BIOPICS DE CINE: 6) I’m not there

6) I’M NOT THERE: BOB DYLAN

El verdadero Bob y los “seis Dylans”

Puede que el nombre de Robert Allen Zimmerman no sea muy popular, pero detrás del mismo se encuentra una de las grandes figuras musicales del siglo XX, el también conocido como Bob Dylan. “Like a rolling stone”, “Blowin’ in the wind”, “Hurricane” o “The times they are a-Changin'” son canciones esenciales dentro del folk y de la cultura en general. Todd Haynes, director de films como “Poison”, “Velvet Goldmine” o “Lejos del cielo”, decidió mostrar la vida de este polifacético artista de una forma totalmente atípica: seis artistas encarnarían a Dylan, de ahí que que se trate del biopic más transgresor y curioso de los analizados en este blog.

“Like a rolling stone”

Bob Dylan ya había aparecido en algunas películas en calidad de actor desde que Peckinpah le abrió las puertas al mundo del cine con “Pat Garrett y Billy the Kid” (también compuso la banda sonora, sólo hace falta recordar ese mítico “Knockin’ on heaven’s door” que  a la postre versionaría Guns N’ Roses), pero la relación entre la figura del compositor y el séptimo arte quedará marcada por “I’m not there”. Lo más curioso de todo es que de los seis “Dylans” el más creíble fue interpretado justamente por una mujer, Cate Blanchett (Globo de Oro, nominación al Óscar y Copa Volpi en Venecia, entre otros). Aunque tampoco debería extrañarnos siendo un film con la marca Haynes, ya que, por poner un ejemplo, el actor que interpreta a Bob durante su niñez es negro, con lo que las excentricidades están a la orden del día.

Pero, ¿es sólo un artificio cinematográfico para generar controversia y contribuir al “boca a boca” o de verdad tiene su sentido el haber retratado a Dylan de esta forma?. Según se desprende del film, lo que de verdad quiere conseguir Haynes  con este efecto es mostrar metafóricamente las múltiples “caras” del artista de una forma original. Bob Dylan es uno pero a la vez ha sido muchos: el impostor Woody Guthrie (Marcus Carl Franklin), el espíritu reencarnado de Arthur Rimbaud (Ben Wishaw), el predicador que interpreta Christian Bale, el marido imposible encarando por Heath Ledger, el outlaw solitario versión Richard Gere o el Jude de Cate Blanchett. Todos los “alias” que se utilizan tienen su razón de ser, por supuesto. El Billy de Richard Gere hace referencia a la cinta de Peckinpah comentada anteriormente, mientras que Rimbaud fue un poeta que marcó profundamente al artista de Minnesota, por poner dos ejemplos.

Bob Dylan de niño

El film, por tanto, más que realizar un pormenorizado y completamente fiel retrato de la vida de Dylan persigue mostrar su personalidad a lo largo de los años: su flirteo con la música electrónica, su accidente de moto, la época “Blonde on blonde”, su conversión religiosa o su etapa de marido fallido. No hace falta decir que toda la película aparece acompañada de una excelente banda sonora marca Dylan, con temas como “I want you”, “Mr. Tambourine Man” o la canción que da título al film, “I’m not there”, la cual fue compuesta por Bob en 1967 pero que no salió a la luz hasta el estreno del film. De hecho, ese “yo nunca estuve allí” que da nombre a la película contribuye a reforzar la idea del juego montado por Haynes: una película sobre Bob Dylan en la que no se habla de Bob Dylan.

Cate Blanchett también es Bob Dylan

Personalemente fui a ver la cinta a los cines sin tener mucha idea de la vida del artista que nos ocupa, de ahí que no me atrapara tanto como hubiera deseado. Sin embargo, con el paso del tiempo no me importaría revisarla y de paso ver a Heath Ledger en una de sus últimas actuaciones (de hecho, el estreno del film en España, el cual se retrasó dos años, tuvo en la muerte del actor su filón más importante con el fin de ganar más “espectadores nostálgicos y/o curiosos”). En definitiva, un film diferente, poco convencional y personal. Como las películas que echaban en los cines Renoir. Eso sí, ésta la vi en los Aragonia. Para todos los aficionados a Bob.

