FAMOSOS POR UN DÍA: el reparto de la trilogía original de “Star Wars”

“Star Wars” es una de las sagas más famosas de la historia del cine (refiriéndome exclusivamente en este artículo a los tres primeros films), pero… ¿qué ocurrió con sus actores? Exceptuando a Harrison Ford, quien sí supo sacarle provecho al éxito de la saga galáctica, el resto de actores, por unas causas u otras, no volvieron a conocer el estrellato. Esto hace que sean idóneos para protagonizar la segunda entrega de “famosos por un día”:

¿Mark Hamill o Luke Skywalker?

Mark Hamill en plena juventud

Mark Hamill, nacido el 25 de septiembre de 1951 en Concord, California (USA), tuvo que mudarse frecuentemente de domicilio durante su infancia debido al trabajo de su padre, capitán de la marina estadounidense. Así, California, Virginia, Nueva York y Japón vieron crecer a este americano que con el paso de los años se convertiría en Luke Skywalker.

Tras estudiar interpretación en la Universidad de los Ángeles comenzó a aparecer en series televisivas, siendo la primera de todas ellas “El show de Bill Cosby” (1970). Continuó apareciendo en otras muchas como “Cannon” (1971), “El FBI” (1972) o “General Hospital” (1972-73), consiguiendo aparecer en esta última durante toda una temporada. En 1973 realizó una audición para poder participar en el film de George Lucas “American Graffiti” (el cual sería una de las sensaciones del año). No lo cogieron, pero Lucas se volvería a fijar en él en 1977 para su superproducción “Star Wars” tras toda una década participando fugazmente en productos para la pequeña pantalla (como “Las calles de San Francisco” junto a Michael Douglas). En los tres primeros films de la saga (“La guerra de las galaxias”, “El imperio contraataca” y “El retorno del Jedi”) interpretó a Luke Skywalker, el papel que le marcaría de por vida.

Hamill caracterizado como Luke Skywalker

A parte de esta famosa saga, su carrera no volvió a conocer éxito alguno. De hecho, hasta sufrió un grave accidente de moto que le desfiguró parcialmente el rostro: tuvieron que reconstruirle la nariz tras salirse con su BMW de la autopista (de hecho, las malas lenguas dicen que la escena del ataque del Wampa en “El imperio contraataca” se rodó para justificar las cicatrices de Hamill). Para reponerse de su accidente, Mark tuvo que someterse a operaciones dentales. Sin embargo, no todo iba a ser mala suerte: gracias a las mismas conoció a Marilou York, su higienista dental y futura mujer (se casaron en 1978).

“Correrías de verano” (1978), una comedia dirigida por Matthew Robbins, “Uno rojo división de choque” (1980), el film bélico de Samuel Fuller por excelencia, protagonizado por Lee Marvin y Robert Carradine, o “Britannia Hospital” (1982), cinta de Lindsay Anderson protagonizada por Malcolm McDowell (curiosamente el primero de la lista de “famosos por un día”) son algunas de las películas que Mark Hamill rodó en su “época de esplendor”.

Un Hamill muy desmejorado en la actualidad

Tras un período retirado de la gran pantalla, regresó en los 80’s con “Slipstream: la furia del viento” (1989), un film totalmente fallido de ciencia-ficción. La mayoría de sus proyectos posteriores salieron directamente a la venta en los videoclubes. Sin embargo, Hamill logró cierto éxito (algo que los espectadores españoles no hemos podido contemplar) interpretando musicales en Broadway (como “El hombre elefante” o “Amadeus”) y en su faceta de doblador (puso voz al Joker en la versión animada de “Batman”). Eso sí, para número musical el que interpreta en un capítulo de “Los Simpson” en el que parodian su figura (y en sale caracterizado como Luke). Su última intervención “con cierto renombre” fue su cameo en la cinta “Jay y Bob el silencioso contraatacan” (2001), conque ya os podéis figurar el estado de su carrera actual.

Por todo lo dicho, Mark Hamill constituye un nuevo ejemplo de “gloria efímera” que será recordado por el público, pero sólo por un papel: su Luke Skywalker en los tres primeros films de la saga “Star Wars”.

