvió poco después: como Yul era más bajo que Steve, se hizo un montoncito de tierra en una secuencia para elevar su altura. McQueen tenía que dar vueltas a su alrededor mientras decía sus frases. Cada vez que pasaba al lado de Brynner le daba “accidentalmente” una patada al montón de tierra hasta que finalmente consiguió convertirlo en un agujero. Yul llegó a enfadarse tanto por lo ocurrido que ordenó a sus guardaespaldas que vigilaran a Steve. Ya daba igual. McQueen, un chico curtido en la calle y habituado a montar a caballo y utilizar armas de fuego tenía todas las de ganar en una cinta de vaqueros, mientras que Brynner, hombre de ciudad, no se encontraba en su entorno habitual.

McQueen con sus hijos

Para añadir más leña al fuego, la productora United Artists ideó una estrategia para mantener la película en los titulares. Apareció en la prensa un artículo sobre supuestas “diferencias creativas” entre Brynner y McQueen. Eli Wallach, el villano de la película, llegó a afirmar que el rodaje era “una total paranoia mutua”. Yul se enfadó tanto por el artículo que, agarrando a Steve por el hombro, le dijo que “era una estrella consagrada y que no tenía peleas con actores secundarios”. Steve le respondió: “¡Quítame tus asquerosas manos de encima o acabarás en el suelo!”. Como más tarde reconoció Steve, “Yul era un tipo nervioso. Creo que yo representaba una amenaza para él. No monta bien a caballo, y no sabe nada sobre desenfundar y todo eso. Yo sé de caballos. Sé de armas. Yo estaba en mi elemento y él no”. Según el actor James Coburn, “McQueen estaba en su naturaleza. Un niño abandonado siempre lo desafía todo. Y él estaba poniendo a prueba a Yul”.

¿El resultado de todo esto? “Los siete magníficos” pronto se convirtió en un clásico del cine americano, al tiempo que Steve McQueen comenzaba a ser conocido por todo el mundo, y eso que interpretaba un papel secundario. Años después, ciertos compañeros de reparto (Coburn, Bronson y Vaughn) afirmaron que “Steve fue el chico listo de la película. El resto estábamos ocupados odiándole mientras él nos robaba el protagonismo”. “Esa película le convirtió en una estrella porque McQueen le besaba el culo a Sturges, hablaba con él, hacía las cosas a su modo”, llegó a confesar Phil Parslow, publicista de United Artists. “Steve se hizo más grande que todos los integrantes del cast. Más grande incluso que Brynner, porque Yul solo podía hacer una cosa. Steve podía hacer de todo y salir airoso. Estaba en el camino de convertirse en una mega estrella” añadió.

 Steve McQueen estaba en la brecha: había conseguido su primer gran éxito, y todavía quedaba por llegar “La gran evasión”.

Películas que hay que ver antes de morir: “LA GRAN EVASIÓN”

Con este film pretendo iniciar una nueva sección en la que analizar diversos films bajo el título de “Películas que hay que ver antes de morir”. La cinta que he escogido para abrir la lista no podía ser otra que “La gran evasión”, película que me marcó en su tiempo y gracias a la cual me apasiona el cine actualmente. Dicho film, rodado en 1963, cuenta la historia, basada en hechos reales, del intento de fuga de 250 prisioneros aliados del campo de concentración nazi Stalag Luft III durante la II Segunda Mundial. Para ello, “La gran evasión” se basa en la novela homónima del australiano Paul Brickhill, quien fue partícipe de los hechos que en ella se cuentan.

