SAN SEBASTIÁN, una ciudad de CINE

Este año el Festival de cine de San Sebastián (Donostiako Zinemaldia), uno de los más importantes del mundo, cumple su 60º edición. Un aniversario tan especial era merecedor de un análisis a la altura. Comencemos:

60º Edición del Festival de Cine de San Sebastián

Dicho evento cinematográfico nació el 21 de septiembre de 1953 por iniciativa de unos comerciantes locales que pretendían alargar la temporada estival hasta finales de septiembre. Tomando como ejemplo los festivales de Venecia (el primero en crearse, concretamente en 1932), Cannes y Berlín, no se les ocurrió mejor idea que la de crear una “Semana Internacional del Cine”. Poco a poco fue ganado en popularidad hasta alcanzar la calificación “B” otorgada por la Federación Internacional de Asociaciones de Productores de Films (FIAPF) ya en su segunda edición. Sólo un año después, en 1955, recibió la calificación de festival competitivo, pudiendo otorgar premios (el primero fue entregado a la cinta italiana “Giorni D’Amore” de Giuseppe de Santis). De esta forma nació el premio a la mejor película o actual Concha de Oro (que entonces era de Plata). En 1957 el festival donostiarra recibió por fin la calificación “A” (la máxima que puede otorgar la FIAPF, pasando a ser su máximo galardón de plata a oro).  Así, la primera ganadora oficial fue “La nonna sabella” de Dino Risi (Italia). Sin embargo, el festival de Donostia no siempre ha conseguido mantener este estatus, perdiendo varias veces la calificación, especialmente en 1980, momento en el que su imagen comenzaba a deteriorarse entre los habitantes de la ciudad.

El cartel de la edición 49º del festival. Un homenaje a “Centauros del desierto”

Durante las primeras ediciones del festival, el gran problema que tuvieron que sortear los organizadores fue el de la elección de las películas que irían a concurso. Al ser un evento de clase “A”, en San Sebastián no podían visionarse films ya estrenados en los festivales anteriores (Berlín, Cannes y Venecia), de ahí que sufriera constantes altibajos. Dicho conflicto se ha mantenido hasta nuestros días. De hecho, la competencia del resto de festivales fue una de las causas del declive de San Sebastián en los 80’s. Aunque los donostiarras recuperaron su “estrella perdida” en 1985, y parece ser que de forma definitiva (aún con todo la FIAPF ha anunciado cambios a la hora de calificar los festivales), le seguía faltando algo a esa “antigua fiesta del cine”. La muerte de Franco, uno de los grandes interesados en que Donostia tuviese un festival de renombre, fue otra de las causas que explican su citado declive. El público demandaba un festival más popular y menos elitista, además de reclamar una mayor demanda de estrellas. Aunque las películas proyectadas poseían una gran calidad, el hecho de no haber apenas artistas famosos le restaba cierta importancia a San Sebastiáncomo foco cinematográfico.

Un joven Travolta admira la playa de la Concha

Una de las ideas que se propusieron para voltear la situación fue la construcción de un cine de verano en la playa de Ondarreta, únicamente durante la duración del festival. Tras el gran éxito recibido, los organizadores se empeñaron en construir una sala gigante en el velódromo de Anoeta con un aforo para más de 8000 espectadores. El resultado tuvo una acogida increíble. En 1986, para rizar el rizo, se proyectó un maratón cinematográfico en dicho lugar, con la presencia de artistas de la talla de Oliver Stone. De esta forma se consagró el velódromo. El ambiente era tan increíble que hasta Danny Boyle se quedó de piedra al presentar su film “Trainspotting”. Hoy en día la visita al velódromo es obligada si se acude al festival, especialmente el día de la clausura.

“El peine del viento”, imagen emblemática de la ciudad

La falta de estrellas se solventó de la mejor manera posible: los organizadores decidieron crear un nuevo galardón que premiaría la aportación al cine de todo artista que se lo mereciera. Así nació el premio Donostia. El primero en recibirlo fue Gregory Peck en 1986, aunque tardó en aceptarlo. Peck, muy celoso de su “estrellato”, se informó de los anteriores ganadores de la estatuilla (ninguno, obviamente) para sopesar si el premio valía la pena o no. Tras Peck, el galardón fue a parar a manos de Glenn Ford, Vittorio Gassman y Bette Davies. Davies, con 81 años a sus espaldas, apareció fumando en el escenario del Teatro Victoria Eugenia como si de una adolescente se tratara. Murió 15 días después. Este hecho hizo que comenzase a correr el rumor de que el premio Donostia estaba maldito. Los organizadores, tras otorgárselo posteriormente a Claudette Colbert, Anthony Perkins, Lauren Bacall y Robert Mitchum (personas de una edad muy avanzada y que no tardaron en fallecer), decidieron reconocer la carrera de artistas consagrados pero más jóvenes. Susan Sarandon fue la elegida para “representar” el cambio. En su discurso de agradecimiento llegó a bromear sobre el tema.

Glenn Close con su particular premio Donostia

Al Pacino, Michael Douglas, Jeremy Irons, Jeanne Moreau, Anthony Hopkins, John Malkovich, Fernando Fernán-Gómez, Vanessa Redgrave, Anjelica Huston, Michael Caine, Robert De Niro, Francisco Rabal, Warren Beatty, Julie Andrews, Jessica Lange, Bob Hoskins, Dennis Hopper, Isabelle Huppert, Sean Penn, Robert Duvall, Woody Allen, Annette Bening, Jeff Bridges, Ben Gazzara, Willem Dafoe, Max Von Sydow, Matt Dillon, Richard Gere, Liv Ullman, Meryl Streep, Antonio Banderas, Ian McKellen, Julia Roberts, Glenn Close y, ya en 2012, Oliver Stone, Travolta, Ewan McGregor, Tommy Lee Jones y Dustin Hoffman, han sido algunos otros galardonados. Algunos de ellos, como De Niro, fueron difíciles de convencer, y otros como Jessica Lange tuvieron que esperar varios años para poder levantar el premio Donostia. ¿La razón? La celebración del festival coincidía con la entrada al colegio de los hijos de Lange, algo que no estaba dispuesta a perderse. Los organizadores tuvieron que aguardar a que crecieran.