Carrie Fisher, la eterna “princesa Leia”

Carrie Fisher en “El retorno del Jedi”

Carrie Fisher, la futura “Princesa Leia”, nació el 21 de octubre de 1956 en Los Angeles, USA. Hija de artistas (sus padres son el cantante Eddie Fisher y la actriz Debbie Reynolds, conocida por películas como “Cantando bajo la lluvia”), Carrie no tuvo una infancia que podamos calificar de ejemplar: su padre Eddie abandonó la familia cuando Carrie contaba sólo con tres años de edad y su hermano Todd sólo con uno para casarse con Elizabeth Taylor. Posteriormente, Debbie Reynolds se casaría con Harry Karl, un hombre 25 años mayor que ella que acabó emborrachándose y apostando con el dinero de la familia y trayendo prostitutas a casa. Nueva decepción. Una vez superados los “problemas” de la infancia, Carrie, como no podía ser de otra manera, comenzó a interesarse por la actuación, apareciendo junto a su madre Debbie en diversos espectáculos. De hecho, hasta viajó una temporada a Londres para tomar clases de interpretación (concretamente en el London’s Central School of Speech and Drama). En 1975 debutó en la gran pantalla con el film “Shampoo”, protagonizado por estrellas de la talla de Warren Beatty, Julie Christie y Goldie Hawn. Su siguiente film, en 1977, sería ya “La guerra de las galaxias”. Con sólo 21 años, conoció el éxito de forma repentina, siendo invitada a participar en el afamado programa de la TV USA “Saturday Night Live”, donde conoció a su futuro marido, Paul Simon (el famoso integrante del grupo Simon & Garfunkel), y también a otros artistas como John Belushi. Sin embargo, estas compañías no le hicieron mucho bien, ya que por culpa de las mismas comenzaron sus problemas de adicción a las drogas. Cuando rodó la cinta “The blues brothers: granujas a todo ritmo” (1980) no hacía más que drogarse con Belushi, algo que le pasó factura a la hora de rodar la última entrega de “Star Wars”, en la que apenas podía memorizar las frases del guión. Tras rodar las tres primeras películas de “la guerra de las galaxias”, Carrie sufrió serias depresiones debido a su divorcio de Paul Simon, el consumo de drogas, diversos enfrentamientos familiares y la caída de su popularidad (su único film potable de esta etapa fue “Hannah y sus hermanas”). Todo ello hizo que en 1985 sufriera una sobredosis, siendo internada en un centro de rehabilitación de inmediato.

Carrie Fisher en la actualidad

Mientras se recuperaba, Carrie decidió escribir un libro, “Postales desde el filo”, en el que narra de forma autobiográfica la historia de una actriz que lucha contra las drogas a la vez que intenta continuar con su carrera. La novela conoció un gran éxito, siendo llevada al cine por Mike Nichols en 1989 con Meryl Streep y Shirley MacLaine en los papeles protagonistas. Viendo que su faceta como escritora no se le daba nada mal, volvió a escribir una novela en 1990, “Surrender the Pink”, en la que narraba su historia con Paul Simon. A principios de los 90’s, Carrie contrajo matrimonio con Bryan Lourd, padre de su hija Catherine. Sin embargo, el romance solo duró dos años, ya que Lourd abandonó a Carrie para irse a vivir con un hombre.

Tras cicatrizar todas las heridas abiertas, Carrie continuó escribiendo (en 1993 publicó “Desilusions of Grandma”) a la par que seguía apareciendo en cine con cintas como “Austin Powers” (su primer film en cinco años) o “Scream 3”.

David Prowse, un Darth Vader sin voz ni rostro

Prowse, el Darth Vader inglés

Aunque fue James Earl Jones quien pasase a la historia como la “voz” de Darth Vader (doblándole en España Constantino Romero), David Prowse, nacido en Bristol el 1 de julio de 1935, es quien de verdad se enfundó el traje de Vader. De hecho, el propio Prowse no fue informado de que su voz iba a ser doblada hasta el mismo momento del estreno del film (decisión acertada por otra parte, ya que a David Prowse se le conocía en el rodaje por el nombre de “Darth Farmer”, debido a su acento poco intimidante de granjero inglés). Para más inri, la escena en la que Vader muestra por fin su rostro al final de “El retorno del Jedi” no fue interpretada por Prowse, sino por Sebastian Shaw.

