#4) STEVE McQUEEN: THE KING OF COOL

McQueen en “Junior Bonner”

El fin de un mito

La carrera y la vida de McQueen se encontraban estancadas por completo. La taquilla y la crítica le daban la espalda en lo cinematográfico mientras su matrimonio se hundía. En ese punto sin aparente retorno aparecieron Barbra Streisand, Sidney Poitier y Paul Newman, quienes le ofrecieron formar una nueva productora, First Artist Productions, una compañía formada por actores al estilo de la United Artist de Chaplin, Griffith y compañía. Además, Steve se embarcó, en calidad de productor ejecutivo, en la financiación de un documental sobre motociclismo, “On any Sunday”, que funcionó bastante bien en las carteleras. Este “éxito”, que llegó a ser nominado al Óscar, compensó en parte a McQueen por el sonado fracaso de “Las 24 horas de Le Mans”, el film del que más esperaba Steve y uno de los que peor acogida tuvo.

Steve, MacGraw y Peckinpah, los artífices de “La huida”, obra maestra de “encargo”

Sin embargo, aún faltaba un buen tramo por recorrer para volver a llegar a la cima de nuevo. El siguiente paso que dio Steve fue embarcarse en un proyecto sobre un “rey del rodeo” fracasado que iba a dirigir Sam Peckinpah. El siempre polémico director, que a punto estuvo de dirigirle en “El rey del juego”, le brindó una gran oportunidad de lucirse interpretativamente en dicho film, que a la postre se titularía “Junior Bonner”. De hecho, críticos como Carlos Boyero consideran esta cinta como la mejor de Steve, gracias sobre todo a la gran habilidad de Peckinpah a la hora de construir personajes masculinos. Eso sí, el público volvió a darle la espalda a McQueen. Sin desanimarse, Steve volvió a colaborar con Peckinpah en “La huida”, una película cien por cien Peckinpah: tiros, sangre y una mujer de por medio.

Steve daría vida a un ex convicto que tiene que atracar un banco junto a su esposa para devolverle el favor al mafioso local que le sacó de prisión. Eso sí, todo se complicará irremediablemente. La actriz encargada de dar vida a la mujer de Steve fue Ali MacGraw, una estrella en alza gracias al film “Love story”. Además era la mujer de Robert Evans, mandamás de la Paramount. Tiempo le faltó a Steve para conquistarla, sobre todo sabiendo que estaba casada. Motivación añadida. Frases como “Ali tiene el mejor culo que he visto nunca” muestran el interés que Steve tuvo en la actriz. MacGraw contaba que “quedó impresionada la primera vez que vio a McQueen en Bullitt”. El romance saltó en seguida a los tabloides y el resto es historia. Ali se divorció el 7 de junio de 1973, casándose con Steve, libre y sin compromiso tras haber dejado a Neile, el 12 de julio. El resto del rodaje tampoco resultó fácil, con botellas volando por doquier y amenazas de la Mafia. “La huida”, una obra maestra en toda regla, se benefició de los chismorreos de la prensa rosa y acabó convirtiéndose en un éxito rotundo, de los mayores taquillazos de Steve. Volvía  a estar en la cresta de la ola.

McQueen como Henri Charriere “Papillon”, quizá la mejor interpretación de su carrera

El siguiente paso de McQueen no pudo ser más acertado, aceptando la propuesta de interpretar a Henri Charriere, un convicto francés encerrado en la Guayana, en la cinta “Papillon”, basada en la obra autobiográfica del mismo nombre. Steve era el actor mejor pagado del mundo, pero aún así se sentía inseguro. No iba a dejarse pisar por nadie. Dustin Hoffman, su compañero de reparto, le provocaba desconfianza. Steve no entendía cómo un tipo tan enclenque como Hoffman podía haberse convertido en una estrella internacional gracias a “El graduado”. No tardaron en saltar chispas en el rodaje, sobre todo cuando McQueen expulsó a unos amigos de Dustin del set. A modo de curiosidad, cabe destacar que las primeras escenas están rodadas en Hondarribia, Euskadi.

“Papillon” resultó un éxito rotundo, recaudando 53 millones sólo en Estados Unidos, siendo nominada a un Óscar (Jerry Goldsmith por la banda sonora) y aupando a sus protagonistas a la cumbre absoluta. El único pero es que Charriere, quien visitó el rodaje, no pudo contemplar la adaptación cinematográfica de su vida al morir poco antes de estrenarse el film. Steve no fue considerado para el Óscar (las malas lenguas dicen que por el escándalo MacGraw), pero sin duda alguna nos encontramos ante la mejor interpretación de su carrera. Lo reconoció hasta Hoffman.