Bette Davis recibiendo el premio Donostia con 81 años en una de las imágenes más recordadas del festival

Films como “Vértigo”, “Los vikingos”, “Con la muerte en los talones”, “Star Wars”, “El honor de los Prizzi”, “Tiburón”, “El resplandor”, “Alien” o “Muerte entre las flores” han sido estrenados en el festival, lo que nos puede dar una idea de su magnitud. Los productores de las películas escogen de entre los festivales más importantes aquel en el que esperan lograr una mayor repercusión, y San Sebastián, afortunadamente, suele recibir una buena cosecha de cintas.  La elección también depende del estilo imperante en cada uno de ellos. Donostia, con un espíritu innovador, de vanguardia, suele atraer a producciones interesantes. Cineastas como Pedro Almodóvar, con la cinta “Pepi, Luci y Bom y otras chicas del montón”, o Francis Ford Coppola, con “Llueve mi corazón” (Concha de Oro), han sido descubiertos al mundo en la capital guipuzcoana.

Coppola recibiendo su primera Concha de Oro

Eso sí, también se han producido fallos flagrantes en el palmarés de varias ediciones. En 1958, por ejemplo, la polaca “Eva quiere dormir”, hoy olvidada, se alzó con la Concha, mientras que “Vértigo”, de Hitchcock, se fue de vacío. En 1959 “Historia de una monja” de Fred Zinnemann dejó en la cuneta a “Con la muerte en los talones”, mientras que en 1963 la italiana “Mafioso” pasó por encima de “Días de vino y rosas”, con Jack Lemmon a la cabeza. Son fallos inexplicables, pero que quedan compensados por los numerosos descubrimientos del festival. En 1964 Elia Kazan se proclamó vencedor con su “América, América”, y en 1974 el festival encumbró a la ópera prima de Terrence Malick “Malas tierras”.

Homenaje a Hitchcock en la 53º edición del festival

Sin embargo, el festival no sólo posee la Sección Oficial (en la que compiten 15 películas aproximadamente), si no que está dotado de una programación muy rica. La sección “Nuevos directores”, destinada a la proyección de la primera o la segunda obra de realizadores del todo el mundo, se ha erigido como una de las iniciativas más importantes del festival al haber descubierto a interesantísimos cineastas a lo largo de su historia. Los mencionados Almodóvar o Coppola se ganaron un nombre por primera vez en este festival, además de muchos otros, como Montxo Armendáriz con su ópera prima “Tasio” o Juanma Bajo Ulloa. El jurado de “Nuevos directores”, a diferencia de lo que ocurre en la Sección Oficial, compuesta por artistas consagrados, está formado por especialistas no conocidos.

Cartel promocionando la sección de Zabaltegi

En 1985 se inauguró una nueva sección, Zabaltegi (“lugar abierto” en euskera). Se trata de un gran “cajón de sastre” que incluye diversos espacios. Uno de ellos es el de Nuevas perlas (fuera de concurso pero galardonado con el significativo “Premio del Público”), donde se estrenan films ya vistos en otros festivales o realizados por los miembros del jurado de cada edición (si se da la coincidencia de que ese año han realizado algún trabajo). La cinta que tuvo el honor de inaugurar por primera vez Zabaltegi fue “La rosa púrpura del Cairo” de Woody Allen, y así hasta nuestros días. El brasileño Walter Salles se pasó por San Sebastián para mostrar al público “Estación central de Brasil” en 1988, mientras que el mexicano Alejandro González Iñárritu presentó en el 2006 “Babel”. Zabaltegi, además de combinar con gran acierto el trabajo de cineastas consagrados y noveles, permite una mayor afluencia de caras conocidas, lo que la convierte en la sección más dinámica, alternativa y cercana al público.

Spielberg hablando para la “Cadena SER” en Donostia

Otra de las secciones con mayor número de adeptos es la dedicada a las “Retrospectivas”. Durante los 70’s se presentaba la obra completa del presidente del jurado (Nicholas Ray, Howard Hawks, Fritz Lang,..). Al poco tiempo se decidió mostrar la filmografía de autores no conocidos por el gran público y que actualmente han adquirido el estatus que se merecen (William Wellman, Todd Browning,…). Con motivo de algunas retrospectivas se han visto por el festival  caras tan conocidas como las de Bette Davies, la familia del citado Wellamn (primer director oscarizado de la historia), Imperio Argentina o Mickey Rooney, que desgraciadamente se encontró en  Donostia con Lana Turner, con quien mantuvo litigios amorosos durante su juventud. El festival, con muy buen criterio, se dio cuenta de que aún había mucho que descubrir en el pasado.

El siempre rebelde Sean Penn, galardonado con el premio Donostia

Las retrospectivas, sin embargo, no sólo se centran en el cine clásico, sino que también muestran la obra de autores modernos, en activo, como Bernardo Bertolucci. El realizador italiano ha sido uno de los grandes apoyos de San Sebastián, acudiendo a la ciudad guipuzcoana siempre que ha podido, incluso durante su etapa de declive. De hecho, Bertolucci presentó en el festival un adelanto de “El último emperador” en compensación por haber rechazado en una ocasión ser presidente de la Sección Oficial. Peter Bogdanovich o Terry Gilliam han sido otros de los realizadores que han visto cómo San Sebastián les dedicaba una retrospectiva. Gilliam, de hecho, se presentó en la ciudad vasca encontrándose allí con Johnny Depp y Benicio Del Toro, dos de sus actores fetiche, para sorpresa propia y del público. Kieslowski, quien tuvo que sortear la censura polaca para poder presentar algunos films, también acudió al festival. El primer español en recibir el honor de figurar en una retrospectiva fue Eloy de la Iglesia, aunque su paso por Donostia fue de lo más accidentado.

San Sebastián, un destino muy recomendable

Otra sección del festival es la dedicada al cine sudamericano bajo el nombre de “Horizontes latinos”. San Sebastián siempre se ha considerado, cinematográficamente hablando, un puente entre Europa y América. Esto se debe, en gran parte, a la labor de Luis Buñuel, uno de los más grandes cineastas de nuestro país que tuvo que marchar exiliado a México por culpa del franquismo. El director aragonés ha sido homenajeado varias veces a lo largo de la historia del festival, especialmente en 1977, año en el que recibió una Concha de Oro honorífica (con tamborrada de Calanda, su pueblo natal, incluida). Esta conexión hispana se pone de manifiesto asimismo a la hora de elegir los jurados de cada edición. Mario Vargas Llosa fue presidente del mismo, al igual que Miguel Ángel Asturias (miembro del jurado sólo un año después de recibir el premio Nobel). También cabe remarcar que “Horizontes latinos” contiene la sección “En construcción”, espacio donde se presentan films inacabados en busca de financiación.