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BIOPICS DE CINE: 5) El hundimiento

5) EL HUNDIMIENTO: ADOLF HITLER

Bruno Ganz como Adolf Hitler

Muchas son las películas que han abordado parcialmente la figura de Adolf Hitler, pero ninguna desde un punto de vista “tan humano” como lo hace “El hundimiento”, la gran sensación del cine alemán del 2004. La cinta, basada en las memorias del arquitecto nazi Albert Speer y de la secretaria personal del Führer, Traudl Junge, se centra en los últimos días del dictador austríaco, concretamente en la “Batalla de Berlín”:  la Segunda Guerra Mundial está llegando a su fin y la capital del Tercer Reich se encuentra cercada por el ejército soviético. Hitler, casi senil, aún confía en una victoria completamente utópica.

El lado más humano del Führer

El encargado de dar vida al dictador fue el intérprete suizo Bruno Ganz, quien estudió profundamente el acento del Führer, así como el Parkinson (enfermedad que Hitler sufrió durante sus últimos días) con el fin de preparar a conciencia el papel. De hecho, se trata de la primera película alemana que se centra en la figura del dictador desde el film “Der Letze Akt” (1956), de G. W. Pabst, lo que la convierte en un hito del cine germano. Oliver Hirschbiegel, el director, pretendió cerrar con esta película las heridas abiertas que todavía quedaban en Alemania acerca del tema del nazismo, todo un tabú en ese país, y vaya si lo consiguió (de hecho, la cinta llegó a ser nominada al Óscar, aunque “Mar adentro” le arrebató el galardón).

La figura de Adolf Hitler es tan conocida a nivel mundial (fue el personaje más influyente de 1938 según la revista “Times”) que intentar descubrir algo nuevo con esta entrada resultaría complicado, aunque no estaría de más recordar que este austriaco nacido en 1889 fue ex-combatiente de la Primera Guerra Mundial, escribió “Mein kampf” (libro de referencia para todos aquellos que comparten sus ideas) durante su estancia en la cárcel, fue nombrado canciller de Alemania en 1933, Führer (jefe de estado) en 1934 y que finalmente se suicidó en 1945 al ver perdida la Segunda Mundial. Sus decisiones políticas provocaron el mayor conflicto bélico de la historia y el Holocausto judío, dejando su despiadada dictadura 17 millones de muertos sin contar las bajas militares. Sin embargo, y teniendo en cuenta que este blog trata sobre el séptimo arte, también resulta interesante escribir acerca de los gustos cinéfilos de Hitler,quien era un gran amante del cine: veía un film casi cada día en su sala privada. Es más, algunas de estas películas estaban prohibidas para el público alemán. De hecho, los rumores dicen que llegó a ver “El gran dictador”, cinta de Chaplin en la que se parodia abiertamente su figura. Aunque no han trascendido muchos más datos acerca de sus opiniones sobre el cine, ciertas fuentes afirman que su film favorito era “King Kong”, que también le gustó mucho la película “Tres lanceros bengalíes”, con Gary Cooper como protagonista (se lo confesó al embajador británico Lord Halifax) y que, debido a su pasado como pintor, siguió muy de cerca la obra de Walt Disney (tan retrógrado como él), especialmente la cinta “Blancanieves y los siete enanitos”. Eso sí, Leni Riefenstahl, directora oficial del Tercer Reich (algunas de sus películas, como “El triunfo de la voluntad”, son de obligado visionado según numerosos expertos a pesar de su contenido político) siempre fue su ojo derecho.

El dictador con las juventudes hitlerianas

Volviendo a “El hundimiento”, cabe decir que la película realiza un retrato no sólo de Hitler, sino de todos los grandes mandatarios nazis que acompañaron al dictador durante sus últimos días en el búnker, el cual fue reconstruido en Bavaria Studios. De hecho, estos estudios fueron el lugar en el que se rodó otra película alemana sobre el conflicto bélico del 1939, “El submarino”. A lo largo de sus más de dos horas y media de duración (la versión extendida llega a durar 178 minutos), van desfilando por la pantalla personajes históricos como Joseph Goebbels, Speer, Eva Braun (mujer de Hitler), Göring… A modo de curiosidad, cabe decir que la escena en la que el Führer se enfada con todos sus generales al enterarse del avance soviético ha generado más controversia de la que los productores del film desearían: numerosos usuarios de Youtube la han parodiado, doblando la escena y adaptándola a todo tipo de situaciones (“Hitler se enfada porque Alemania pierde contra España en el Mundial de fútbol”, “el dictador se entera de que Santa Claus no existe”,…). Esto ha llevado a la compañía que distribuyó “El hundimiento”, Constantin Films, a demandar el portal de Youtube y exigir que se respeten los derechos de autor. Por ahora, las medidas que se han adoptado van encaminadas a que no se suban más vídeos de este tipo, aunque la tarea es ardua y difícil.