“La gran evasión”
Título original The great escape
Año 1963
Nacionalidad USA
Director John Sturges
Guión James Clavell, W. R. Burnett (Libro: Paul Brickhill)
Música Elmer Bernstein
Fotografía Daniel L. Fapp
Reparto Steve McQueen, James Garner, Richard Attenborough, James Coburn, Donald Pleasence, Charles Bronson, Hannes Messemer, Gordon Jackson, Angus Lennie
Duración 168 min.
Productora MGM/UA
Premios Nominada al Óscar al Mejor MontajePremio al Mejor Actor en el Festival de Cine de Moscú: Steve McQueen

TRAILER

TRAMA

En plena II Guerra Mundial, los nazis deciden construir un campo de concentración en el que agrupar a aquellos prisioneros aliados con un mayor número de tentativas de fuga a sus espaldas. Como dice el coronel von Luger, encargado del campo, se trata de “juntar a todas las manzanas podridas en un mismo cesto”. Sin embargo, lo que no se imaginan los alemanes es que entre los presos están la mayoría de los miembros de la “organización X”, un grupo de reclusos expertos en el arte de fugarse dirigidos por Roger Bartlett (Richard Attenborough). Dicha organización decide planear la evasión perfecta: intentar la huida de 250 prisioneros, todos ellos perfectamente documentados y vestidos para pasar desapercibidos en tierras germanas. Para ello se pone en marcha la construcción de tres túneles, los llamados Tom, Dick y Harry (con el fin de jugar sobre seguro en caso de que los guardias descubran alguno), al tiempo que se las ingenian de la manera más sorprendente para lograr sus objetivos: sacan la tierra del subsuelo del campo en bolsas ocultas bajo los pantalones, entiban con maderos de las camas, le roban la cartera a un guardia con el fin de falsificar diversos documentos oficiales, toman clases de alemán,…. Para ello, “la organización X” recibe la ayuda, entre otros, de los tres americanos del campo, entre los que se encuentran Hendley (James Garner), el “proveedor oficial” de material, y Virgil Hilts, maestro de la huida y rebelde por naturaleza. También colaborarán en la fuga el australiano Sedgwick (James Coburn), “el rey del túnel” Velinski (Charles Bronson) o el falsificador Colin Blythe (Donald Pleasence). Si queréis saber cómo se desarrolla “la gran evasión”, os invito a verla.

COMENTARIO DEL FILM

La “estrella” McQueen y los cambios en el guión

El gran Steve McQueen

La película, a pesar de tratarse de uno de los mejores ejemplos de protagonismo colectivo (todos los grandes actores gozan de un tiempo similar en pantalla), será recordada por la interpretación de Steve McQueen y su espectacular huida en moto por Alemania, justamente una de las pocas cosas del film que no se basa en los hechos reales narrados por Paul Brickhill en su novela. Brickhill, australiano de nacimiento, se encontraba en Túnez pilotando un Spitfire británico cuando fue abatido por los nazis. Estos le internaron en un campo de concentración, el Stalag Luft III, en el que asistió a los primeros preparativos para la espectacular fuga que narra en su novela. Sin embargo, McQueen, a sabiendas de que “La gran evasión” podía ser el título que le catapultase definitivamente al estrellato, exigió que se realizaran diversos cambios en la historia con el fin de lograr un mayor protagonismo. De hecho, el guionista Riley Burnett, afamado escritor de novela negra adaptada al cine (“El pequeño César”, “El último refugio” o “La jungla de asfalto”) tuvo que ser despedido por exigencias del propio McQueen, quien siempre se preguntaba “¿Por qué este tipo de películas, como La gran evasión, no pueden tratar sobre un solo tipo y por qué ese tipo no puedo ser yo?”. Entre los detalles del guión con los que no comulgaba McQueen, quien ya había exigido diversos cambios en su película anterior (“El amante de la muerte”), eran la vestimenta de su personaje (que a la postre se convertiría en elemento característico del mismo) y su escaso peso en la trama. Burnett, resentido, llegó a afirmar que “McQueen era un bastardo. Un tercio de la película descansaba sobre su personaje y cuando llegó quería cambiarlo caso todo. Una locura”. Es más, el personaje de Steve se basa en un prisionero británico, George Harsh, que ni siquiera consiguió escapar. Entre las aportaciones de Burnett que finalmente permanecieron en la historia destacan diversos toques para atraer la atención del público americano: aunque en la realidad la mayoría de los prisioneros del campo fueron británicos o canadienses, Burnett decidió crear los personajes de McQueen (con su inconfundible guante y pelote de béisbol) y James Garner de cara al mercado estadounidense. De hecho, hasta se rodó una escena en la que los prisioneros del campo celebran el 4 de julio sólo por este motivo. Algunos compañeros, como Coburn, consideraron estas “distorsiones históricas” un tanto cómicas. De hecho, el que el sello de identidad de McQueen en el film fuese un guante de béisbol se prestaba a broma teniendo en cuenta que Steve no tenía mucha idea de practicar dicho deporte. El propio Coburn afirmó que “Steve era el tío menos atlético del mundo. Si le lanzabas una pelota lo más probable es que no la cogiera y le tocara ir corriendo a cogerla”. Una vez Burnett se vio fuera del proyecto, el encargado de limar el libreto fue James Clavell.