Al Pacino acompañado por Pedro Almodóvar en el festival

El resto de secciones presentes en el festival son las siguientes: Culinary Zinema, cine y Gastronomía, Made in Spain (donde se estrena lo más laureado de la producción nacional del último año), Zinemira (espacio en el que se muestran películas producidas en Euskadi, apoyando así la creación cinematográfica en la autonomía), Cine infantil (con proyecciones para los más pequeños en euskera o castellano), Galas TVE, Galas ETB y Gran premio FIPRESCI, sin olvidar los films más populares del mítico velódromo de Anoeta.

Con motivo de la celebración del festival, se organizan en San Sebastián ciertos eventos paralelos al mismo, tales como los “Encuentros Internacionales de Escuelas de Cine” (intercambio de ideas entre estudiantes de cine latinoamericanos y españoles), “The Industry Film” (espacio propicio para cerrar acuerdos de financiación o producción de películas) o las diversas fiestas que se llevan a cabo en el Hotel María Cristina, el Palacio de Ayete o la bahía de la Concha.

 Las sedes del festival son el Kursaal, (donde se presentan los films a concurso, además de celebrarse las galas de inauguración, clausura y entrega de premios), el Teatro Victoria Eugenia (principal sede hasta la apertura del Kursaal en 1999), el Teatro Principal, los Cines Príncipe y el mítico Hotel María Cristina, lugar de descanso para las estrellas.

En definitiva, el Festival de cine de San Sebastián ha sido, es y seguirá siendo uno de los eventos cinematográficos más importantes, no sólo a nivel español sino a una escala internacional. Siendo uno de los únicos 7 festivales europeos y 13 mundiales que conserva la categoría “A” de la FIAPF, su visita es casi obligada para los amantes del séptimo arte, que encontrarán ofertas para todos los gustos. Además, San Sebastián ofrece un entorno idílico que deslumbrará a propios y extraños. Eskerrik asko eta arratsalde on.

#4) STEVE McQUEEN: THE KING OF COOL

McQueen en “Junior Bonner”

El fin de un mito

La carrera y la vida de McQueen se encontraban estancadas por completo. La taquilla y la crítica le daban la espalda en lo cinematográfico mientras su matrimonio se hundía. En ese punto sin aparente retorno aparecieron Barbra Streisand, Sidney Poitier y Paul Newman, quienes le ofrecieron formar una nueva productora, First Artist Productions, una compañía formada por actores al estilo de la United Artist de Chaplin, Griffith y compañía. Además, Steve se embarcó, en calidad de productor ejecutivo, en la financiación de un documental sobre motociclismo, “On any Sunday”, que funcionó bastante bien en las carteleras. Este “éxito”, que llegó a ser nominado al Óscar, compensó en parte a McQueen por el sonado fracaso de “Las 24 horas de Le Mans”, el film del que más esperaba Steve y uno de los que peor acogida tuvo.

Steve, MacGraw y Peckinpah, los artífices de “La huida”, obra maestra de “encargo”

Sin embargo, aún faltaba un buen tramo por recorrer para volver a llegar a la cima de nuevo. El siguiente paso que dio Steve fue embarcarse en un proyecto sobre un “rey del rodeo” fracasado que iba a dirigir Sam Peckinpah. El siempre polémico director, que a punto estuvo de dirigirle en “El rey del juego”, le brindó una gran oportunidad de lucirse interpretativamente en dicho film, que a la postre se titularía “Junior Bonner”. De hecho, críticos como Carlos Boyero consideran esta cinta como la mejor de Steve, gracias sobre todo a la gran habilidad de Peckinpah a la hora de construir personajes masculinos. Eso sí, el público volvió a darle la espalda a McQueen. Sin desanimarse, Steve volvió a colaborar con Peckinpah en “La huida”, una película cien por cien Peckinpah: tiros, sangre y una mujer de por medio.

Steve daría vida a un ex convicto que tiene que atracar un banco junto a su esposa para devolverle el favor al mafioso local que le sacó de prisión. Eso sí, todo se complicará irremediablemente. La actriz encargada de dar vida a la mujer de Steve fue Ali MacGraw, una estrella en alza gracias al film “Love story”. Además era la mujer de Robert Evans, mandamás de la Paramount. Tiempo le faltó a Steve para conquistarla, sobre todo sabiendo que estaba casada. Motivación añadida. Frases como “Ali tiene el mejor culo que he visto nunca” muestran el interés que Steve tuvo en la actriz. MacGraw contaba que “quedó impresionada la primera vez que vio a McQueen en Bullitt”. El romance saltó en seguida a los tabloides y el resto es historia. Ali se divorció el 7 de junio de 1973, casándose con Steve, libre y sin compromiso tras haber dejado a Neile, el 12 de julio. El resto del rodaje tampoco resultó fácil, con botellas volando por doquier y amenazas de la Mafia. “La huida”, una obra maestra en toda regla, se benefició de los chismorreos de la prensa rosa y acabó convirtiéndose en un éxito rotundo, de los mayores taquillazos de Steve. Volvía  a estar en la cresta de la ola.

McQueen como Henri Charriere “Papillon”, quizá la mejor interpretación de su carrera

El siguiente paso de McQueen no pudo ser más acertado, aceptando la propuesta de interpretar a Henri Charriere, un convicto francés encerrado en la Guayana, en la cinta “Papillon”, basada en la obra autobiográfica del mismo nombre. Steve era el actor mejor pagado del mundo, pero aún así se sentía inseguro. No iba a dejarse pisar por nadie. Dustin Hoffman, su compañero de reparto, le provocaba desconfianza. Steve no entendía cómo un tipo tan enclenque como Hoffman podía haberse convertido en una estrella internacional gracias a “El graduado”. No tardaron en saltar chispas en el rodaje, sobre todo cuando McQueen expulsó a unos amigos de Dustin del set. A modo de curiosidad, cabe destacar que las primeras escenas están rodadas en Hondarribia, Euskadi.

“Papillon” resultó un éxito rotundo, recaudando 53 millones sólo en Estados Unidos, siendo nominada a un Óscar (Jerry Goldsmith por la banda sonora) y aupando a sus protagonistas a la cumbre absoluta. El único pero es que Charriere, quien visitó el rodaje, no pudo contemplar la adaptación cinematográfica de su vida al morir poco antes de estrenarse el film. Steve no fue considerado para el Óscar (las malas lenguas dicen que por el escándalo MacGraw), pero sin duda alguna nos encontramos ante la mejor interpretación de su carrera. Lo reconoció hasta Hoffman.