Lo más curioso del caso de Prowse es que, mientras que otros actores de la cinta siguieron trabajando a pesar de no intervenir en productos de calidad, David no volvió a aparecer en ningún film más desde la tercera entrega “galáctica”, aparte de dos cintas bastante recientes y totalmente intrascendentes (“The kindness of strangers” en el 2010 y “Open Mic’rs” en el 2006).

Sin embargo, Prowse sí que había desarrollado una carrera de cierta relevancia hasta la llegada de “Star Wars”: debutó en la gran pantalla en la parodia de James Bond “Casino Royale” tras haber intervenido en las series “El Santo” o “Doctor Who”. Continuó su carrera con títulos como “Horror de Frankenstein” (1970) o “La naranja mecánica” (1971), el mítico film de Stanley Kubrick. Eso sí, la saga de George Lucas fue su tumba cinematográficamente hablando, aunque aún sería recompensado con la Orden del Imperio Británico en el año 2000 por su esfuerzo cívico (en el Reino Unido es muy conocido por su papel en la campaña educativa “El hombre verde”).

Peter Mayhwe, el gigante que dio vida a Chewbacca

El estrafalario Mayhew junto al papel de su vida

El nombre de Peter Mayhew (19 de mayo de 1944, Londres) seguramente dirá poco a una gran parte de los amantes del cine, pero este inglés de dos metros y 22 centímetros hizo de Chewbacca en la saga de George Lucas. De hecho, el que Mayhew acabase en el mundillo del séptimo arte fue una coincidencia total, ya que en 1976 trabaja como asistente en el Hospital King’s College de Londres cuando el productor de cine Charles Schneer lo llamó para actuar en la cinta de Ray Harryhausen “Simbad y el ojo del tigre”. Un año después ya estaba interpretando a Chewbacca en “Star Wars”. Su carrera termina aquí, pero supo sacar provecho de las ganancias recibidas para poner en marcha varios proyectos, como una compañía de cabeceros de cama.

Kenny Baker, el hombre de poco más de un metro que hizo de R2D2

Baker, el famoso R2D2

Si Mayhew fue un gigante, ahora pasamos a hablar de Kenny Baker (24 de agosto de 1934, Birmingham), un actor que apenas llega al metro y diez centímetros de altura. Su papel en la saga no podía ser otro que el del robot R2D2. Eso sí, a diferencia de los anteriores su carrera no se quedó anclada en la saga galáctica, si no que intervino en otros films conocidos como “Flash Gordon” (1980), “El hombre elefante” (1980), “Vestida para matar” (1980), “Los héroes del tiempo” (1981), “Amadeus” (1984), “Mona Lisa” (1986) o “Dentro del laberinto” (1986). Además, Baker fue de los pocos actores que han aparecido tanto en la antigua trilogía como en la nueva, siendo rescatado por Lucas para seguir interpretando al famoso R2D2 en pleno siglo XXI.

Anthony Daniels, la pareja de baile de Baker

Daniels y “su C-3PO”

Por último, cabe reseñar la carrera de Anthony Daniels (21 de febrero de 1946, Salisbury, Inglaterra), quien formó junto al mencionado Baker una de las parejas más famosas del cine. Sí, Daniels fue el intérprete que se metió en el cuerpo de C-3PO. De formación shakesperiana, Daniels no había debutado en la pantalla grande hasta que Lucas le ofreció participar en “Star Wars”. Aunque su carrera cinematográfica no fuese más allá de la saga (sus otros proyectos “reseñables” son ponerle la voz a Legolas en la versión animada de “El señor de los anillos” o protagonizar la película de terror “Yo compré una moto vampiro”), Daniels puede enorgullecerse de que, junto a Mayhew y Baker, es el único actor en participar en todas las películas de la saga galáctica.

Con este reportaje he prentendido arrojar luz sobre el devenir de las carreras de los principales estandartes de los primeros “Star Wars”. Una vida en la que han llegado a conocer el éxito… pero sólo por una saga.

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NO TODOS LOS “REMAKES” FUERON TAN MALOS

Se conoce como “remake” a las nuevas versiones cinematográficas que se realizan de películas ya existentes (para el presente artículo voy a obviar las adaptaciones realizadas de series de TV, tele-films o similares). El primero del que se tiene noticia data de 1904 y es “The great train robbery”, producido por la compañía Lubin, una nueva versión (prácticamente idéntica) del gran éxito rodado sólo seis meses antes por Edwin S. Porter, “Asalto y robo de un tren”.