Un descanso en el rodaje

A pesar de que las exigencias de McQueen puedan parecer propias de un divo (las cuales, en parte, lo son), la repercusión que el film tuvo para su carrera ha acabado dándole la razón: tras darse a conocer al gran público gracias a su papel en “Los siete magníficos” de John Sturges, McQueen no había logrado encontrar un rol que confirmase su estrellato hasta que, en 1963, el guión de “La gran evasión” (también de Sturges) llegó a sus manos. De hecho, se embolsó 400.000 dólares por participar en el proyecto (la mayor retribución de su carrera hasta entonces), sueldo que incluía una bonificación de casi 100.000 dólares por rodar en Europa. Para participar en el proyecto, McQueen rechazó dos proyectos casi cerrados: una adaptación de “La bella y la bestia” para televisión y el papel principal del film “Reajuste matrimonial” de George Roy Hill, rol que acabaría interpretando Tony Franciosa.

McQueen y sus símbolos característicos en el film: jersey azul, pantalones blancos y guante de béisbol

Además de las exigencias de Steve McQueen, las cuales obligaron a variar ligeramente la historia real narrada por Brickhill en su libro, se realizaron otros cambios en pos de una mayor espectacularidad: la fuga tuvo lugar en un campo cercano a Zagan, en Polonia, y no en plena Baviera, además de que las ejecuciones de los presos recapturados no se desarrollaron como se muestran en el film. Sin embargo, son pequeños detalles que para nada hacen desmerecer el nivel del film, si no que lo hacen todavía más grande. De hecho, Louis B. Mayer, mandamás de la MGM, rechazó un primer proyecto del film ya en 1950 al considerar que no tenía nada de grande una evasión en la que el número final de individuos que consiguieron huir era tan bajo, cambiando de opinión más de una década después al ver el nuevo tono que se le había dado a la historia.

La escena de la motocicleta

El salto que hizo famoso a McQueen lo realizó en realidad Bud Elkins

La escena de la huida en moto de McQueen por Alemania, la cual constituye uno de los cambios más evidentes y conocidos de la película respecto a la novela de Brickhill, también tiene su “historia”: aunque McQueen no utilizó dobles para llevar a cabo esta secuencia (bien conocida es su afición a los deportes del motor), sí que es verdad que a la hora de rodar la toma del salto (la más famosa del film) los productores, temerosos de los posibles percances (tanto físicos como legales) en los que podía incurrir McQueen al rodarla, decidieron utilizar un especialista. El elegido fue Bud Elkins, encargado de una tienda de motocicletas en Los Ángeles y gran amigo de Steve. De hecho, se convirtió en su “doble oficial” a lo largo de su carrera, siendo la persecución en coche de “Bullitt” el ejemplo más notable. En compensación por la participación de Elkins en el film, McQueen exigió interpretar al sodado alemán que persigue a su personaje en moto, por lo que Steve acabó persiguiéndose a sí mismo en pantalla. Si no hubiese sido por esta escenas, posiblemente McQueen hubiera rechazado participar en el film.