A pesar de que el éxito le sonreía a Steve, su vida privada volvía a ser un desastre. Las peleas (físicas incluidas) con Ali eran frecuentes, con algunos días en los que ni siquiera se hablaban. McQueen había caído en el alcohol y en las drogas, empezando a engordar de forma increíble. Steve era un chico tosco, de la calle, mientras que Ali era una mujer culta y refinada. No había por donde coger a la pareja. Además, Steve obligó a MacGraw a dejar su carrera por él, obligándole a relacionarse sólo con sus amigos. Podríamos decir que Steve mató a Ali. Por el contrario, McQueen era un padre de matrícula, por lo que solían decir sus hijos y amigos. No trataba nada bien a las mujeres (se negó pagarle un aborto a su novia de los 50’s), pero sus hijos, Chad y Terry, eran lo máximo para él. Eso sí, su relación con ellos siempre resultó muy peculiar. Por poner un ejemplo, Chad compartía el jacuzzi con su padre y un grupo de modelos cuando tenía 17 años, mientras bebían cerveza y fumaban marihuana.

McQueen y Newman, máximos rivales, compartiendo cartel en “El coloso en llamas”

En 1974, el estrellato de McQueen llegó a su cénit. Ese mismo año protagonizó junto a Paul Newman, su rival de toda la vida, “El coloso en llamas”, cinta del popular “género de catástrofes”. El film recaudó 116 millones de dólares en todo el mundo, convirtiéndose en la cinta más taquillera de Steve, quien consiguió aparecer primero en los títulos de crédito. Lo había conseguido, había superado a Newman, por lo menos en lo que a popularidad se refiere. Toda una carrera, que había comenzado como extra a la sombra de Paul en “Marcado por el odio”, daba sus frutos. A partir de este momento, Steve se relajó, se dejó llevar. Ya no le quedaba nada más por hacer en la vida. Se centró en su familia, los coches y los vicios.

Un irreconocible McQueen en “Un enemigo del pueblo”

Sin embargo, la First Artist le reclamaba dos películas más. La primera de ellas, “Un enemigo del pueblo”, era una versión muy arriesgada de la obra de Henrik Ibsen del siglo XIX. El film era únicamente diálogo, en un intento de Steve por demostrarles a todos que no sólo era bueno en cintas de acción. Su actuación fue muy loable, siendo admirada por varios críticos. Sin embargo, el film desapareció de las carteleras en una sola semana. Hoy en día sigue sin estar editada en DVD. Un fracaso rotundo, pero a Steve le daba igual. Había demostrado lo que quería. La siguiente película que le debía al estudio fue “Tom Horn”, un western crepuscular en el que hizo de todo: actuar, producir, elegir las localizaciones,..  A punto estuvo de dirigirla, pero la Directors Guild se lo impidió. Aunque no fue un gran éxito, su amigo James Coburn reconoció que “Tom Horn fue su mejor película”. “Si Steve crece algún día será un buen actor. Y al final lo afrontó. Comprendió algo sobre sí mismo, y también sobre la muerte, porque creo que él sabía que se estaba muriendo” añadió Coburn. Y era verdad.

Un tocado Steve McQueen en su última intervención cinematográfica: “Cazador a sueldo”

En 1979 le diagnosticaron un cáncer de pulmón a Steve. El amianto de la Marina, de los coches, el tabaco, la marihuana,… todo sumaba. Durante el rodaje de “La huida” tuvieron que parar la producción porque Steve tenía pólipos en la garganta. En “El coloso en llamas” también se le ve cansado. Llegó a caminar con bastón, dejarse el pelo largo y dejar de hacer deporte. Sus días estaban contados. Tras dejar a Ali, McQueen pasó sus últimos meses junto a una modelo, Barbara Minty, que vio en la “Vogue”. Se casaron poco después de conocerse. “Ella realmente le amaba”, llegó a decir Chad. Puede que Steve también. McQueen le dijo a Barbara que “si quería pasar un mes genial y luego morir o intentar curarse”. Su mujer eligió lo segundo. Steve, asustado, acudió al ortodoncista William D. Kelley, repudiado médico afincado en México. Durante sus últimos días llegó a pesar poco más de cuarenta kilos, acompañado por un dolor inaguantable. Su último film, rodado antes de que se complicara su delicada salud, “Cazador a sueldo”, fue su último suspiro en el cine. McQueen se encontraba desubicado, se sentía parte del pasado. La película pasó sin pena ni gloria por las pantallas, pero Steve tenía otras preocupaciones. En sus últimos meses de vida abrazó la religión. Su luz se apagó definitivamente el 7 de noviembre de 1980 en Ciudad Juárez, México, a la temprana edad de 50 años. Dicen que sus últimas palabras fueron en castellano. Puras conjeturas.

Steve con el último amor de su vida, Barbara Minty

 Lo importante es su legado, su leyenda. Aún no ha nacido un actor como McQueen. El hombre que se alegró por la muerte de James Dean (un competidor menos) fue único. Vivió de forma intensa, deprisa, y dejó huella. Más allá de su desastrosa vida privada o sus censurables vicios, Steve terminó siendo el icono de toda una generación. El salto en moto en “La gran evasión”, la persecución de “Bullitt”, la partida final de “El rey del juego”, su porte en “La huida”, su esfuerzo interpretativo en “Papillon”,…  Siempre nos quedará el McQueen del celuloide, y no lo digo porque sea mi actor favorito, pero ver a Steve en pantalla siempre es un privilegio.

#3) STEVE McQUEEN: THE KING OF COOL

El rey de los 60’s: del éxito fulgurante al fracaso de “Las 24 horas de Le Mans”

El siguiente trabajo de McQueen tras el éxito de “El rey del juego” fue el eficaz western “Nevada Smith”, cinta dirigida por el especialista en el género Henry Hathaway. La película, sin llegar a ser una obra redonda, tuvo una buena acogida por parte del público. El film cuenta la historia de Max Sand, un pobre muchacho que recorrerá un largo camino en busca de los asesinos de sus padres (Karl Malden, Martin Landau y Arthur Kennedy). La cinta, narrada en clave de road-movie, se ve lastrada en ciertos momentos por un problema de raíz: McQueen, con 36 años, no da el pego como el joven Max. Sin embargo, el porte y la mirada de Steve contribuyen y mucho a solucionar dicha cuestión.