Hitler con Eva Braun y sus diversos consejeros

Para terminar, cabe decir que “El hundimiento” ha sido, además de una de las más exitosas, una de las películas más caras del cine alemán, llegando a costar 13, 5 millones de euros. La cinta fue vista por más de 480.000 personas durante sus primeros cuatro días en cartel únicamente en Alemania (se estrenó en 400 cines), lo que prueba su gran trascendencia. De hecho, las dos revistas más importantes del país germano, “Der Spiegel” y “Stern”, incluyeron fotos del Führer en sus portadas, algo impensable hasta hace poco. Eso sí, la cinta también generó polémica: dos espectadores fueron arrestados por la policía mientras veían el film, ya que comenzaron a hacer “el saludo a la romana” y proferir gritos a favor del régimen nazi. Además, muchos alemanes se quejaron al ver que “El hundimiento” retrataba el lado más humano de un asesino como Hitler, sobre todo en escenas como en las que aparece comiendo pasta o besándose con Eva Braun.

Eso sí, espero que Hirschbiegel elija mejor sus proyectos a partir de ahora (al igual que otros compatriotas suyos como Henckel von Donnersmarck), ya que su incursión en Hollywood con el film “Invasión” junto a Daniel Craig y Nicole Kidman fue bastante nefasta.

BIOPICS DE CINE: 4) El aviador

Leonardo DiCaprio como el aviador Howard Hughes

4) EL AVIADOR: HOWARD HUGHES

Dejando atrás el fracaso comercial de “Gangs of New York” (que no artístico, ya que en mi opinión es una de las películas que hay ver antes de morir) Scorsese se embarcó en la difícil empresa de plasmar en cine la interesante figura de Howard Hughes, aviador (como indica el título de la cinta), emprendedor de cine (su nombre está ligado a proyectos como “Hell’s Angels” o “The Outlaw”) y millonario en general. Para ello contó con su nuevo actor fetiche, Leonardo DiCaprio, un intérprete muy infravalorado según mi criterio (su papel en “Revolutionary Road” se merecía mucho más respeto crítico del que recibió).

En la cinta, DiCaprio realiza una encarnación brutal de Hughes, al cual retrata en su etapa de esplendor, concretamente entre los años 20 y 40, época en la que salió con actrices como Ava Gardner, Lana Turner o Katharine Hepburn, compró la línea aérea TWA e invirtió una fortuna en fabricar aviones como “El Hércules”.

DiCaprio, Blanchett y Jude Law.... o Hughes, Hepburn y Errol Flynn

Una de las aspectos más difíciles a los que se tuvo que enfrentar DiCaprio fue el de conseguir plasmar de forma verosímil la compleja personalidad de Hughes sin caer en la sobreactuación: Howard padecía un trastorno obsesivo compulsivo (T.O.C.) que nunca llegó a tratarse de forma adecuada. Su enfermedad alcanzaba tales extremos que llegó a recluir en casa a su primera mujer, Ella Rice, lo que la llevó a sufrir claustrofobia y ataques de pánico. Su forma de ser era tan enfermiza que llegó a colocar cámaras de vigilancia en sus residencias con el de fin de mantener siempre controladas a sus parejas. Otros de sus “logros” son haber dejado embaraza a Rita Hayworth (quien abortó), fijarse en Terry Moore cuando esta solo tenía 15 años (4 años más tarde cayó en sus manos), intentarse ligar a Joan Fontaine mientras salía con su hermana, Olivia de Havilland, y aterrizar en medio de un rodaje de Katharine Hepburn sólo para conocer a la actriz. También fue el primer productor independiente, pero esa es otra historia.

Aunque el film se centra más en la faceta de Hughes como aviador (sólo hace falta ver el título), Scorsese, uno de los grandes amantes del cine, intentó hacer un homenaje al Hollywood clásico que tanto adora. De hecho, en pantalla se recrean personalidades como las citadas Ava Gardner o Katharine Hepburn, además de Errol Flynn, Jane Russell o Jean Harlow (Gwen Stefani, la cantante-actriz que la interpretaba, debutó con esta cinta en el mundo del cine). Cate Blanchett lo hizo tan bien como Hepburn, el “gran amor” de Howard, que ganó su primer y por ahora único Óscar (a mi juicio debería de tener unos cuantos más, pero bueno).