Escena del salto con la motocicleta (SPOILER para quien no haya visto el film):

El rodaje en Europa

James Garner como el americano Hendley

Con el fin de dotar de una mayor credibilidad a la historia, el rodaje se desarrolló íntegramente en Europa: en Baviera se construyó una copia a tamaño natural del campo Stalag Luft III, mientras que los exteriores se rodaron en los Estudios Bavaria de Munich (Alemania), primero, y en una reserva natural de los alrededores posteriormente. De hecho, una vez finalizada la filmación, la productora de la película pagó la operación de replante de 2.000 pinos que habían resultado dañados durante el rodaje. Las escenas de la motocicleta, por su parte, se grabaron en la frontera entre Austria y los Alpes, mientras que las escenas del tren se filmaron en la línea que une Munich y Hamburgo. Ésta última contó con la presencia en el rodaje de un representante de ferrocarriles que avisaba con antelación a los miembros del equipo técnico del paso de otro tren para evitar errores y rupturas de continuidad en el desarrollo de las escenas.

Otras curiosidades del rodaje

Como dato curioso, cabe destacar que la mayoría de los miembros veteranos del reparto contaban con experiencia real como prisioneros de guerra en la II Guerra Mundial: Donald Pleasance estuvo interno en un campo alemán, Hannes Messemer fue recluido en un campo ruso y Til Kiwe y Hans Reiner fueron hechos prisioneros por los americanos. Por su parte, Charles Bronson, quien da vida al “Rey de los túneles” en el film no tuvo muchos problemas para adaptarse a su papel, ya que había sido minero en su juventud. De hecho, C. Wally Floody, el verdadero “Rey de los túneles”, estuvo presente en el rodaje como consejero, de ahí que no hubiese ningún tipo de duda a la hora de dotar de credibilidad a este personaje. El propio Floody afirmó además que “los exteriores donde se rodó la película eran muy parecidos a los de la zona de Zagan (actual Polonia), lugar donde se desarrollo la verdadera evasión”.

La banda sonora

No me puedo olvidar de la grandísmima banda sonora compuesta por el maestro Elmer Bernstein (y ya comentada en este blog), quien ya había trabajado con John Sturges en el film “Los siete magníficos”. Junto con la escena de la motocicleta puede que se trate de lo más recordado de “La gran evasión”. Aquí os dejo el tema principal del film:

Repercusión de la película y homenajes recibidos

Una vez estrenada la película se convirtió en un éxito inmediato. Todos los miembros del rodaje se aprovecharon del éxito del film de alguna forma u otra, pero, sin duda alguna, fue Steve McQueen quien supo sacar un mayor partido del éxito del film. De hecho, en plena Guerra Fría, los soviéticos le entregaron a McQueen el premio al Mejor Actor en el Festival de Moscú por su interpretación en este film, a pesar de que en el mismo ejercía como un auténtico icono de los típicamente americano. Para ello, McQueen realizó el viaje más largo de su vida en 1965 con el fin de recoger el premio, acompañado de toda su familia, rumbo a la URSS.

En la cultura popular “La gran evasión” ha tenido un gran protagonismo: se han escrito libros sobre el film, creado videojuegos,… De hecho, las referencias abundan por doquier: el film “Chicken Run: Evasión en la granja” es un homenaje continuo, con esas alusiones a McQueen y la pelota de béisbol o las escenas de los túneles.

“Chicken Run”: un homenaje a “La gran evasión”

Los hermanos Zucker y Jim Abrahams aludieron asimismo a “La gran evasión”, recuperando la escena de la motocicleta en su sátira bélica “Top Secret”, y qué decir de “Los Simpson” y el capítulo titulado “Un tranvía llamado Marge”, con Maggie ejerciendo de Steve.

¿POR QUÉ VER “LA GRAN EVASIÓN”?