McQueen fotografiado en la intimidad

En 1966 McQueen ya era considerado una gran estrella, pero le faltaba una cosa: el respeto de los críticos. Todos estaban de acuerdo en que era un intérprete solvente, especialmente en cintas de acción o de vaqueros, pero que carecía de la profundidad dramática de actores como Paul Newman. En realidad el reconocimiento académico no le quitaba el sueño a Steve. Él estaba más preocupado en mejorar cada día como piloto de coches, motos o todo vehículo que funcionase. Su verdadera pasión era la velocidad. De hecho, son numerosas las veces en las que las productoras de cine para las que trabajaba le hacían firmar contratos prohibiéndole correr durante los rodajes, porque lo de Steve no era conducir, si no vivir al límite constantemente. Amigos suyos como el actor Robert Vaughn llegaron a reconocer que el ir en un coche con McQueen era un peligro. “En una ocasión habíamos estado en una carrera en California, en la que la compañía de seguros le había prohibido correr. Después de que sus hormonas hubiesen sido estimuladas, volvimos a casa en un Jaguar descapotable. Estaba lloviendo, pero íbamos tan rápido que ni siquiera nos mojamos. Tuve que sentarme en la mesa de la cocina de su mujer y beberme media botella de whisky en tres segundos para volver a la normalidad” comentó Vaughn. Las carreras de McQueen por el desierto de Mojave eran muy frecuentes, acompañadas por el posterior consumo de marihuana, eso sí. De hecho, Steve acabó inscribiendo a sus dos hijos en carreras de motos, además de atesorar una colección envidiable de automóviles antiguos en su casa. Genio y figura.

“El Yang-Tsé en llamas”, el único film por el que Steve fue nominado al Óscar

A la hora de embarcarse en un nuevo proyecto, Steve se puso serio y aceptó la propuesta de Robert Wise, director de clásicos como “West Side Story” o “Sonrisas y lágrimas”, de irse a rodar a Taiwán una historia ambientada en la convulsa China de comienzos del siglo XX. A fin de cuentas, Wise fue el director que le dio su primera oportunidad en “Marcado por el odio”, aunque fuera en calidad de extra. Esa película acabó llamándose “El Yang-Tsé en llamas”, y el resto es historia. El film, de 182 minutos de duración, terminó siendo una gran epopeya nominada a 9 Óscars, uno de ellos para Steve. No se llevó el gato al agua (en esa edición la estatuilla fue para Paul Scofield por interpretar a Thomas Moro en la cinta “Un hombre para la eternidad”, a la postre la gran vencedora del año) pero por lo menos le dio a Steve el respaldo crítico que le faltaba. Además, en ella interpreta a un mecánico naval de la Armada americana, el ingeniero Jake Holman, gran amante de las máquinas, lo que le venía a Steve como anillo al dedo. Los meses que duró el rodaje en Taiwán se los pasó corriendo en moto y trabando amistad con los especialistas, con lo que no se podía quejar de nada.

McQueen y Dunaway, los dos grandes atractivos de “El caso de Thomas Crown”

Su siguiente trabajo, sin embargo, supuso un cambio radical en su carrera. McQueen era un chico de la calle, abandonado y rebelde, como todos sus personajes. Con el fin de cambiar de registro decidió presentarse ante Norman Jewison, director suyo en “El rey del juego” y pedirle interpretar el personaje principal de la nueva película que tenía entre manos: “El caso de Thomas Crown”. Jewison le llamó loco, al igual que su mujer Neile, ya que el personaje al que aspiraba interpretar Steve, Thomas Crown, era un multimillonario refinado y con estudios. Como dijo Norman, un “Sean Conney”. Steve no tenía ni idea de hablar en público ni de modales, pero su insistencia fue tal que se hizo con el papel.

El multimillonario Thomas Crown, todo lo contrario a Steve

La cinta cuenta la historia del citado multimillonario, quien roba uno de sus propios bancos para estafar al seguro. Los problemas llegarán cuando la agencia de seguros decida enviar a una detective, Faye Dunaway, a investigar lo ocurrido. Los juegos de seducción fuera de la pantalla entre la pareja protagonista son ya conocidos por todos, al igual que en toda producción en la que figurara Steve. Lo peor es que Neile lo sabía, pero soportaba la situación por sus hijos. Como marido, tal y como reconoció la mujer de McQueen, “fue un desastre, pero como padre no había otro mejor que él”. Steve siempre fue un hombre difícil, inseguro de sí mismo, violento y misógino. Sus iras y peleas han pasado ya a la historia, incentivadas quizá por su oscuro pasado.

“El caso de Thomas Crown”, con sus innovadores títulos de crédito iniciales en los que se hace uso de la multipantalla (Jewison los observó por primera vez en un festival en Canadá), escenas como la sensual partida de ajedrez o la memorable canción “The windmills of your mind” se convirtió en una nuevo éxito rotundo. De hecho, Steve llegó a ser el actor más popular en un mercado tan complicado como el asiático. Este taquillazo le permitió formar su propia productora, Solar Productions. El primer proyecto de la misma, respaldado por la Warner, fue “Bullitt”, magistral cinta policíaca que inauguró una moda por el género con miles de imitaciones baratas y obras tan loables como “French Connection” o “Harry el sucio” (películas que McQueen rechazó para no quedar encasillado en el género).

McQueen y Bisset, compañeros de reparto en “Bullitt”

El film es un ejercicio de estilo increíble, que atrapa al espectador de principio a fin. Ciertos críticos tratan de desprestigiar la cinta argumentando que posee una trama muy confusa y que lo único potable del film es la archiconocida carrera de coches por las calles de San Francisco, algo que no puede estar más lejos de la realidad. “Bullitt” fue un punto de inflexión en el cine policíaco y en la forma de rodar escenas de acción. Si a eso le sumamos un reparto de lujo con caras como las de Jacqueline Bisset, Robert Vaughn o Don Gordon ya no se puede pedir más.

Mítica imagen de McQueen en “Bullitt”

A modo de curiosidad, cabe recordad que la escena de la persecución no fue rodada por McQueen, si no por Bud Elkins, el famoso especialista de “La gran evasión”. McQueen se enfadó con la productora al enterarse de que se la habían jugado: habían citado a Steve una hora después de que comenzara el rodaje del día para que no tuviera la tentación de montarse en el Mustang y rodar la escena. Elkins ya había bordado su trabajo para cuando McQueen llegó al set. Steve, cuando se percató de la popularidad de la secuencia tras el estreno del film, telefoneó a Elkins diciéndole “ya me lo has vuelto a hacer. Primero en La gran evasión y ahora en Bullitt. Lo peor es que la gente piensa que yo grabé las escenas”.