El maestro y su nuevo actor fetiche: Scorsese y DiCaprio

Dejando de lado sus conquistas, la cinta también muestra los enfrentamientos de Hughes con Juan Trippe (Alec Baldwin), dueño de la PANAM y principal rival en términos laborales (resulta curioso que DiCaprio interpretara, entre otros, a un aviador de dicha compañía en la cinta de Spielberg “Atrápame si puedes” y que  pocos años después Scorsese le acabara convenciendo para aceptar  el papel de su máximo enemigo en la cinta que ahora nos ocupa) y el senador Owen Brewster (interpretado por Alan Alda, un actor que Scorsese rescató prácticamente del ostracismo brindándole un rol que le haría optar al Óscar al mejor actor secundario).

Sin duda alguna nos encontramos ante un film que, aunque no se encuentra a la altura de las grandes obras de sus director (“Toro salvaje”, “Goodfellas”, “Taxi driver”), ha sido infravalorado por la crítica al igual que el resto de títulos de la carrera más reciente de Scorsese (películas como “Infiltrados”, “Shutter Island” o “Gangs of New York” recibirán el reconocimiento que se merecen con el paso del tiempo). Si bien es cierto que el acontecimiento cinematográfico del año 2004 fue sin duda alguna “Million Dollar Baby” y que los montajes definitivos de las películas que Scorsese ha rodado con el productor Harvey Weinstein (experto en amañar los Óscar) corren ilógicamente a cuenta del segundo, “El aviador” merece más de lo que recibió. Y sobre todo DiCaprio.

BIOPICS DE CINE: 3) MAR ADENTRO

Javier Bardem como Ramón Sampedro

3) MAR ADENTRO: RAMÓN SAMPEDRO

Tras haber analizado dos películas biográficas made in USA, tocaba incluir en esta sección un film y una interpretación de marca nacional. Javier Bardem, tras haber ganado seis premios Goya (por Huevos de oro, Jamón, jamón, Días contados, Boca a boca, Carne trémula y Los lunes al sol), cosechado su primera nominación al Óscar (Antes que anochezca) y participado en una producción hollywoodiense en toda regla (Collateral), se embarcó en un proyecto de gran complejidad: interpretar a Ramón Sampedro, un tetrapléjico gallego que se pasó 25 años luchando para conseguir una muerte digna, la cual terminó llegando en enero de 1998. La cinta, “Mar adentro”, fue dirigida por otro peso pesado del cine español, Alejandro Amenábar: con solo tres películas en su haber ya había trabajado con Nicole Kidman, ganado un Goya y cobrado por un remake americano de su obra.

Javier Bardem con Belén Rueda

Aunque no hay que desmerecer el trabajo del resto del plantel actoral (Belén Rueda, Lola Dueñas,…) el trabajo de Bardem es tan descomunal que merece todos los aplausos. El actor canario se pasó casi las 11 semanas que duró el rodaje tumbado en la cama (incluso se compró un artículo de broma que simulaba el sonido de los pedos para entretenerse durante las larga sesiones de grabación) y se sometió a cinco horas de maquillaje diarias para poder conseguir una transformación creíble. La maquilladora, Jo Allen, consiguió una nominación al Óscar por su magnífico trabajo. El propio Bardem reconoció en una entrevista que era “un problema qué hacer con la energía cuando te pasas seis meses en la cama. Al final tenías que canalizar esa energía a través de la voz, los ojos,…”.

El film consiguió tal repercusión, tanto nacional e internacional, que protagonizó la carrera por los premios más importantes de la temporada cinematográfica 2004-2005: Bardem se hizo con la copa Volpi en Venecia (ya había conseguido dicho galardón por “Antes que anochezca”), el film ganó a nivel nacional la mayoría estatuillas y el Óscar a la mejor película de habla no inglesa del 2005 terminó finalmente en la vitrina de Amenábar (y eso que entre sus rivales se encontraban cintas tan encomiables como “Los chicos del coro” o “El hundimiento”). “Mar adentro” supuso el cuarto Óscar para España tras los conseguidos por “Volver a empezar”, “Belle Epoque” y “Todo sobre mi madre”. Tras la película, la estrella de Bardem siguió creciendo en el panorama internacional (ahí está el galardón por “No es país para viejos” para demostrarlo), Amenábar fichó a Rachel Weisz para su superproducción de “Ágora”, el director de fotografía Javier Aguirresarobe también se pasó al mercado USA con “The road”, Belén Rueda se erigió como una actriz de importancia en el cine nacional más allá de su papel televisivo en “Los Serrano”,… Claramente nos encontramos ante una de las películas más importantes de nuestro cine, no lo olvidemos, y la interpretación de Bardem tampoco.