Personalmente no estoy a favor de que se realicen este tipo de “adaptaciones” o “nuevas versiones” (eufemísticamente hablando), ya que se tiende a caer en una espiral de mediocridad y copia que puede llegar a acabar con la originalidad. Más o menos es lo que está ocurriendo en el Hollywood actual, donde la alarmante falta de ideas lleva a adaptar todo tipo de éxitos extranjeros, como es el caso de “Millenium”, “La cena de los idiotas” o infinidad de productos asiáticos, amén de los propios clásicos norteamericanos (la copia plano por plano que Gus Van Sant realizó del film de Hitchcock “Psicosis” en 1998 da buena fe de este tipo de prácticas). Sin embargo, cada cierto tiempo aparecen “remakes” que responden a las expectativas generadas y que, en determinados casos, pueden llegar a superar el material original. ¿Sabían que Al Pacino no fue el primer Tony Montana del séptimo arte? ¿Y que “Ben-Hur”, ganadora de la friolera de 11 Óscars, es un “remake”? Veamos cuáles son aquellas adaptaciones o nuevas versiones que sorprendieron a propios y extraños:

La carrera de cuadrigas en la versión de 1925 y en la de 1959

Ya que he citado el film de William Wyler “Ben-Hur”, me decido a comenzar hablando de esta mastodóntica producción de 1959 que, a pesar del paso de los años, sigue manteniendo el récord de premios Óscar recibidos (honor compartido con “Titanic” y “El señor de los anillos III”, todas ellas con 11 estatuillas). Este péplum, que narra la vida de Judá Ben-Hur, hijo de una familia noble de Jerusalén durante los reinados de los emperadores romanos Augusto y Tiberio, se basa a su vez en un film homónimo de 1926. En aquella cinta el protagonismo recaía en Ramón Navarro en vez de en Charlton Heston, mientras que Messala, amigo y posterior rival de Ben-Hur, era interpretado por Francis X. Bushman (en la versión de 1959 es Stephen Boyd quien interpreta dicho papel). El film de los años 20, considerada la película en blanco y negro (y muda) más espectacular de cuantas se han rodado, fue dirigida por Fred Niblo y se basó en la novela del General Lew Wallace “Ben-Hur”. A modo de curiosidad, cabe decir que también tiene su particular escena de cuadrigas. Por último, es preciso señalar que aún existe un “Ben-Hur” anterior producido por Kalem Pictures, el cual data de 1907, aunque Wyler tuvo en cuenta el film de 1926 para desarrollar su versión de la historia y no esta película desconocida de principios de siglo.

“Los diez mandamientos”: tanto la versión en blanco y negro y muda como la de 1956 están dirigidas por Cecil B. DeMille

Siguiendo con la filmografía de Charlton Heston, observamos que otro de sus films más famosos, “Los diez mandamientos” (1956), también es un “remake”. Lo más curioso de esta película bíblica es que su director Cecil B. DeMille también dirigió la versión anterior en blanco y negro, la cual data de 1923 (y por tanto muda). Las siete nominaciones al Óscar y el premio a los mejores efectos especiales (amén de un reparto formado, además de por Heston,  por estrellas de la talla de Yul Brynner, Edward G. Robinson o Yvonne De Carlo) confirman el mayor éxito de la versión de 1956, un clásico instantáneo.

Claudette Colbert hizo de Cleopatra, pero los espectadores siempre recordarán a Elizabeth Taylor

Sin dejar atrás el género histórico, cabe hablar de “Cleopatra” (1963), una de las películas más conocidas del cine a la par que accidentada.  Si la versión de los 60’s la dirigió Joseph L. Mankiewicz, el film original (de igual nombre), de 1934, contó con la dirección de Cecil B. DeMille, anteriormente citado y maestro en producciones de estas características. En la versión muda, la Reina de Egipto contó con los rasgos de Claudette Colbert, pero quién puede olvidar a la Elizabeth Taylor del film de Mankiewicz. Sin embargo, estas actrices no son las únicas que han dado vida a Cleopatra, si no que la lista es bastante amplia: Florence Lawrence (1908), Helen Gardner (1912), Giovanna Terribili Gonzales (Italia, 1913), Lydia Borelli (Italia, 1913) o Theda Bara (1917) en la época del cine silente, o intérpretes de la talla de Vivien Leigh (“César y Cleopatra”) o Sofia Loren (“Las noches de Cleopatra”) con la llegada del sonido hicieron lo propio.