Teniendo en cuenta que se trata de mi película favorita, me resulta muy complicado abordar este apartado desde un punto de vista no demasiado subjetivo. Sin embargo, el tratarse de uno de los grandes clásicos del cine y uno de los films de aventuras (más que bélico, a pesar de ambientarse en plena II Guerra Mundial) más conocidos y homenajeados de la historia deberían bastar como razones de peso. El excelente plantel de actores, con un soberbio McQueen a la cabeza de un reparto formado por algunos de los mejores intérpretes del momento (Attenborough, Coburn o Garner), junto con la trepidante dirección de Sturges y la pegadiza e inolvidable banda sonora de Bernstein dan lugar a un cóctel perfecto. Las escenas de la persecución en moto, las tentativas de fuga, los días de reclusión en la “nevera”,… y otras muchas secuencias que no tardaron en pasar a integrar el ideario colectivo jalonan el metraje. Si se quiere pasar un buen rato delante de la pantalla, “La gran evasión” es una muy buena opción. Lo dicho, todo un clásico por el que no pasan los años.  Un film que indudablemente hay que ver antes de morir.

SINGIN’ IN THE RAIN: Tema principal de “Los siete magníficos” (1960, Elmer Bernstein)

Los siete magníficos

Aunque muchos no sepan a qué película pertenece este tema musical, la gran mayoría seguro que lo ha escuchado alguna vez y lo relaciona instintivamente con el “western” (sobre todo a partir de que la marca Marlboro lo utilizara en sus anuncios de cigarrillos). Sin embargo, la partitura de “Los siete magníficos” supuso toda una revolución en el cine de “vaqueros”, ya que una composición para gran orquesta no era habitual en este género.

La cinta, dirigida por John Sturges, es un remake americano de la película japonesa de Akira Kurosawa “Los siete samuráis”: si en el film original eran un grupo de samuráis los que tenían la misión de proteger a los humildes habitantes de un poblado de una banda de forajidos, en la versión estadounidense los guerreros nipones son sustituidos por expertos pistoleros y los pueblerinos por campesinos mexicanos. Eso sí, ya que se rodaba el remake de una cinta que ha pasado a los anales del cine se tenía que hacer a los grande. A la hora de contratar al reparto americano la MGM no escatimó en gastos: como figura principal se escogió a Yul Brynner, quien ya había ganado un Óscar por “El rey y yo”. Sin embargo, el protagonismo se lo acabó robando una estrella emergente, Steve McQueen. Según relata Eli Wallach, quien dio vida al jefe de los forajidos, era “muy divertido observar a los dos actores en el set, ya que utilizaban todo tipo de trucos para robarse la escena”. Las pillerías de McQueen eran tan grandes que Brynner acabó quitándose el sombrero en una secuencia con el fin de mostrar su calva, algo que no acostumbraba, y evitar que los espectadores se fijaran en Steve. Intérpretes como James Coburn, Charles Bronson o un debutante Horst Bucholz completan el plantel actoral.

Volviendo a la banda sonora del film, es obligatorio citar al gran artífice de la misma, Elmer Bernstein, quien tres años después compondría el tema musical de “La gran evasión” (de nuevo para el director John Sturges), del que ya he hablado en esta sección. A pesar de su trascendencia, la banda sonora no fue publicada con el estreno del film, sino que tuvieron que pasar más de 30 años hasta que la orquesta sinfónica de Phoenix, con James Sedares a la cabeza, la grabara y comercializara en formato de disco compacto. Bernstein utilizó ritmo mexicanos en su partitura (muy de su gusto según diversas entrevistas), algo totalmente acertado teniendo en cuenta la ambientación de la película.

“Los siete magníficos” fue nominada a la mejor banda sonora en los premios Óscar de 1961, aunque finalmente se fue de vacío. Sin embargo, y a pesar de que la cinta original de Kurosawa podía haber llegado a hacerle demasiada sombra, la cinta de Sturges se ha consagrado como uno de los grandes títulos del western. Eso sí, de sus secuelas, en las que sólo aparece Yul Brynner del reparto original (los demás fueron más listos y vieron que no se podía exprimir de esa forma a la “gallina de los huevos de oro”) mejor ni hablamos.