A pesar de que el éxito le sonreía a Steve, su vida privada volvía a ser un desastre. Las peleas (físicas incluidas) con Ali eran frecuentes, con algunos días en los que ni siquiera se hablaban. McQueen había caído en el alcohol y en las drogas, empezando a engordar de forma increíble. Steve era un chico tosco, de la calle, mientras que Ali era una mujer culta y refinada. No había por donde coger a la pareja. Además, Steve obligó a MacGraw a dejar su carrera por él, obligándole a relacionarse sólo con sus amigos. Podríamos decir que Steve mató a Ali. Por el contrario, McQueen era un padre de matrícula, por lo que solían decir sus hijos y amigos. No trataba nada bien a las mujeres (se negó pagarle un aborto a su novia de los 50’s), pero sus hijos, Chad y Terry, eran lo máximo para él. Eso sí, su relación con ellos siempre resultó muy peculiar. Por poner un ejemplo, Chad compartía el jacuzzi con su padre y un grupo de modelos cuando tenía 17 años, mientras bebían cerveza y fumaban marihuana.

McQueen y Newman, máximos rivales, compartiendo cartel en “El coloso en llamas”

En 1974, el estrellato de McQueen llegó a su cénit. Ese mismo año protagonizó junto a Paul Newman, su rival de toda la vida, “El coloso en llamas”, cinta del popular “género de catástrofes”. El film recaudó 116 millones de dólares en todo el mundo, convirtiéndose en la cinta más taquillera de Steve, quien consiguió aparecer primero en los títulos de crédito. Lo había conseguido, había superado a Newman, por lo menos en lo que a popularidad se refiere. Toda una carrera, que había comenzado como extra a la sombra de Paul en “Marcado por el odio”, daba sus frutos. A partir de este momento, Steve se relajó, se dejó llevar. Ya no le quedaba nada más por hacer en la vida. Se centró en su familia, los coches y los vicios.

Un irreconocible McQueen en “Un enemigo del pueblo”

Sin embargo, la First Artist le reclamaba dos películas más. La primera de ellas, “Un enemigo del pueblo”, era una versión muy arriesgada de la obra de Henrik Ibsen del siglo XIX. El film era únicamente diálogo, en un intento de Steve por demostrarles a todos que no sólo era bueno en cintas de acción. Su actuación fue muy loable, siendo admirada por varios críticos. Sin embargo, el film desapareció de las carteleras en una sola semana. Hoy en día sigue sin estar editada en DVD. Un fracaso rotundo, pero a Steve le daba igual. Había demostrado lo que quería. La siguiente película que le debía al estudio fue “Tom Horn”, un western crepuscular en el que hizo de todo: actuar, producir, elegir las localizaciones,..  A punto estuvo de dirigirla, pero la Directors Guild se lo impidió. Aunque no fue un gran éxito, su amigo James Coburn reconoció que “Tom Horn fue su mejor película”. “Si Steve crece algún día será un buen actor. Y al final lo afrontó. Comprendió algo sobre sí mismo, y también sobre la muerte, porque creo que él sabía que se estaba muriendo” añadió Coburn. Y era verdad.

Un tocado Steve McQueen en su última intervención cinematográfica: “Cazador a sueldo”

En 1979 le diagnosticaron un cáncer de pulmón a Steve. El amianto de la Marina, de los coches, el tabaco, la marihuana,… todo sumaba. Durante el rodaje de “La huida” tuvieron que parar la producción porque Steve tenía pólipos en la garganta. En “El coloso en llamas” también se le ve cansado. Llegó a caminar con bastón, dejarse el pelo largo y dejar de hacer deporte. Sus días estaban contados. Tras dejar a Ali, McQueen pasó sus últimos meses junto a una modelo, Barbara Minty, que vio en la “Vogue”. Se casaron poco después de conocerse. “Ella realmente le amaba”, llegó a decir Chad. Puede que Steve también. McQueen le dijo a Barbara que “si quería pasar un mes genial y luego morir o intentar curarse”. Su mujer eligió lo segundo. Steve, asustado, acudió al ortodoncista William D. Kelley, repudiado médico afincado en México. Durante sus últimos días llegó a pesar poco más de cuarenta kilos, acompañado por un dolor inaguantable. Su último film, rodado antes de que se complicara su delicada salud, “Cazador a sueldo”, fue su último suspiro en el cine. McQueen se encontraba desubicado, se sentía parte del pasado. La película pasó sin pena ni gloria por las pantallas, pero Steve tenía otras preocupaciones. En sus últimos meses de vida abrazó la religión. Su luz se apagó definitivamente el 7 de noviembre de 1980 en Ciudad Juárez, México, a la temprana edad de 50 años. Dicen que sus últimas palabras fueron en castellano. Puras conjeturas.

Steve con el último amor de su vida, Barbara Minty

 Lo importante es su legado, su leyenda. Aún no ha nacido un actor como McQueen. El hombre que se alegró por la muerte de James Dean (un competidor menos) fue único. Vivió de forma intensa, deprisa, y dejó huella. Más allá de su desastrosa vida privada o sus censurables vicios, Steve terminó siendo el icono de toda una generación. El salto en moto en “La gran evasión”, la persecución de “Bullitt”, la partida final de “El rey del juego”, su porte en “La huida”, su esfuerzo interpretativo en “Papillon”,…  Siempre nos quedará el McQueen del celuloide, y no lo digo porque sea mi actor favorito, pero ver a Steve en pantalla siempre es un privilegio.

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