BIOPICS DE CINE: 2) GANDHI

2) GANDHI: MOHANDAS KARAMCHAND GANDHI

¿Quién es Ben Kingsley y quién es Gandhi?

Para continuar con el reportaje sobre los “biopics” de cine, he decidido hablar en esta ocasión de la memorable caracterización de Ben Kingsley como Mahatma Gandhi. Dejando a un lado que el parecido es increíble, la forma de actuar de Kingsley consigue que, durante unas horas, creamos que es el verdadero Gandhi el que está en pantalla.

La cinta se abre con su asesinato a manos de un extremista hindú, Godse, en Nueva Delhi (1948). Después, el film retrocede en el tiempo para narrarnos las vicisitudes que Gandhi tuvo que atravesar desde que ejercía como abogado en Sudáfrica hasta que se erigió como el principal símbolo en la lucha pacífica por la liberación de la India.

Richard Attenborough, director de la película, soñaba con el proyecto desde hacía varias décadas hasta que a principios de los 80 se puso finalmente en marcha. El que el protagonista fuera Ben Kingsley fue totalmente accidental. Alec Guinness era para el realizador la primera opción, pero los productores preferían a Robert De Niro o Dustin Hoffman (me hubiera gustado ver el resulrado final, la verdad). Otros candidatos fueron Anthony Hopkins, John Hurt, Albert Finney, Tom Courtenay, Dick Bogarde y hasta Richard Burton. Finalmente fue Kingsley (cuyo verdadero nombre es Krishna Bhanji, de origen hindú) quien consiguió el papel, aunque a punto estuvo de ser rechazado.

Aunque el padre de Kingsley, Rahimtalla, quería que fuera médico, a los 19 años ya estaba en el Teatro de Stratford. Su primer trabajo fue de narrador en la obra “A smashing Day”, producida por Brian Epstein, quien al poco tiempo se suicidó. De hecho, Ben había escrito también la música para esa producción y cantaba acompañándose con la guitarra. Lo debía de hacer tan bien que John Lennon y Ringo Starr, que durante una actuación estaban entre bastidores, le dieron la enhorabuena y le dijeron que se dedicara al mundo de la canción.

Ben Kingsley

Tras decidir que se dedicaría a la actuación, Kingsley intentó ir haciéndose un nombre sobre las tablas. Cuando Attenborough convocó una prueba para elegir al actor protagonista de Gandhi, Kingsley consideró que podría ser una buena oportunidad para dar el salto a la gran pantalla…. pero no pasó la prueba. Otro día, Attenborough y sus ayudantes fueron a ver “El sueño de una noche de verano” de Shakespeare en un teatro londinense, siendo uno de los actores principales Ben Kingsley. Nueva oportunidad. A pesar de verle grandes dotes interpretativas, Attenborough sabía que era un perfecto desconocido y que el ser un buen actor en el teatro clásico no era sinónimo de triunfar en la gran pantalla. Sin embargo, el poseer la misma altura que Gandhi (1,73), el pelo moreno con grandes entradas y los ojos oscuros (amén de su capacidad interpretativa) hizo que Attenborough, dejando atrás las dudas iniciales, le diera el papel a Kingsley. En seguida comenzó a prepararse para el rol: comenzó a hablar bastante indio (Kingsley es descendiente de indios y su padre, a pesar de haber nacido en Kenia, controlaba el idioma y le enseñó un vocabulario básico), reunió bastantes fotografías de Mahatma y las pegó en su apartamento, se puso a dieta de carbohidratos (adelgazó 15 kilos) y frecuentaba casas de amigos indios que le mostraban documentales de Gandhi. También conocía varías biografías de él, por supuesto.

Su encarnación de Gandhi fue tan espectacular que Kingsley ganó un Oscar por su gran trabajo. Aunque muchos profetizaron que, dejando a un lado su gran interpretación en el film, no llegaría a nada en el mundo del cine, Kingsley ha demostrado que sus detractores se equivocaban: ha trabajado con Spielberg (“La lista de Schindler”), Scorsese (“Shutter Island”, “La invención de Hugo”), ha vuelto a ser nominado por “Bugsy”, “Sexy Beast” y “Casa de arena y niebla”… Eso sí, a ver quién es capaz de encontrar el parecido que el hombre de la primera foto (tras descubrir quién es Gandhi y quién es Kingsley) posee con el de la siguiente imagen:

Ben Kingsley en una de sus últimas películas: "Hugo"

A propósito, la película entró en el libro Guinness de los récords al reunir en una escena al mayor número de extras de la historia del cine: 300.000 personas se reunieron para grabar el funeral de Gandhi. Ahí es nada.