Eso sí, Steve, fiel a su estilo, no paró de volver locos a todos durante la filmación. Era el actor mejor pagado del momento pero sus exigencias rozaban lo excéntrico: facturas de cuarenta pares de Levi’s, trescientos jerseys, carreras ilegales, consumo abusivo de drogas (peyote, marihuana, cocaína, ácido,…), sexo constante con cualquier mujer,… Más tarde se descubrió que la ropa iba destinada al colegio en el que estuvo internado cuando era un joven problemático, el Boys Republic, pero la forma de jugarse la vida no tenía nada de infundado. Hasta Neile se tuvo que acercar por San Francisco ante los rumores de que su marido volvía a hacer de las suyas con los coches.

“Las 24 horas de Le Mans”, un fracaso que dejó muy tocado a Steve

La carrera de McQueen comenzó a estancarse tras el gran éxito de “Bullitt”. Steve empezó a volverse paranoico tras el asesinato de Sharon Tate, mujer de Polanski, a manos del grupo satánico de Charles Manson. ¿La razón? Steve había sido invitado esa noche a casa de Tate, rechazando la oferta en el último segundo. Empezó a salir por la calle con arma. Para complicar más las cosas, acabó por mandar a la quiebra a Solar Productions tras obsesionarse en rodar la “película definitiva” sobre carreras de coches. “Las 24 horas de Le Mans”, el proyecto que Steve tenía entre manos, debía de rodarse en Francia bajo la dirección de Sturges. Sin embargo, acabó siendo realizada por el desconocido Lee H. Katzin. Sturges se marchó del plató gritando “¡Soy demasiado viejo y demasiado rico para esta mierda!”. La cinta fue un fracaso estrepitoso, lo cual le dolió en el alma a McQueen, gran apasionado del motor. “Los rateros”, película que el actor rodó con anterioridad, también resultó un fiasco a pesar del respaldo crítico.

Además, su relación con Neile se fue a pique. Aunque llevaba años acostándose con muchas mujeres, Steve reventó cuando Neile le confesó (a punta de pistola y tras una paliza, eso sí) que le había engañado con Maximilian Schell. Meses más tarde, Steve la obligó a abortar argumentando que el hijo no era suyo. Su consejera matrimonial le dijo a Neile que pidiese el divorcio o acabaría muerta. La vida y la carrera de McQueen estaban en la cuerda floja.

#2) STEVE McQUEEN: THE KING OF COOL

2) La consagración: de “La gran evasión” a la popularidad absoluta

Steve McQueen estaba en la cresta de la ola. Sólo le quedaba cosechar otro gran éxito para empezar a forjarse un nombre a nivel mundial. Entre 1960 y 1963 rodó tres films más: “Zafarrancho en el casino”, “Comando” y “El amante de la muerte”. El primer film es una comedia ligera en la que Steve planea hacer saltar la banca del casino de Venecia con un súper ordenador de la Marina americana, mientras que las otras dos cintas son dos películas bélicas que pasaron sin pena ni gloria por las pantallas estadounidenses.

McQueen visto por William Claxton

El éxito que McQueen esperaba se llamaba “La gran evasión”, posiblemente su film más popular. Sturges le confió el papel de Virgil Hilts, un prisionero americano que intentará escapar por todos los medios del campo de concentración nazi en el que le han internado. ¿El problema? El personaje de Steve carecía del peso suficiente dentro de la historia. Tras la escena inicial, por poner un ejemplo, Hilts desaparecía de la pantalla durante media hora. McQueen, consciente de su situación, llegó a abandonar el rodaje durante dos semanas, y eso que se encontraban filmando en plena Baviera, Alemania. Steve llegó a llamar a su representante, Stan Kamen, diciéndole que “James Garner controlaba la película. Esta cinta le va a lanzar a él al estrellato, no a mí”. Se llegó a contrata a un guionista más, James Clavell, para que retocara la historia. El rodaje se alargó de los 85 días previstos a doscientos. Sin duda alguna, el momento culmen del film es la carrera en motocicleta en la que McQueen es perseguido por las tropas alemanas en su camino a la Suiza libre. La secuencia, rodada por y a mayor gloria de Steve, no figuraba en el guión inicial. Una nueva concesión a la estrella de la película. Sin embargo, cabe recordar que el memorable salto que Hilts realiza con la moto no fue realizado por McQueen, si no por un especialista en escenas de acción y amigo de Steve, Bud Elkins, que viajó desde California a Múnich exclusivamente para rodar la citada toma. Bud declaró años después que aquel trabajo le “hizo famoso, no rico. Era la primera película que hacía y para mí significó el principio de una carrera. El día en que rodamos el salto estábamos McQueen, el de los efectos especiales, un piloto de motocross australiano y yo”.

“Esos rumores de que McQueen intentó hacer el salto él mismo son falsos. Él hizo de peón, se pasó el día cavando en la ladera de la montaña para hacerme una rampa. La escena de la moto fue enteramente idea de Steve, era una escena totalmente inventada. Pero provocó muchísimas discusiones entre él y el director y los guionistas. La cosa llegó a un punto tal que pensaron en despedirle” añadió. El film recaudó 16 millones de dólares, convirtiendo a Steve en todo un referente mundial. Llegó a ser premiado en el festival de Moscú, en una época en la que el mundo se encontraba totalmente polarizado entre los capitalistas y los comunistas. Para más información sobre “La gran evasión” podéis acceder a este artículo de “Érase una vez el cine” en el que se analiza pormenorizadamente el film.

McQueen y su “acosadora” compañera de reparto, Natalie Wood, en “Amores con un extraño”

Sin embargo, las siguientes cintas de Steve no estuvieron a la altura de las expectativas creadas: “Compañeros de armas y puñetazos”, comedia protagonizada junto a Jackie Gleason, resultó ser una cinta confusa, mientras que “Amores con un extraño” y “La última tentativa”, aunque interesantes, no llegaron a calar entre los espectadores. De todas formas, Neile, la mujer de Steve, llegó a afirmar que el mejor papel de su marido fue el del músico bohemio que deja embarazada a una joven de origen italiano en la citada “Amores con un extraño”. Según ella, mostraba al Steve “vulnerable”. Eso sí, McQueen permaneció impertérrito ante el acoso de su compañera de reparto, Natalie Woods, quien no tenía otra idea en mente que la de llevárselo a la cama. Lo único que detuvo a Steve no fue el hecho de que estuviera casado (eso nunca era un problema para él), sino la amistad que le unía con Robert Wagner, ex marido de Natalie y compañero de reparto de Steve en “El abrazo de la muerte”.