Paul Muni o Al Pacino: ambos son “Scarface”

Dejando de lado las películas “de romanos”, cabe decir que el “remake” es una práctica que afecta prácticamente a todos los géneros cinematográficos. Dentro del cine “de mafiosos”, el ejemplo más famoso es sin duda alguna “Scarface” o “El precio del poder” (dirigido por Brian De Palma), película de 1983 que adapta el film de Howard Hawks “Scarface, el terror del hampa” (1932). Sin embargo, las comparaciones no son tan odiosas entre estos films debido a los cambios que introduce el film de De Palma: traslada la vida del gángster italoamericano Tony Camonte de la “Gran Depresión” a los años 80’s, al tiempo que le cambian la nacionalidad a cubano. Eso sí, la violencia que destila el personaje de Pacino choca con el carácter infantil de la actuación de Paul Muni (también eran otros tiempos) en la versión de principios de los 30’s, todo un clásico por otra parte.

Scorsese tuvo que “remakear” una película de Hong Kong para ganar su primer Óscar

Los “remakes” nombrados demuestran que hasta los grandes directores se prestan a adaptar obras anteriores, y si no que se lo digan a Scorsese: el director de Little Italy ganó su primer (y único por ahora) Óscar por el film “Infiltrados” (2006), una nueva versión de la película de Hong Kong “Infernal Affairs” (2002).

Robert Mitchum hizo un Max Cady excelente, pero la interpretción de De Niro ha pasado a los anales del cine

Tampoco hay que olvidarse de De Niro y su escena del “abogado” en “El cabo del miedo” (1991), historia rodada anteriormente en 1961 por J. Lee Thompson con Gregory Peck en el papel de Nick Nolte y Robert Mitchum haciendo de Max Cady (curiosamente, Scorsese los consiguió fichar para su particular versión de la historia, aunque cambiando los papeles: el que hacía de malo ayuda al bueno y viceversa). Para acabar con Scorsese, cabe decir que “La edad de la inocencia” (1993) también es una adaptación de los films homónimos de 1924 y 1934, aunque sin duda alguna es la versión de Martin la que más se recuerda.

El cine musical también ha sido producto de “remakes” (algunos de ellos desconocidos por el gran público). “Sonrisas y lágrimas” (1965), mítica película sobre la familia Trapp ganadora de 5 Óscar tuvo dos precedentes alemanes, “Die Trapp Familie” (1956) y “Die Trapp familia in Amerika” (1958). Lógicamente la versión USA se basa en el film del 56, ya que el siguiente narra el periplo de los Trapp por Estados Unidos. Otros films como “My fair lady” o “Gigi” adaptan versiones musicales, pero no constituyen “remakes” de films ya existentes.

La obra maestra de Murnau y la versión de Herzog, dos exponentes del cine alemán. Todo queda en casa.

Las películas de terror también son muy dadas al “remake” aunque, a diferencia de otros géneros, pocas veces suele salir bien la jugada. El film de Werner Herzog “Nosferatu” (1978), con Klaus Kinski e Isabelle Adjani es una digna versión de la obra maestra homónima de Murnau, con Max Schreck en el papel protagonista y filmada en 1922. Dejando de lado el terror puro y duro, los “thrillers” y cintas de suspense también han sido muy “remakeadas”, y si no que se lo digan a Hitchcock, quien rodó la versión USA de sus éxitos “british” “El hombre que sabía demasiado” (película de 1956 que añadió a la versión de 1934 el Technicolor y la canción de Doris Day “Qué será, será”) y “39 escalones” (de 1959, basada en la cinta homónima de 1935).