BIOPICS DE CINE: 1) AMADEUS

Uno de los géneros cinematográficos que más éxito ha tenido a lo largo de la historia del séptimo arte ha sido el “biopic” o el género de las películas biográficas. Meryl Streep, flamante ganadora del Oscar por hacer de Margaret Thatcher es consciente de ello. Michelle Williams y su “semana como Marilyn Monroe” también. Como bien dicen las malas lenguas, todo actor o actriz que desee ganar la estatuilla dorada debe de interpretar a un personaje real con el fin de partir con bastantes posibilidades (y si además posee alguna discapacidad física o mental mejor que mejor, o si no que se lo digan a Colin Firth, Jamie Foxx o Daniel Day-Lewis). Pero… ¿por qué nos gustan tanto los biopics? Una de las posibles razones es que nos encanta cotillear o ver cómo es o ha sido la vida (o parte de la ella) de famosos o personalidades que han marcado la época en la que nos ha tocado vivir. Puede que lo que nos guste sea conocer otros tiempos y lugares. Quizá ambas o ninguna. Unos datos significativos: Napoleón ha aparecido en aproximadamente 196 películas, Drácula en 164 y Jesucristo en 152.

Gracias a los “biopics”, los directores son capaces de abordar diferentes géneros (históricos, drama, bélico,..) mientras que los actores, si lo hacen bien, ya tienen reservado un hueco en la historia del cine. Eso sí, no resultar convincente puede llevarte a ser objeto de las críticas más feroces: a Colin Farrell, por su caracterización como Alejandro Magno, se le llegó a decir que caía en la parodia y en la caricatura, así como el resto del reparto del film. Sin embargo, sólo hace falta recordar al Jake LaMotta de Robert De Niro para darnos cuenta de que una buena (muy buena) interpretación te puede dejar clavado en la butaca. A continuación paso a analizar las películas biográficas con más peso en la historia del cine:

1) AMADEUS: Wolfgang Amadeus Mozart

Tom Hulce como Mozart

Al igual que Malcom McDowell en “La naranja mecánica” o George Chakiris en “West Side Story”, Tom Hulce será recordado esencialmente por una única película: Amadeus. Tras intervenir en algunos productos televisivos, Hulce probó suerte con el cine en 1977, en una película que narraba la muerte de James Dean. Tras otras dos cintas, su gran oportunidad le llegó en 1984 de la mano del director checo Milos Forman: iba a interpretar a Wolfgang Amadeus Mozart en el cine. El film, enteramente rodado en Praga (“conservaba enteramente el sabor del siglo XVIII debido a la ineficacia comunista”, en palabras del director) y basado en la obra de Peter Schaffer, narra la rivalidad existente entre el entonces maestro de cámara del emperador José II de Habsburgo, el italiano Antonio Salieri (F. Murray Abraham), y Mozart, “la encarnación misma de Dios” en palabra del anterior.

La película comienza y termina de la misma forma: se nos muestra a un envejecido Salieri encerrado en un manicomio, convencido de que fue él el que asesinó a Mozart. Aunque no en un sentido literal, sí que es cierto que fue Salieri quien intentó hacerle la vida imposible a su rival hasta llevarlo a la tumba.

En lo referido a los premios, “Amadeus” fue galardonada con ocho Óscars. Curiosamente, fue Murray Abraham por interpretar a Salieri quien se llevara la estatuilla a mejor actor principal y no Hulce, quien se tuvo que conformar con un nominación a la mejor interpretación de reparto. Justamente este dato muestra cuál es la intención de la película: contar la vida de Mozart desde el punto de vista de su antagonista.

Dejando a un lado los méritos de “Amadeus”, la interpretación de Hulce fue ampliamente elogiada, aunque también cuenta con  un número significativo de detractores: el hecho de caracterizar a uno de los mayores genios de la música como un niño repelente y ridículo (amén de su “peculiar” risa) molestó a ciertos críticos a pesar de que existan indicios sobre la personalidad de Mozart en esta dirección.