McQueen con Lee Remick en “La última tentativa”

La recuperación de McQueen llegó con “El rey del juego”, cinta ambientada en Nueva Orleans y en la que Steve da vida a “Cincinnati Kid”, un maestro en el arte de jugar al póker que deberá enfrentarse al mejor jugador del mundo, Lancey Howard (Edward G. Robinson). La película iba a ser dirigida en un primer momento por el siempre polémico y violento Sam Peckinpah, pero la productora acabó parándole los pies vistas sus intenciones de darle un “tono más oscuro” a la historia (Peckinpah tenía pensado incluir varis escenas de sexo, además de contratar a Sharon Tate para el film y rodarla en blanco y negro). Finalmente, “El rey del juego” fue dirigido por el siempre eficiente Norman Jewison (“El violinista en el tejado”, “Jesucristo Superstar”,…), Tate fue sustituida por la bella pero psicológicamente inestable Tuesday Weld y Edward G. Robinson entró en el proyecto ante el abandono de Spencer Tracy. McQueen, que recibió veinticinco mil dólares en metálico de la productora para que no abandonase la producción visto el caos dominante en el rodaje, se sentía toda una estrella. El propio Jewison le tuvo recordar varias veces que “a parte de ti hay muchas otras grandes estrellas en el reparto”. Tras normalizarse la situación, McQueen volvió de su momentáneo retiro en Las Vegas (ciudad donde se gastó todo el dinero recibido de la productora en marihuana y mujeres) con el fin de rodar, de una vez por todas, “El rey del juego”. Jewison le prometió que el público le alabaría por este film. Para Steve eso no era suficiente, por lo que la productora tuvo que darle un bonus por haber sido tan paciente y una enorme mesa de billar.

McQueen y Robinson, grandes rivales dentro y fuera del plató

Tras diez meses de parón, se volvió a escuchar “acción” en el plató de “El rey del juego”. Norman Jewison declaró que “Edward G. Robinson tenía la mejor colección de arte de todo Hollywood y hablaba cuatro idiomas”, mientras que “Steve disfrutaba desmontando el motor de su coche”. Eran dos personalidades contrarias, lo cual le iba muy bien al film, ya que eran rivales. “McQueen no era lo que podríamos llamar un hombre generoso. Francamente, era un tacaño. Cuando Steve se iba del set por la noche siempre pedía a alguien cinco pavos para gasolina que nunca volvíamos a ver… Era igual de tacaño como persona que como actor. Tenía ese hábito de mirar al suelo entre tomas. Entonces, a la voz de acción, levantaba los hombros, con esa expresión animal, listo para atacarte. Fascinante” apuntilló Jewison.

McQueen es “El rey del juego”

La cinta resultó todo un éxito. Recaudó más de diez millones de dólares, inaugurando una racha triunfal en la carrera de Steve que le haría figurar como una de las 10 estrellas más taquilleras durante diez años seguidos. Era el primero de cinco éxitos internacionales seguidos. La nota negativa la puso el fallecimiento de su madre por una hemorragia cerebral el día del estreno de “El rey del juego”. McQueen llegó al hospital a la mañana siguiente pero su madre no recuperaría ya la conciencia.

#1) STEVE McQUEEN: THE KING OF COOL

1) Los inicios: de una infancia dura al éxito de “Los siete magníficos”

“Nunca he sabido si McQueen era un gran actor, pero tengo claro que llenaba la pantalla y que yo pagaba por verle”. Esta frase, pronunciada por el crítico de cine Carlos Boyero, se ajusta perfectamente a lo que fue Steve McQueen para el mundo el cine. Un mito, un icono. “The King of Cool”.

Steve McQueen, “The King of Cool”

Nacido Terence Stephen McQueen el 24 de marzo de 1930 en un suburbio de Mineápolis, concretamente en Beech Grove (Indiana, USA), el futuro actor tuvo una infancia marcada por la dureza y el abandono. Huérfano de padre, persona a quien jamás conoció, se crió junto a su alcohólica e inmadura madre. Con tres años se trasladó momentáneamente a Missouri junto a su tío mientras su madre probaba fortuna en Los Angeles. Disléxico y sordo de un oído, McQueen pronto se dio a la delincuencia juvenil. Vista su conducta, a los 14 años fue enviado a un colegio para chicos difíciles, el Junior Boy’s Republic de la localidad de Chino. Se fugó y volvió al reformatorio dos veces. En 1946, con 16 años, volvió a vivir junto a su madre, quien se había comprado un piso con su nuevo novio en Nueva York. La experiencia resultó fallida y Steve acabó por encontrar trabajo como grumete, fugándose finalmente del carguero donde trabajaba cuando atracó en la República Dominicana. Se pasó dos meses ejerciendo de chico de las toallas en un hotel-burdel. Tras conseguir el dinero suficiente para poder pagarse el viaje de vuelta a los Estados Unidos, Steve se pegó todo un año de trabajo en trabajo: obrero en los campos de petróleo de Texas, leñador en Canadá, empleado de una feria ambulante… Finalmente ingresó en el cuerpo de Marines del ejército americano. Su carrera militar duró tres años, tiempo suficiente para cometer todo tipo de tropelías y escándalos. A modo de curiosidad, cabe destacar que la temprana muerte de McQueen (a los 50 años) se debió principalmente al amianto inhalado durante su estancia en el cuerpo.

Steve McQueen, visto por el fotógrafo William Claxton

Tras licenciarse como Marine, Steve se dio unas buenas vacaciones en Myrtle Beach rodeado de mujeres, alcohol y fiesta. Cuando se le acabó el dinero no tuvo otro remedio que volver a Nueva York. McQueen consiguió comprarse un piso en Greenwich Village, pagando el alquiler a base de pequeños trabajos. La futura superestrella no tenía ni agua corriente en casa.  Tras meditar seriamente qué hacer con su vida, Steve, aconsejado por una de sus novias de aquella época, se metió a aprender interpretación en la Neighborhood Playhouse. McQueen se tomó muy en serio el mundillo de la interpretación. Era lo primero que le había importado en su vida. De allí pasó a conseguir una plaza en el Uta Hagen-Herbert Berghof Dramatic School de Manhattan, y finalmente, dio el salto al mítico Actor’s studio. Steve consiguió su primer papel en Broadway en 1956, sustituyendo a Ben Gazzara en la obra a “A Hatful of Rain”. Sin embargo, lo mejor que le pasó a McQueen en aquella época fue conocer a la que sería su primera mujer, Neile Adams, cantante y bailarina en alza. Con ella tendría dos hijos, Chad y Terry. Gracias a Neile Steve conseguiría además a su primer manager, Hillard Elkins, con quien no congenió en un principio.