El “Rat Pack” de Sinatra y la “cuadrilla” de amigos de Clooney: ambos son los “Ocean’s eleven”

El género de aventuras también hace uso de estas prácticas, con films como “Rebelión a bordo”(1961), con Marlon Brando a la cabeza y que “remakea” la versión de 1935 con Clark Gable, la cual ganó el Óscar a mejor película, o “The italian job” (2003), que versiona el film de 1969 “Un trabajo en Italia”, con carrera de “minis” incluida. Tampoco me podía dejar en el tintero “Ocean’s eleven”, film que George Clooney, Brad Pitt y compañía llevaron a cabo en el 2001… copiando a Frank Sinatra y el “Rat Pack”, el “grupo de colegas” por excelencia durante los años 60’s, quienes hicieron “La cuadrilla de los once” (1960).

Por último, cabe decir que también existen determinados “remakes” rodeados de polémica. “El cartero siempre llama dos veces” (1981) versiona el clásico de Tay Garnett de 1946. Sin embargo, mientras que la versión de los 40’s es casta y pura, Jack Nicholson y Jessica Lange, quienes protagonizan la nueva versión, debieron de hacer el amor realmente para rodar ciertas escenas, conque figúrense. Por unas cosas o por otras, la versión de los 80’s será más recordada. Lo mismo cabe decir de “Las amistades peligrosas” (1988), film mucho más libertino que la original cinta francesa, “Relaciones peligrosas”, de 1959.

“El cartero siempre llama dos veces”: una versión más puritana y la otra más desenfrenada

En definitiva, no siempre los “remakes” son sinónimo de “copia barata” o “productos de serie B” visto lo visto, aunque la proporción de cintas de calidad o que superen las versiones originales, pese a quien le pese, no es tan abundante. La falta de ideas, la necesidad de actualizar historias que se han quedado anticuadas, el ganar dinero vendiendo un material ya conocido por el público,… son razones que influyen en el rodaje de los “remakes”, aunque, personalmente, prefiero las historias originales y diferentes. Eso sí, si las nuevas versiones alcanzan el nivel de los films aquí reseñados por mi perfecto, aunque es más complicado de lo que parece.

FAMOSOS POR UN DÍA: Malcolm McDowell, el Alex DeLarge de “La naranja mecánica”

Con esta entrada pretendo iniciar un ciclo en el que hablar de actores/actrices que rozaron el estrellato gracias a una sola película (o un número reducido de films), volviendo rápidamente a rodar producciones de serie B o cayendo directamente en el olvido. El primero de esta retrospectiva, por ser el ejemplo más claro, es Malcolm McDowell, el Alex DeLarge de “La naranja mecánica”.

Malcolm McDowell

Este actor de Yorkshire, nacido Malcolm John Taylor, comenzó su carrera sirviendo copas en el pub de sus padres para pasar posteriormente a vender café. Tras realizar diversos trabajos como actor en series televisivas, debutó finalmente en la gran pantalla con la película “If…” en 1968 (sus escenas en el film “Poor Cow”, del 67, fueron finalmente eliminadas). La cinta se alzó con la Palma de Oro en el festival de Cannes, además de convertirse en uno de los films-referencia del cine británico de los 60-70 (lo que se conoce como el Free Cinema). Eso sí, fue criticado por su “violencia inusitada para la época”, aunque nadie imaginaba el revuelo que se iba a armar con sus siguientes films.

Alex y la “ultraviolencia”

Este debut hacia presagiar una brillante carrera del joven McDowell, sobre todo cuando tres años después Stanley Kubrick le llamó para protagonizar su particular adaptación de la novela de Anthony Burguess “La naranja mecánica” (habiendo protagonizado sólo dos films más, “Caza humana” y “The raging Moon”, totalmente intrascendentes). Su actuación en la película fue tan impresionante (sólo hace falta ver la cultura popular que se ha formado en torno a “La naranja mecánica”), que McDowell nunca pudo sobreponerse a tal éxito. Durante mucho tiempo el público no fue capaz de separar el personaje de Alex de su persona, de ahí que no encajara en los diversos papeles que interpretó. En otras palabras, hablamos del típico ejemplo de actor excesivamente encasillado por una actuación (como casi le ocurre a Sean Connery con su James Bond). Eso sí, tampoco le faltó nunca trabajo. De hecho, volvió a trabajar con Lindsay Anderson, realizador de “If…”, en la película “Un hombre de suerte”. También apareció en “Calígula”, film que muchos consideran su hecatombe artística definitiva debido al revuelo que generaron sus escenas de sexo explícito. Fue tan criticado por ellas que llegó a calificarse de película pornográfica, tema todavía tabú en 1979.