Steve McQueen en su primer film, “Marcado por el odio”

Tras trasladarse a California y casarse en 1956, Steve consiguió su primer “papel” en el cine: una aparición de apenas unos segundos en la cinta “Marcado por el odio”, protagonizada por la estrella emergente Paul Newman. Desde entonces, la relación entre McQueen y Newman se caracterizó por la competitividad y la envidia. En su primera película, Paul era el protagonista indiscutible y él un mero extra. Se juró a sí mismo que lo acabaría superando. Lo conseguiría dos décadas después en “El coloso en llamas”.

Tras aparecer en la serie “Trackdown” (1958), Steve fue contratado para protagonizar su continuación: “Wanted: Dead or Alive”. Dicho papel le auparía a la popularidad, pero lo que de verdad deseaba McQueen era triunfar en el cine. Tras protagonizar varias cintas de serie B, como “Never love a stranger”, “The Blob” o “Asalto al banco de St. Louis”, el director John Sturges le cambió la vida. Primero le contrató para que interpretase un papel secundario en la película “Cuando hierve la sangre”, film rodado a mayor gloria de Frank Sinatra. La segunda cinta que protagonizó Steve a las órdenes de Sturges fue “Los siete magníficos”, clave en su camino hacia el éxito. Su tercera, “La gran evasión”, lo convertiría ya en una estrella en toda regla.

El western “Los siete magníficos”, remake de la magnífica cinta de Akira Kurosawa “Los siete samuráis”, puede que se trate de una de las películas en las que mejor puede observarse cómo un secundario le roba el protagonismo a la estrella del film. Yul Brynner, actor totalmente consagrado y con un Óscar en el bolsillo, nunca vio con buenos ojos la habilidad que Steve tenía para atraer la atención de la cámara. Era un “roba planos” de libro. Lo mejor es que el resto de actores del reparto se dieron cuenta de las artimañas de Steve y no se les ocurrió mejor idea que imitarle. McQueen sabía que su papel en la película era la gran oportunidad que había esperado todos esos años y no la iba a desaprovechar. De hecho, llegó a fingir un accidente de coche para que la productora Four Stars, quien financiaba la serie “Wanted”,  le diera vía libre.

“Los siete magníficos” con McQueen y Brynner en en centro

Rodada en Cuernavaca, un pueblecito mexicano, el rodaje  de “Los siete magníficos” pronto se convertiría en un campo de batalla. En la escena en la que los siete vaqueros del título tienen que atravesar un riachuelo, con Brynner a la cabeza, Steve se agachó a recoger un poco de agua con el sombrero mientras la cámara le grababa. Charles Bronson, otro intérprete del film, siguió el ejemplo de McQueen y comenzó a desabrocharse la camisa. Brynner se quedó de piedra. Según el director, McQueen se pasó todo el rodaje “cazando moscas”, “moviendo el sombrero” y haciendo todo tipo de trucos con el fin de llamar la atención del espectador. De hecho, se llegó a aislar del resto del reparto. Nada de hacer amigos, había que superarles. Steve se entretuvo durante el rodaje fumando marihuana mexicana, corrigiendo sus diálogos del guión y recibiendo visitas de su mujer.

Steve y Neile

Brynner, al ver que McQueen le comía terreno, intentó atraer la atención sobre su persona quitándose el sombrero en una escena. Su calva consiguió que Steve no le robara ese plano. Sin embargo, McQueen se la devolvió poco después: como Yul era más bajo que Steve, se hizo un montoncito de tierra en una secuencia para elevar su altura. McQueen tenía que dar vueltas a su alrededor mientras decía sus frases. Cada vez que pasaba al lado de Brynner le daba “accidentalmente” una patada al montón de tierra hasta que finalmente consiguió convertirlo en un agujero. Yul llegó a enfadarse tanto por lo ocurrido que ordenó a sus guardaespaldas que vigilaran a Steve. Ya daba igual. McQueen, un chico curtido en la calle y habituado a montar a caballo y utilizar armas de fuego tenía todas las de ganar en una cinta de vaqueros, mientras que Brynner, hombre de ciudad, no se encontraba en su entorno habitual.

McQueen con sus hijos

Para añadir más leña al fuego, la productora United Artists ideó una estrategia para mantener la película en los titulares. Apareció en la prensa un artículo sobre supuestas “diferencias creativas” entre Brynner y McQueen. Eli Wallach, el villano de la película, llegó a afirmar que el rodaje era “una total paranoia mutua”. Yul se enfadó tanto por el artículo que, agarrando a Steve por el hombro, le dijo que “era una estrella consagrada y que no tenía peleas con actores secundarios”. Steve le respondió: “¡Quítame tus asquerosas manos de encima o acabarás en el suelo!”. Como más tarde reconoció Steve, “Yul era un tipo nervioso. Creo que yo representaba una amenaza para él. No monta bien a caballo, y no sabe nada sobre desenfundar y todo eso. Yo sé de caballos. Sé de armas. Yo estaba en mi elemento y él no”. Según el actor James Coburn, “McQueen estaba en su naturaleza. Un niño abandonado siempre lo desafía todo. Y él estaba poniendo a prueba a Yul”.

¿El resultado de todo esto? “Los siete magníficos” pronto se convirtió en un clásico del cine americano, al tiempo que Steve McQueen comenzaba a ser conocido por todo el mundo, y eso que interpretaba un papel secundario. Años después, ciertos compañeros de reparto (Coburn, Bronson y Vaughn) afirmaron que “Steve fue el chico listo de la película. El resto estábamos ocupados odiándole mientras él nos robaba el protagonismo”. “Esa película le convirtió en una estrella porque McQueen le besaba el culo a Sturges, hablaba con él, hacía las cosas a su modo”, llegó a confesar Phil Parslow, publicista de United Artists. “Steve se hizo más grande que todos los integrantes del cast. Más grande incluso que Brynner, porque Yul solo podía hacer una cosa. Steve podía hacer de todo y salir airoso. Estaba en el camino de convertirse en una mega estrella” añadió.

 Steve McQueen estaba en la brecha: había conseguido su primer gran éxito, y todavía quedaba por llegar “La gran evasión”.