McDowell como Calígula

Esta cinta sobre el César más impopular de Roma puede que sea su otra “gran polémica” dejando de lado el film de Kubrick, aunque sin alcanzar el nivel de “La naranja mecánica” en lo que a calidad cinematográfica se refiere. De hecho, ni siquiera se acercó. Dicho esto, ¿merece la pena sacrificar toda una carrera artística (en el buen sentido de la palabra) por conseguir un papel tan jugoso como el de Alex en “La naranja mecánica”? Las respuestas serían muy variadas sin duda, pero como reconocía Malcolm en una entrevista que le realizó el diario “El País”, crearon un mito, algo que solo está al alcance de unos pocos. “Cuando rodábamos teníamos conciencia de que hacíamos algo bueno, pero nunca imaginé que marcaría un hito”, en palabras del propio actor. También tiene comentarios para Kubrick, cuyo carácter meticuloso ha criticado en varias ocasiones. Según McDowell, era un excelente director (no cabe duda), pero, aunque resulte paradójico, no sabía dirigir a los actores. Cuando le preguntaba algo a Kubrick, éste siempre le respondía “yo no soy de la escuela de arte dramático”, a lo que McDowell replicaba “¿ves lo que pone aquí?, director S. Kubrick”.

Kubrick y McDowell en el set de “La naranja mecánica”

Dejando de lado los “rifirrafes” entre actor-realizador (el ingenuo Malcolm creía que después de “La naranja mecánica” le uniría con Kubrick una relación como la que mantenía con Lindsay Anderson, hecho que hubiese cambiado seguramente su carrera), McDowell tuvo que seguir adelante con su vida. “Star Trek VII”, “El juego de Hollywood” (film de Robert Altman en el que se interpreta a sí mismo), “The passage”, “Asesinato en Beverly Hills” o la recientemente oscarizada “The Artist” (tampoco hay que engañarse, ya que los minutos durante los que sale en pantalla pueden contarse con los dedos de la mano) jalonan su currículum. Viendo su filmografía, su inclusión dentro de esta retrospectiva de “estrellas por un día” queda claramente justificada. De hecho, su carrera reciente está básicamente marcado por los productos de serie B o directamente estrenados en videoclub.

En lo que se refiere a su vida privada, Malcolm estuvo casado con Margot Bennett desde 1975 a 1980, contrayendo matrimonio posteriormente con Mary Steenburgen, con quien rodó “Los pasajeros del tiempo” (ganadora de un Óscar por “Mevin y Howard” y mítica mujer de Doc en “Regreso al futuro III”). Tras divorciarse en 1990, Malcolm volvió a casarse (por tercera y última vez) con Kelley Kuhr, con quien tiene tres hijos en común (a los que hay que sumarle los dos que tuvo con Steenburger).

Alex DeLarge, el personaje que siempre ha marcado a McDowell

En definitiva, y dejando de lado éxitos/polémicas como “If…” o “Calígula”, la figura de Malcolm McDowell dentro del cine se puede reducir a su Alex de “La naranja mecánica”. Sin embargo, ser conocido por una de las mejores películas de la historia, que llegó a ser prohibida en el reino Unido por “violenta y subversiva” (sobre todo después de que bandas de jóvenes recrearan las escenas del film en la vida real), que ha sido homenajeada-parodiada por personalidades tan dispares como Madonna, David Bowie o Matt Groening en “Los Simpsons” y que se adelantó probablemente treinta años a su estreno (si no más),…. no está nada mal, ¿no?

CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA: Los cines Renoir echan el cierre en Zaragoza y en Palma de Mallorca

¿Lo rentable es lo único que vale la pena?

Tal y como explicaron en su comunicado de prensa del día 26 de abril de 2012, los cines Renoir cierran tanto en Zaragoza como en Palma de Mallorca debido a diversos factores, entre los que se encuentran “el descenso de los espectadores, la competencia del cine comercial y una estrategia comercial deficitaria”. Los cines Renoir Audiorama de Zaragoza presentaron un ERE de extinción para toda la plantilla, formada por un total de 7 personas. Los Renoir Palma han tenido que seguir el mismo camino. Según comunicaron los propietarios de esta cadena de salas a través de diversos medios, entre los que se encuentra Twitter, “lamentan que aquellos amantes del buen cine que acudían semana tras semana a las proyecciones se hayan visto privados de estas propuestas cinematográficas más alternativas”. Sin embargo, han querido despedirse de una forma digna y conservando el respeto ganado con los años, “sin deber dinero a la seguridad social, a los trabajadores y a los proveedores”. Ocho años de pérdidas son insostenibles, le pese a quien le pese. A modo de apunte, sabed que las últimas proyecciones se llevarán a cabo el 10 de mayo.

Cines Renoir Audiorama, Zaragoza

Personalmente, es una noticia que me afecta de forma más o menos directa, ya que los Renoir Audiorama de Zaragoza eran unos cines que solía frecuentar con asiduidad, la mayor parte de las ocasiones junto a mi padre. Es una pena que en la quinta ciudad de España no se puedan mantener este tipo de actividades artísticas y más alternativas. Aquí vuelve a entrar el debate de si vale la pena subvencionar eventos que generan un gran valor añadido cultural, como es el caso, a sabiendas de que van a tener pérdidas.

Indiganción vía Twitter

Si no fuera por estas salas (hablo del caso de Zaragoza ya que es el que conozco de primera mano) no habría tenido acceso a ciertos productos fílmicos de gran calidad y que con el tiempo me han marcado como aficionado al cine. En los Renoir he visto cintas como “La vida de los otros”, “Babel”, “Pozos de ambición”, “Into the wild”, “The visitor” o “El secreto de sus ojos”. He disfrutado con Polanski, Aronofsky, Woody Allen o los hermanos Coen. He pagado por ver cine argentino, alemán, español o italiano. Como ya ocurriera con los cines Buñuel, primero, y los Goya, después, (y otros muchos que conocí poco, como el Mola, o a los que directamente no tuve la oportunidad de ir, como el Fleta), los films de arte y ensayo ven peligrar su sitio en la capital aragonesa. Ya se están tomando  ciertas medidas con el fin de evitar que este tipo de hechos sigan ocurriendo: UGT Aragón plantea crear una Plataforma en Defensa de la Cultura para proteger a los trabajadores de este tipo de actividades culturales.

Un paso atrás para la cultura

La cadena de cines Renoir España, gestionada por Alta Films, tenía salas en seis puntos del territorio nacional: Madrid, Barcelona, Palma, Zaragoza, Guadalajara y Tenerife. Ofrecían (y seguirán ofreciendo en aquellos puntos en los que sigue habiendo demanda) un cine diferente alejado de los cánones comerciales: películas asiáticas, latinoamericanas, europeas,… y en V.O.S.E. Parece que en los tiempos que corren se prima lo práctico y lo productivo frente a actividades minoritarias. Soy consciente del gran coste que supone pagar una entrada de cine hoy en día, pero no puedo hacer otra cosa que lamentarme.

Lamentación en las redes sociales

Eso sí, siempre recordaré esas estupendas tardes con mi padre, socio desde hace poco del Renoir, en las que, durante una hora y media, nos olvidábamos de todo lo que pasaba en el mundo para disfrutar de lo que yo llamo “verdadero cine”. Aún nos quedan las salas Elíseos o el Aragonia, de gustos más mayoritarios pero con proyecciones en versión original. Sin embargo, perdemos los que considero los mejores cines de la ciudad.

He escrito esta entrada a modo de crónica pero ha terminado por ser una especie de elegía. Gracias por todo. Como diría George Clooney, buenas noches y buena suerte (cinta que curiosamente también vi en los Renoir). Chapó.

Alea iacta est

Una nueva aventura

Llevaba tiempo queriendo hacer un blog donde ir publicando noticias, críticas, reportajes y todo tipo de información relacionada con el cine, mi gran pasión. Aunque me he creado varios blogs a lo largo de mi vida, éste espero que sea el definitivo y en el que escriba, con la regularidad que me sea posible, acerca de todos aquellos temas relacionados con el séptimo arte que me interesen en cada momento. Puede que este post de presentación suene a una declaración de intenciones pero es que, en definitiva, pretende serlo. Sin más dilación, me embarco en esta aventura. A ver que sale de todo esto.